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9 de mayo Día de la Victoria

Se revela la verdad sobre la muerte de Hitler

Publicado: 3 may 2010 | 21:50 GMT Última actualización: 3 may 2010 | 21:50 GMT

A lo mejor muchos están enterados de que hace exactamente 65 años, el 30 de abril de 1945 el Jefe del Tercer Reich alemán se suicidó tomando un veneno en el Berlín sitiado, pero seguro que muy pocos saben que 25 años después un soldado soviético aniquiló el cuerpo del caudillo nazi y dispersó sus

A lo mejor muchos están enterados de que hace exactamente 65 años, el 30 de abril de 1945 el Jefe del Tercer Reich alemán se suicidó tomando un veneno en el Berlín sitiado, pero seguro que muy pocos saben que 25 años después un soldado soviético aniquiló el cuerpo del caudillo nazi y dispersó sus restos por donde los llevara el viento.

Vladímir Gumenuk, ex miembro de la Comisión Extraordinaria de la URSS, y subcapitán que sirvió en una sección especial de la KGB en el territorio de la antigua República Democrática Alemana, reveló todos los secretos y desmintió todas las sospechas sobre la muerte de Hitler en una entrevista exclusiva para el periódico ruso Komsomolskaya Pravda.

Los periodistas encontraron a Vladímir, ya jubilado, en un pueblo cerca de la ciudad de Syzran en la región de Samara, donde estaba trabajando en su pequeño huerto con una pala en las manos. “En 1970 con una pala parecida desenterré los cuerpos de Hitler, Eva Braun y toda su familia”, comentó Gumenuk.

Resulta que él y otros dos oficiales recibieron una orden secreta: “a causa del traslado de la ciudad castrense soviética –quemar y dispersar por el viento los restos del Fuhrer y sus allegados–”.

“Nos dieron las coordenadas del sitio secreto donde enterraron a Hitler, bajo tales compromisos que hasta ahora no puedo contarlo todo. La orden que recibimos era tan secreta que ni siquiera permitieron a nadie redactarla a máquina. Andrópov la escibió a mano personalmente”.

El problema era que el territorio de la ciudad castrense se observaba desde todos los costados como la palma de la mano, pero como nadie debía enterarse de lo que iban a cumplir los militares, los últimos decidieron “enmascarar la operación” a guisa de ir a pescar, lo que era una buena excusa, ya que por lo general los soviéticos eran muy aficionados a la pesca. “Así cogimos las cañas de pescar, una lancha neumática y… unas palas. Cuando llegamos al lugar del destino, pusimos manos a la obra. Cavábamos una, dos horas pero no encontramos nada. Empezamos a sentir pánico ya que el fallo en esa operación podía llevarnos al tribunal”. Es cuando a Vladímir se le ocurrió una idea: “Compañeros, no estamos cavando donde debemos. La distancia indicada no era de 45 metros como medimos, sino de 45 pasos!”. Pronto las palas dieron con algo.

“Algunos de los ataúdes de madera ya estaban carcomidos, así que tuvimos que hacer unos nuevos, donde pusimos todos los restos mortales que habíamos encontrado. Luego nivelamos la tierra y enmascaramos el territorio. Según la orden teníamos que llevar los restos fuera de la ciudad, quemarlos y dispersarlos como sea”.

Los militares tuvieron que esperar la mañana porque encender hogueras en Alemania era algo fuera de lo común, incluso cerca del río. “La gente que vivía aquí era muy disciplinada”.

Por la mañana, al comprobar que no les estaba siguiendo nadie, empezaron a “cocinar una sopa” y cerca hicieron otra hoguera donde “quemaban a Hitler”, luego echaron agua a la ceniza para que se enfríase más rápido. Cogieron unos sacos y fueron a un sitio previsto de antemano: un peñasco cerca de un río sin nombre. En 20 segundos todo estaba listo. “Era el último ‘vuelo’ de Hitler, muy simbólico, igual que ponen en los libros”, comentó Vladímir.

Al volver los tres oficiales firmaron un documento que describía la ‘operación‘, que era tan secreta que no la podían discutir ni siquiera entre ellos. Gumenuk guarda silencio hasta ahora sobre el lugar del entierro, aunque muchos periodistas de todo el mundo, le prometieron una enorme recompensa por la información.

“Yo creo que no sería racional revelar esa información. Los archivos están descifrados sólo a medias. El hecho de la operación está confirmado, pero incluso ahora está prohibido contar los detalles. Hay muchas teorías en la prensa sobre la muerte del Führer, pero todo es mentira”.

Según el veterano, lo que más temía todos estos años no era el miedo sino una sensación de posible fracaso. “Tenía miedo de que de algún modo pudiese trascender la información secreta. Nunca me había ido de la lengua, ni siquiera en compañía de mis amigos, aunque entonces muchos se preguntaban que es lo que había pasado con el cuerpo de Hitler. Yo siempre sonreía pero mis labios estaban sellados. Hasta mi mujer cuando por primera vez vió un reportaje sobre mí, empezó a vociferar reprochándome de que no le había contado nunca nada. Yo la respondí: Eres mujer de un oficial de la unidad secreta del Ejército, y aquí no hay nada de que hablar”.

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