Opinión

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Ociel Alí López

Es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América latina.
Chile, Bolivia, Venezuela y EE.UU. vivirán singulares procesos comiciales que pueden cambiar los escenarios probables por otros más sorprendentes.
La cercanía de los comicios en EE.UU. y las elecciones parlamentarias en Venezuela pronostican un escenario complicado para el mermado liderazgo opositor.
El entusiasta candidato republicano ahora tendrá que cambiar su estrategia en las pantallas y alejado de la calle.
La narrativa de nación de Trump y Biden está lejos de la imagen paradigmática de EE.UU. Hablan hoy de un país devastado, en guerra.
El candidato republicano se ofrece como un muro entre el sueño americano y el caos, representado discursivamente ya no tanto por Maduro sino, sobre todo, por Joe Biden.
El cercenamiento de la salida electoral, o al menos su postergación, impactará negativamente la vida del venezolano.
El choque que se produce es el de dos bloques que se han equilibrado en fuerza y que van a continuar su lucha: el uribismo para mantener el status quo y las fuerzas emergentes para desalojar al uribismo de las estructuras del poder
Gobiernos de izquierda o derecha, e independientemente de su lectura ideológica sobre la pandemia, van a tener que flexibilizar sus medidas y permitir la apertura económica. La crisis se prolongó mucho más allá de lo esperado y el remedio de la cuarentena genera unos efectos (económicos) secundarios que en América podrían terminar siendo peor que el covid-19.
El decreto de Maduro ensancha el camino electoral, y lo hace en un momento en el que la vía violenta solo acumula fracasos. Además, resalta la incapacidad del sector radical para proponer un nuevo repertorio de lucha.
La pregunta que surge ahora es si se radicalizará, en el sentido de acentuar el conflicto social, cuando se produzcan acontecimientos como la detención de Uribe y otros que puedan venir, como un hipotético triunfo de la izquierda en 2022.
En términos generales, 2019, y especialmente su segundo semestre, representó para la región el momento sociopolítico de mayor convulsión en los últimos decenios. Y lo inédito es que fueron ocurriendo uno tras otro, como lo habíamos visto en Europa del este o en los países árabes, pero nunca en América latina.
Cinco meses después de la aplicación de cuarentenas radicales, aún no tenemos claro si el remedio fue peor que la enfermedad, porque los modelos aplicados se van deteriorando en la medida que se prolonga la pandemia de manera indefinida.