Opinión

América Latina, un continente sin una hoja de ruta frente al coronavirus

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Las alarmantes crisis sanitarias sufridas en Europa y China producto de la pandemia ya van quedando en segundo plano en relación con lo que estamos viendo en América latina.

Casi un semestre después identificar su primer caso de coronavirus, los resultados aterran. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha categorizado a la región de epicentro. De los tres países más afectados del mundo, Brasil y México ocupan la segunda y tercera posición respectivamente, solo por detrás de EE.UU.

Para mostrarlo comparativamente, en pocos días México va a duplicar a España en cantidad de decesos totales y Brasil ya está a punto de triplicar a Italia, países europeos que prendieron la alarma del mundo.

Nuestras 'mesetas' pueden prolongarse de manera indeterminada. Este es el caso de Brasil, que en mayo superó los 800 muertos diarios y hacia mediados de agosto sigue reflejando cifras similares.

Para seguir cotejando, ya se aprecia la apertura hacia el turismo en países europeos para este verano, pero el carnaval del 2021 de Brasil aún está en riesgo. Una crisis que no solo es acentuada, sino que entró en lapsos indeterminados.

Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
Si al número de fallecidos y las previsiones económicas se le suman las alertas en materia educativa y la exclusión social que está produciendo la paralización escolar, todo parece indicar que nos aproximamos de manera muy rápida hacia una situación de catástrofe sostenida

Ya desde el comienzo de la pandemia se produjo un debate sobre los efectos en la economía en comparación con los de la salud. A estas alturas existen las peores perspectivas para ambos enfoques. Latinoamérica ya ha sobrepasado las 200.000 muertes y el Banco Mundial pronosticó una caída regional de 7,2 del PIB para este año, mientras que para la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal) la caída será de 9,1 puntos. Estos datos dan cuenta de la magnitud de la crisis sanitaria y económica.

Si se le suman las alertas en materia educativa y la exclusión social que está produciendo la paralización escolar, todo parece indicar que nos aproximamos de manera muy rápida hacia una situación de catástrofe sostenida.

Sin interés por una salida conjunta

El principal problema es que no hay una hoja de ruta para salir del laberinto en el que cada país anda. Ni hay interés para intentar una salida conjunta.

Entre las variadas fórmulas propuestas por cada uno de los gobiernos aún es pronto para evaluar quién pudo tener la mejor o peor gestión, porque el resultado definitivo todavía no lo sabemos.

Desde un primer momento, algunos gobiernos que parecían ideológicamente contrarios, como Brasil y México, tomaron la pandemia desde perspectivas similares. Ambos fueron muy laxos ante el avance del coronavirus y sus presidentes desestimaron la radicalidad con la que la OMS hacía sus recomendaciones.

Los dos países presentan resultados caóticos. Hoy son los primeros países de la región en número de fallecidos totales (además de ocupar las posiciones dos y tres a nivel mundial), es decir, se convirtieron en verdaderos epicentros. Y la inmunidad de rebaño aún no llega. Pero además, económicamente, se prevén abruptas caídas de -9,2 y -9 puntos respectivamente, según la Cepal.

El caso de Brasil como modelo luce catastrófico. Bolsonaro intentó desconocer al virus como pandemia con el fin de no parar la economía, y terminó superando las 100.000 muertes. A pesar de su negación a tomar medidas drásticas, la economía del país también cayó precipitadamente: hoy se espera que su PIB se contraiga por 9,2 puntos en 2020. Uno de los peores descalabros.

Pero no solo los laxos...

Otros países fueron más radicales en la aplicación de la cuarentena, como Perú. Pero a las semanas la economía se vino abajo y tuvo que flexibilizar muy pronto. El resultado es peor: la economía puede estar cayendo hasta 13 puntos este año, en lo que sería el peor desplome de la región, mientras que, con alrededor de 20.000 decesos, este país está entre los diez primeros del mundo con la cifra de muertes más elevada.

Argentina es también otro caso interesante de analizar, puesto que su gobierno ha mantenido una clara línea de defender la salud sobre la economía, tratando de mantener en lo posible la cuarentena y las medidas de distanciamiento. Y lo ha logrado con un relativo bajo número de muertes (no llega aún a las 5.000) en comparación con países vecinos como Chile y Brasil. No obstante, su economía, que ya estaba estropeada, se vino al foso y se espera que caiga este año un 10,5 % . Peor que el propio Brasil.

El Salvador, que rápidamente se incluyó en los países que tomaron medidas radicales de distanciamiento y cuarentena, hoy se encuentra entre las economías más golpeadas y la Cepal estima que este año su PIB se contraerá 8,6 puntos.

Chile, el modelo neoliberal por excelencia, desde los comienzos trató de sumarse a los países que restaban importancia a la pandemia, al punto que un ministro esperaba que el virus mutara y se volviera "bueno". Varios meses después es uno de los países más afectados con más de 10.000 muertes y con una caída del 7,9 del PIB.

Bolivia, por su parte, ha sido el único país donde sus movimientos sociales han decidido salir a protestar de manera planificada contra el aplazamiento de las elecciones presidenciales, haciendo marchas y cortando rutas. Enseguida han sido acusados de intentar parar el flujo de oxígeno y medicinas necesario para los contagiados. Está por verse si esta movilización permite activar las protestas en el resto del continente y en la propia Bolivia, que han sido frenadas por la pandemia, o si por el contrario genera antipatía por parte de los ciudadanos, que pueden considerarla una acción peligrosa, tanto por el contagio al que se arriesgan los manifestantes como por el obstáculo que supone en una situación de emergencia sanitaria.

Venezuela tampoco escapa de la situación. Si bien sus datos de muertes por Covid-19 están bastante alejados de los países epicéntricos, apenas superando las 200 muertes, la situación se ha comenzado a complicar las últimas semanas. El férreo distanciamiento ha sido muy difícil de mantener y la flexibilización ha tenido que ser pospuesta en varias ocasiones. La cifra de contagiados sigue subiendo.

Las secuelas de la pandemia

Si hay algo que caracteriza a casi todos los países es la cautela con la que han declarado la flexibilización, en muchos casos reculando posiciones de apertura y volviendo a medidas drásticas.

Las secuelas de este tipo de experiencia podrían a la larga resultar nefastas, en tanto el remedio a la pandemia va a terminar produciendo el empobrecimiento máximo y la impotencia del Estado, que ya va perdiendo su rol en el control social y en la distribución de beneficios.

Cinco meses después de la aplicación de cuarentenas radicales, aún no tenemos claro si el remedio fue peor que la enfermedad, porque los modelos aplicados se van deteriorando en la medida que se prolonga la pandemia de manera indefinida.

A diferencia de Europa o China, en América latina no sabemos cuándo de verdad llegará 'el pico', ni cuánto durará la meseta, que aquí parece eterna y con importantes altibajos. Solo sabemos que la aplicación de estos modelos no han sido del todo exitosos en el subcontinente, que a pesar de no ser sorprendido como China y Europa, no pudo prepararse para el maratón que suponía. La lucha contra el coronavirus en América latina parece tener una carrera más larga, su contención no se pudo hacer tan pronto como en esas regiones. Y eso complica todavía más la situación sanitaria y la económica.

Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
Ociel Alí López, sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela
Diseñar una flexibilización de las medidas de distanciamiento, acorde a la situación económica, puede resultar de mayor interés para el común que seguir aplicando medidas radicales para preservar la salud

En nuestro subcontinente, el coronavirus llegó para quedarse un tiempo, solo que aquí puede terminar siendo más mortal debido a la debilidad de los sistemas de salud, sacudidos por las privatizaciones, el neoliberalismo y los déficits en general

Sin embargo, el control sanitario viene perdiendo el protagonismo porque la economía no es solo cuestión de empresarios. Tan importante como impedir el colapso de los centros de salud es aplicar de manera exitosa la flexibilización que permita volver a la economía, es decir, al trabajo, al ingreso y, con ello, a la comida y la educación.

Si las primeras semanas de coronavirus el debate trató de situarse entre salud vs. economía, ya pasados varios meses e impactadas todas las economías, el problema se complejizó: diseñar una flexibilización de las medidas de distanciamiento, acorde a la situación económica, puede resultar de mayor interés para el común que seguir aplicando medidas radicales para preservar la salud. Pensar esto los primeros días de la pandemia podía resultar oprobioso, ahora es urgente debido a las secuelas sociales que se están produciendo.

Superar el confinamiento sin saturar la red sanitaria pública es el desafío de todos los gobiernos.

¿Está extraviada América latina?

Lo cierto es que nadie está saliendo bien parado de esta crisis. Ni los gobiernos, ni los actores económicos, ni los movimientos sociales. Para los políticos, este inesperado ciclón los agarró sin modelos ni referentes que les permitieran responder a la pandemia desde la situación de debilidad institucional existente. La caída de las economías resaltó la debilidad estructural de siempre, pero en situación de deslave.

La Organización de Estados Americanos (OEA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) o la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) no han podido coordinar una mínima acción conjunta. El Grupo de Lima perdió toda relevancia después de su intenso trabajo de 2018 y 2019 para tratar el tema Venezuela.

Cada país tiene instalada una bomba de tiempo y utiliza sus menguados recursos para tratar de desactivarla.

América latina siempre ha sido diferente. Los modelos extraños por lo general fracasan. Queda esperar si produce su propio mapa para salir del laberinto o alguna ayuda foránea, como una vacuna, podría en realidad darle nuevas luces. Por ahora el panorama resulta ensombrecido.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.