Opinión

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Alberto Rodríguez García

Periodista y fundador 14 Milímetros. Especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo, analiza desde un punto de vista crítico los conflictos que están re-inventando las Relaciones Internacionales en un momento en el que las 'fake news' saturan el panorama informativo. @AlRodriguezGar
Al parecer ofendió más la tinta que la sangre. O tal vez es más fácil odiar las políticas de un país lejano para reconfortarse en las miserias propias.
Siendo un país pequeño con poco más de nueve millones y medio de habitantes, han aprendido a proyectar su poder hasta convertirse en uno de los principales actores de la región.
El lenguaje del odio, los bombardeos con drones sobre civiles, el exterminio de toda una comunidad etno-nacional como objetivo están permitidos, porque Bakú está en 'el lado correcto de la historia'. Porque Bakú está del lado de 'los buenos', con Israel como proveedor, la OTAN como amigo y Europa como cliente de gas y petróleo.
La guerra ha pasado a fase de desgaste donde los drones y la artillería están siendo determinantes para desatar el infierno y los peores horrores entre los soldados de ambos bandos. Una guerra sucia donde ninguno sabe de dónde llegará el proyectil o la metralla que lo mate.
Si bien las películas y los videojuegos siguen siendo una piedra angular de la propaganda, las redes sociales –y twitter más que ninguna otra– se han ganado un lugar más que merecido entre los grandes de la guerra informativa. Mensajes cortos, directos, globales y que revisan la historia sin consecuencias de ningún tipo. Twitter se ha convertido en una herramienta perfecta para –poco a poco– moldear la opinión pública, tanto dentro como fuera de casa… y Arabia Saudí lo sabe muy bien.
Ejercer el terrorismo no solo es poner bombas en nombre de un Dios o una ideología. Ejercer el terrorismo también son las detenciones aleatorias, las torturas en centros clandestinos, los crímenes de lesa humanidad contra población civil en ocasiones por puro entretenimiento.
La causa palestina languidece a medida que se consolida la entidad sionista con ambiciones depredadoras.
El expansionismo del turco, que innegablemente apuesta con un all-in por sus intereses, se traduce en una diplomacia agresiva, de tono violento, más belicista que nunca, para desviar la atención de una economía a la baja.
El veredicto no ha gustado, y es que "no hay evidencia de que la cúpula de Hezbolá estuviese involucrada de cualquier modo en el asesinato de Hariri (…) como tampoco hay evidencia directa que involucre a Siria"
Erdogan ha decidido terminar de incendiar el Mediterráneo Oriental provocando una grave escalada de tensión con Grecia el enviar un barco de exploración sísmica para encontrar yacimientos de gas, acompañado de buques de guerra, entre Creta y Chipre, al sur de las costas de Kastelórizo.
Ahora que la población está al borde del abismo de nuevo, es cuando se abren las heridas más profundas de Líbano. De un país creado desde la segregación y el individualismo colectivo. De un Gran Líbano que nunca fue tal. Con una clase dirigente incapaz de aportar soluciones, cada vez más ciudadanos se refugian en la resistencia islámica en el sur, en Francia en el centro y en Turquía en el norte.
Porque el caso libanés, cuya historia siempre ha estado determinada por terceros incluso hoy, con un sistema heredado de Francia y una economía condenada a vivir de préstamos y pagar deudas, es el caso de todo Oriente Medio; donde la soberanía no existe, y el desarrollo del país lo determina su posición regional e internacional: someterse o aceptar el hostigamiento constante.