La oscura predicción sobre el "excremento del diablo" que se hizo realidad en la era Trump

Desde que se inició la explotación de petróleo en el país suramericano, las transnacionales comenzaron a ejercer todo tipo de presiones para obtener la mayor tajada de ganancias y beneficios.

El venezolano Juan Pablo Pérez Alfonso, arquitecto de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), avizoró en su libro fundamental 'Hundiéndonos en el excremento del Diablo' (1976) la codicia y presiones externas que iban a circundar la explotación petrolera en Venezuela, décadas antes de que EE.UU. agrediera el país suramericano y secuestrara a su presidente con la finalidad de controlar su venta de crudo.

El abogado y exministro de Hidrocarburos (1903-1979) habla en su obra de la "codicia" de los grandes consorcios transnacionales que buscan obtener las "mayores ganancias" en detrimento de los "grandes países consumidores" energéticos a través de la concepción del petróleo como una "barata mercancía inagotable". 

El también diplomático ya advertía en la década de los 70 que las divisas extranjeras obtenidas por la venta de crudo, que era llamado por los indígenas prehispánicos como "excremento del diablo", solo podían emplearse en bienes y servicios foráneos.

"Nos encontramos obligados a comprar cosas extrañas que para rendir buen provecho han de combinarse expertamente con bienes y servicios nacionales a fin de satisfacer verdaderas necesidades de los venezolanos".

Para él, la adquisición de bienes importados para uso nacional, sin criterio, era alentada por los grandes intereses. "La única explicación es la codicia de los privilegiados aprovechadores, capaces de toda clase de intrigas y presiones, y la culpabilidad o negligencia de gobernantes y burócratas que se dejan engañar en sus decisiones, obnubilados por las permanentes tendencias faraónicas".

El despilfarro como origen

Para el exministro de Hidrocarburos, la nación suramericana con "la más larga historia entre los grandes exportadores de petróleo", fue "favorecida con divisas extranjeras traídas por inversionistas petroleros", principalmente estadounidenses, a los que se les entregaron concesiones para extraer el crudo a principios del siglo pasado.

Este 'beneficio' tuvo su lado oscuro, pues la riqueza que entraba y que "consistía en la liquidación de un activo preexistente", no se inyectó a la economía del país, lo que, en su opinión, era sabido y ocultado por "muy poderosos interesados extraños y nativos".

Así, según expone, durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, afín a los intereses de EE.UU., se condicionó el "despilfarro acelerado" de la riqueza petrolera, lo que solo apuntaba a un fin: "facilitar la expoliación" por parte de las transnacionales.

El despilfarro no cesó con el fin de la dictadura y se extendió a las décadas siguientes. Los "intereses privilegiados, cómplices de las transnacionales", presionaban a los gobiernos "poco preparados para administrar la riqueza" para que no se invirtiera la renta petrolera, lo que las hacía vulnerables ante cualquier acción. 

Urgencia de la nacionalización del petróleo

Pérez Alfonso, que defendía la nacionalización del petróleo, instaba a hacer una verdadera lo antes posible porque, mientras más se demorara en tomar esta decisión, estaban en "mayores riesgos" los intereses nacionales. En su opinión, la nacionalización impulsada por el presidente Carlos Andrés Pérez en 1976 había sido "chucuta" (deficiente).

Para el analista venezolano Carlos E. Lippo, la nacionalización de Pérez fue acordada con monopolios extranjeros que, además, "promovieron golpes y crímenes de Estado cada vez que los sucesivos gobiernos formularon alguna reforma legal que intentase aumentar la participación fiscal del Estado en la explotación petrolera".

Esto ocurrió hace poco más de dos décadas cuando el Gobierno del fallecido Hugo Chávez promulgó la Ley de Hidrocarburos de 2001, donde se establecía que el Estado conservaría la totalidad de las acciones de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Este instrumento legal fue la chispa que encendió el golpe de Estado en su contra donde hubo participación de la oligarquía local y del Departamento de Estado de EE.UU.

El punto culminante de la presión estadounidense llegaría con las sanciones contra la petrolera venezolana en enero de 2019 durante el primer gobierno de Donald Trump, que habían sido precedidas por otras medidas de presión que tenían como fin último un cambio de régimen y la apropiación de los recursos naturales, entre ellos el petróleo.

Debido a las sanciones, que buscaban asfixiar la economía venezolana, entre 2015 y junio de 2020, la producción de PDVSA cayó 87%, lo que significó pasar de un promedio 2,4 millones de barriles diarios a 339.000 barriles, en junio de 2020. De cada cien dólares en divisas, el país dejó de percibir 99 en siete años, según el Observatorio Antibloqueo.

"Alargar la dependencia"

Ya en su escrito, Pérez Alfonso advertía que no nacionalizar el petróleo era "alargar y mantener la dependencia" de las compañías extranjeras energéticas, lo que dejaba la puerta abierta a "todo género de interferencias de las transnacionales y de sus respectivos centros de poder".

El autor lanzó unas premonitorias palabras, al referirse a la "tendencia intervencionista del complejo militar-industrial de EE.UU.", que habían sido expresadas por el general David M. Shoup, excomandante de los Marine Corps y crítico de la guerra de Vietnam: 

"Creo que si hubiéramos mantenido y mantuviéramos nuestros sucios, sangrientos y corruptos dedos fuera de los asuntos de estas naciones tan llenas de gente deprimida y explotada, llegarían a una solución propia, la que diseñan y desean. Por la que luchan y trabajan. Y sí, por desgracia, su revolución debe ser violenta porque los que 'tienen' se niegan a compartir con los que 'no tienen' por ningún método pacífico, al menos lo que obtendrán será suyo y no al estilo estadounidense, que no quieren y, sobre todo, no quieren que los estadounidenses les impongan".

Para el padre de la OPEP, era "peligroso e inconveniente" aceptar la participación de foráneos como EE.UU. y otros países desarrollados en la planificación a futuro petrolero para las naciones de la región, puesto que privarían sus intereses. 

"Es muy difícil para un privilegiado de un país privilegiado ver sin
confusión el cambio dramático que está ocurriendo bajo sus pies con el movimiento inicial de la fuerza del petróleo abriendo nuevas expectativas a la inmensa mayoría de la humanidad rezagada en el tercer mundo".

Nathali Gomez