Bartolina Sisa, una aguerrida e inteligente mujer indígena aimara, pasó a la historia por haber peleado con armas y hasta la muerte para liberar a Bolivia del dominio español.
Su fecha de nacimiento es incierta, ya que los historiadores la sitúan entre 1750 y 1753. Lo que sí está confirmado es el devenir de una vida ejemplar en la que, para espanto del racismo colonizador, incluso se convirtió en virreina de un país que anhelaba su libertad.
Sisa tenía unos 20 años cuando se casó con Julián Apaza Nina, mejor conocido como Túpac Katari. Juntos encabezaron la rebelión contra los invasores que esclavizaban a la población y saqueaban las riquezas del Virreinato de Perú, que en sus inicios abarcó el vasto territorio desde Panamá hasta Argentina, con excepción de Venezuela y Brasil, que pertenecían a otros virreinatos.

En 1780, ambos lideraron a decenas de miles de indígenas quechuas y aimaras que querían independizarse. Al año siguiente, Katari fue proclamado virrey y Sisa, virreina "por derecho propio", es decir, que no tenían necesidad de validación de los conquistadores. Se encontraban en plena lucha, ya que en marzo de 1781 los rebeldes habían cercado a la ciudad de La Paz para impedir que llegara abastecimiento. Era una medida de presión contra los invasores.
Al saber que Sisa estaba a cargo del cerco, los españoles desmerecieron la capacidad de lucha de una mujer, intentaron una primera incursión en mayo y enviaron a centenares de combatientes para capturarla, pero se toparon con un valiente ejército indígena que resistió el ataque.

Muerte y rescate de su figura
Los soldados españoles continuaron la presión y en julio lograron detenerla. Más tarde, terminaron con el cerco y apresaron a Katari. Durante el juicio al que fue sometida después de que la obligaran a ver el descuartizamiento de su esposo, Sisa explicó los motivos de su rebelión. "Para que extinguida la cara blanca, solo reinasen los indios", dijo con orgullo frente a los invasores que el 5 de septiembre de 1782 la mataron cruelmente.
Primero la ahorcaron, luego la descuartizaron y clavaron los fragmentos de su cuerpo en picotas colocadas en diferentes sitios emblemáticos donde había luchado. Después de la macabra exhibición, quemaron los restos y arrojaron las cenizas en lugares desconocidos. Así quisieron amedrentar a cualquier otro indígena que pretendiera sublevarse.
Pero su lucha no fue en vano. En 1825, 43 años después de su muerte, Bolivia por fin alcanzó su independencia. La reivindicación de su figura se acentuó a partir de 1983, cuando el Segundo Encuentro de Organizaciones y Movimientos de América, que se celebró en Bolivia, decidió que cada 5 de septiembre se conmemoraría el Día Internacional de la Mujer Indígena en honor de Sisa.
En 2005 el reconocimiento llegó a su país gracias a que el Congreso Nacional de Bolivia la designó oficialmente como heroína nacional aimara. Desde entonces, por toda América Latina se dispersan 'las bartolinas', mujeres comprometidas que se organizan para defender la soberanía en sus países ante los ataques imperiales que nunca terminan.
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