Opinión

Mujeres en guerra y mujeres en cuarentena: historias mexicanas de resistencia, amor y sororidad

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La guerra significa vivir con miedo.

Eso le explica Nicole, una adolescente de 17 años, a Daniela Pastrana, una periodista rebelde que indaga el impacto que la guerra contra el narcotráfico en México ha tenido en las hijas de sus colegas. Y en la suya propia.

Nicole asume que no hay reparación posible para los años perdidos por el trabajo de su mamá. Se refiere a Rocío Gallegos, una periodista de Ciudad Juárez que, a fuerza de muertes y balas, y como les pasó a cientos de reporteros en el país, se vio forzada a cubrir una guerra que nadie pidió y que ya acumula tres lustros y cientos de miles de víctimas.

La joven enumera años de fiestas de cumpleaños, eventos, festivales escolares y desayunos familiares en los que la mamá no estuvo porque debía escribir, reportear "esta larga fiesta de sangre", como la define Daniela en 'Mamá se fue a la guerra', uno de los 14 textos que integran 'Ya no somos las mismas y aquí sigue la guerra', un libro editado por Grijalbo y Pie de Página que plasma los temores, las pérdidas, los dolores y frustraciones de periodistas, poetas, académicas, artistas, documentalistas, fotógrafas, escritoras e investigadoras que han abordado la violencia que se esparce de manera interminable en el país.

Daniela, periodista premiada en México y en el extranjero y fundadora de la organización Periodistas de a Pie, que es cobijo para colegas de todo el país, también dialoga con Úrsula, hija de la periodista veracruzana Norma Trujillo y con Mariana, hija de Patricia Mayorga, una periodista de Chihuahua que se tuvo que exiliar en España.

"No me gusta tanto que mi mamá sea periodista, porque se arriesga mucho y es como estresante. Y Veracruz es el campeón de todo lo malo", dice Úrsula al referirse al estado mexicano en donde han matado a más trabajadores de prensa. "¿Quién sustituye un abrazo de mamá o papá? Nosotros también necesitamos ese abrazo, de amor de ellos. Si los matan y exilian, también nos matan y exilian a nosotros", escribe Mariana.

Aprendizajes

Pero Daniela, que desde hace años recorre el país para documentar masacres, entrevistar a las víctimas y tratar de entender la tragedia mexicana, también habla con Andrea, su hija adolescente. De cómo ha enfrentado sus largas ausencias. Andrea se acostumbró, atravesó enojos y, al final, comprendió y aceptó. Creció.

Cecilia González, periodista y escritora
Cecilia González, periodista y escritora
Todas ellas construyen un valioso testimonio conjunto sobre facetas poco exploradas en un contexto de agitada violencia que suele restar espacios para la reflexión. En donde la urgencia gana ante la sucesión de asesinatos, desapariciones, persecuciones, enfrentamientos.

"La guerra trastoca, rompe, descoloca, pone a prueba hasta el sublime mito del amor de las madres mexicanas", dice la periodista, "pero si algo me han enseñado en estos años Nicole, Úrsula, Mariana y Andrea es que esta batalla, la de nosotras, ha valido la pena. Ellas, nuestras hijas perdieron a sus madres. Nos vieron diluirnos en la angustia, el enojo, el miedo, el horror. Pronunciaron la palabra muerte más que la palabra vida. Los lores de la guerra les robaron parte de su infancia. Pero el amor, terco, tejió una historia paralela. Otra historia. Su historia. Y las hizo fuertes. Más que nosotras. A su diccionario de la muerte le sumaron otras palabras. Sus palabras: Amor. Comprensión. Futuro. Mujeres. Libertad".

La voz de Daniela forma parte de una obra coral en la que participan las periodistas Celia Guerrero, Paula Mónaco, Lydiette Carrión, Daliri Oropeza, Daniela Rea y Marcela Turati; la activista Raquel Gutiérrez, la poeta Sara Uribe, la historiadora Marina Azahua, la documentalista Erika Lozano y las investigadoras Emanuela Borzacchiello (Italia) y Verónica Gago (Argentina).

En 'Ya no somos las mismas y aquí sigue la guerra', todas ellas construyen un valioso testimonio conjunto sobre facetas poco exploradas en un contexto de agitada violencia que suele restar espacios para la reflexión. En donde la urgencia gana ante la sucesión de asesinatos, desapariciones, persecuciones, enfrentamientos.

Como explican en 'Una carta desde nosotras', que es al mismo tiempo una introducción y una declaración de principios: "Somos compañeras que caminamos juntas desde hace una década. Nuestra intención ha sido contar la violencia desde el cuerpo de las mujeres. Entendemos esa violencia como una piedra que cae en un lago. Como ondas que se expanden, que avanzan en el espacio, cada vez más sutiles, silenciosas... estas son nuestras redes de mujeres. Pase lo que pase vamos a estar aquí, incluso sin importar que no siempre estemos juntas. Aquí estamos".

El adentro

Mientras un grupo de mujeres reflexionaba y trataba de poner en palabras escritas sus experiencias en la guerra narco, en ese afuera plagado de violencia, las periodistas mexicanas Cynthia Rodríguez y Olivia Velasco comenzaron a reunir otras vivencias surgidas a partir de la inesperada pandemia de coronavirus que obligó a millones de mujeres a recluirse en un adentro plagado de incertidumbre.

El resultado es 'Mamás en cuarentena', un libro en el que 48 mujeres de distintos países y profesiones comparten aventuras, temores y culpas, sobre todo culpas, porque ese es el sello de la inmensa mayoría de las maternidades que se cuentan en estas páginas.

Hay, también, satisfacción, porque las historias recopiladas son de mujeres que quisieron ser madres. Como lo repetimos en cada marcha feminista: la maternidad será deseada o no será. Pero su rol elegido padeció un inesperado vuelco cuando tuvieron que encerrarse a tiempo completo con sus hijas e hijos para ser, al mismo tiempo, cocineras, compañeras de juegos, maestras o confidentes, dependiendo el caso. Para ejercer los cuidados domésticos, educativos y emocionales todos los días, a todas horas.

Así, estas mujeres redescubrieron las infancias y adolescencias de esas personas que están a su cargo. O sus caracteres, pensamientos y sentimientos de personas ya adultas.

Hubo llantos, risas, hartazgo, abrazos, peleas, clases virtuales, desorden de espacios y horarios, fastidios, miedos, esperanza, orgullo, dudas. Alivio por recuperar momentos familiares simples, pero reconfortantes, que habían pasado a la historia. Ya fuera un desayuno en familia o ver juntos una peli desde el sillón. O la egoísta satisfacción de no tener que esperar, con preocupación, a nadie que se hubiera ido de fiesta.

'Mamás en cuarentena' nos demuestra que no hay fórmulas únicas para establecer un vínculo primario que, en estos relatos, está basado, sobre todo, en mucho amor. Y eso hay que celebrarlo.

Procesos

Cynthia, una de las compiladoras, sabe bien de qué se trata. Cuando comenzó la pandemia, se tuvo que encerrar con sus tres hijos, todavía niños, en su departamento en Milán, en donde vive hace más de una década. Salvatore, el padre, iba y venía del trabajo pero ella se vio obligada a combinar el cuidado permanente al interior de su casa con su oficio de reportera.

Cecilia González, periodista y escritora
Cecilia González, periodista y escritora
Estas mujeres redescubrieron las infancias y adolescencias de esas personas que están a su cargo. O sus caracteres, pensamientos y sentimientos de personas ya adultas.

Fue una proeza. Aun así, logró escribir un pormenorizado diario de la cuarentena que permitió que sus lectores conocieran día a día los avatares de la emergencia sanitaria en uno de los países más afectados por el coronavirus.

También empezó a compilar voces de madres y padres para saber cómo estaban enfrentando un proceso que alteró a la humanidad.  

"En esos días mis niños resistieron a todo. A no ir a la escuela, a no ver a sus amigos y a sus maestras, a dejar de asistir a sus clases de guitarra, a no aventarse a la alberca por no poderlos llevar a sus clases de natación, a no ir a los parques, a los cines o por una malteada, pero lo más importante fue que resistieron nuestros enojos y nuestras tristezas. Nuestros malos ratos y mis cero ganas que a veces tuve por no querer hacer nada, por no querer hablar con nadie, por enojarme todo el tiempo", reconoce Cynthia en el libro. Y aún así, se sorprende, sus hijos la aman. ¿Cómo no habrían de hacerlo?

Cómo no admirar, además, a todas las mujeres que en 'Mamás en cuarentena' y 'Ya no somos las mismas y aquí sigue la guerra' reflejan una poderosa y esperanzadora construcción colectiva en la que comparten historias, se preguntan, se buscan, se reconocen, se abrazan. Y se unen en la diversidad. Mejor ejemplo de sororidad, imposible.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.