Hace justo 83 años, el 18 de enero de 1943, como resultado de la operación Iskra, (Chispa, en español), las tropas soviéticas de los Frentes de Leningrado y Vóljov rompieron el asedio de Leningrado (ciudad que hoy de nuevo se llama San Petersburgo) por parte de la Alemania nazi.
Esta operación abrió un corredor terrestre a través del cual se construyó rápidamente un ferrocarril. El 7 de febrero de 1943, tras un paréntesis de 18 meses, llegó a Leningrado el primer tren procedente del país.
Aunque el bloqueo continuó y duró hasta el invierno de 1944, la martirizada ciudad empezó a recibir víveres de forma regular.
Se desconoce la cantidad exacta de vidas civiles que segó el sitio de Leningrado. En los juicios de Núremberg se citaron 632.000 víctimas, pero muchos historiadores creen que la cifra de muertos fue mucho mayor, llegando a 1,5 millones (la ciudad estaba además repleta de un sinnúmero de rehenes). En cualquier caso, el 97 % de los civiles perecieron por hambre y enfermedades, no por bombardeos.
Inicio de la tragedia
El 8 de septiembre de 1941, durante su ofensiva sobre Leningrado, las tropas nazis irrumpieron en la estación de ferrocarril de Mga y capturaron Shlisselburg (Petrokrépost), aislando la segunda urbe soviética en importancia del resto del país.
Ese día marcó el comienzo de una de las más trágicas etapas de la Gran Guerra Patria: el asedio a Leningrado.
A principios de septiembre de 1941, Leningrado sufrió sus primeros brutales bombardeos. El fuego de artillería era constante. El mando militar y político local preparó las fábricas para su demolición, y todos los buques de la Flota del Báltico también fueron preparados para el hundimiento. El avance activo de tropas alemanas y finlandesas desde diversas direcciones aparentemente no dejaba lugar a dudas sobre la inminente toma de la ciudad.
El 11 de septiembre de 1941, en los primeros días del bloqueo, el general Gueorgui Zhúkov fue nombrado comandante del Frente de Leningrado. Llegó a la localidad para restablecer el orden en las filas del Ejército y logró detener al enemigo prácticamente a las afueras de Leningrado: la línea del frente se encontraba a solo 16 kilómetros de un lugar emblemático, el Palacio de Invierno. La Flota del Báltico fue desminada y abrió fuego.
Las tropas soviéticas hicieron repetidos intentos de romper el cerco (tanto con las operaciones de Siniávino de 1941 y 1942 como con la operación de Liubán de 1942) y finalmente lograron hacerlo en enero de 1943.
Importancia de la urbe y suerte que le deparaba el mando nazi
En 1941, Adolf Hitler planeaba borrar de la faz de la Tierra Leningrado, cuna de la revolución bolchevique y símbolo de la cultura rusa. Pero además de estos valores, la ciudad era un importantísimo centro industrial, que contaba con varias enormes plantas en el sector de la defensa, astilleros, instituciones científicas, la base principal de la Flota del Báltico con todas sus naves, etcétera.
Bastaría con recordar que, en aquella época, ahí se encontraba la única fábrica productora de tanques pesados, coches y trenes blindados del país. Era la Kírov, que tan solo en ese año había producido más de 700 tanques KV-1 y KV-2.
Al inicio de la guerra, Adolf Hitler anunció que Leningrado debía ser totalmente destruida. "El 'führer' ha decidido borrar la ciudad de Leningrado de la faz de la Tierra. Después de la derrota de la Rusia soviética, la existencia continuada de este mayor centro de población carece de interés. [...] Se planea rodear la ciudad en un estrecho anillo y, mediante bombardeos con artillería de todos los calibres y continuos bombardeos desde el aire, arrasarla. Si, como consecuencia de la situación en la ciudad, se presentan solicitudes de rendición, serán rechazadas, ya que los problemas relacionados con la estancia de la población en la ciudad y su abastecimiento de alimentos no pueden ni deben ser resueltos por nosotros. En esta guerra librada por el derecho a existir, no nos interesa preservar ni siquiera a una parte de la población", rezaba la directiva del jefe del Estado Mayor de la Marina alemana número 1601 del 29 de septiembre de 1941 sobre la destrucción de Leningrado.
Situación en la ciudad asediada
El 12 de septiembre hicieron un recuento de todas las reservas de productos alimenticios que dio el siguiente resultado: pan, cereales y carne para 30-35 días, grasas para 45 días y azúcar y dulces para 60 días.
El carbón, a pesar de su estricta conservación, solo alcanzaba hasta noviembre, y el combustible líquido hasta finales de septiembre. Como resultado, el sistema de racionamiento de alimentos comenzó a decaer. El 1 de octubre de 1941, la ración de pan se redujo de tres a seis veces para los obreros, el personal de ingeniería y técnico, a 400 gramos al día, y para los empleados, dependientes y niños, a 200 gramos.
A partir del 20 de noviembre, como resultado de la quinta reducción, los obreros recibían 250 gramos de pan al día, mientras que los habitantes restantes, 125 gramos. El hambre verdadera comenzó en noviembre. Se hicieron frecuentes los casos de desmayos por inanición, de muerte por agotamiento. Era prácticamente imposible recibir reservas de productos alimenticios por aire, mientras que el hielo del lago Ládoga era demasiado fino y no resistía el paso de los coches.
La situación de los habitantes de la ciudad empeoró: el pan estaba húmedo y con dos quintas partes de impurezas. El escorbuto y la desnutrición se hicieron presentes. Se agotó el combustible y se cortó la electricidad en los edificios residenciales. El suministro de agua fallaba y 78 kilómetros de alcantarillado quedaron destruidos.
Entre septiembre y noviembre de 1941, las sirenas antiaéreas sonaron 251 veces en la ciudad. El promedio diario de bombardeos de artillería en noviembre de 1941 alcanzó las nueve horas. El invierno resultó muy frío y largo. Desde el otoño prácticamente no había electricidad ni calefacción y dejó de circular el transporte.
Para llegar al trabajo los ciudadanos gastaban sus últimas fuerzas en cruzar calles cubiertas de enormes capas de nieve. Unos caían agotados, otros se congelaban sin energía para levantarse y seguir.
Los meses más duros fueron enero y febrero de 1942. Tan solo la parte de la población que trabajaba pudo recibir un poco de pan. Se registraron varios casos de canibalismo.
Sin embargo, a pesar de las atroces circunstancias en las que vivían, los residentes construyeron más de 4.100 fortines y búnkeres, instalaron unos 22.000 islotes de resistencia en edificios, montaron más de 35 kilómetros de barricadas y obstáculos antitanque en las calles. Los obreros fabricaron y repararon unos 2.000 tanques, 1.500 aviones, 850 buques de guerra y barcos de diversas clases, entre otras armas.
La población de Leningrado también era la principal fuente de refuerzos para las tropas del Frente de Leningrado; se formaron en la ciudad 10 divisiones de la milicia popular, y más de 100.000 leningradenses marcharon al frente durante el invierno y la primavera de 1941-1942.
Camino de la Vida
El llamado Camino de la Vida, única ruta de transporte estratégico-militar que atravesaba el lago Ládoga durante la Gran Guerra Patria (por agua y sobre hielo en invierno), conectó Leningrado con el resto del país desde septiembre de 1941 hasta marzo de 1943. En otoño de 1941, se transportaron más de 60.000 toneladas de carga a la ciudad a través del lago Ládoga y por aire. Tras el cese de la navegación, entre noviembre de 1941 y abril de 1942, 550.000 personas, equipos industriales y otros bienes fueron evacuados por la ruta de hielo. En el verano de 1942, se instaló un oleoducto a lo largo y el fondo del Ládoga para abastecer de combustible a Leningrado, y en otoño, se trazó un cableado eléctrico.
A partir del 25 de diciembre, gracias a las entregas de víveres por el Camino de la Vida, las raciones comenzaron a aumentar.
Chispa de la liberación
El plan general de la operación Iskra (Chispa) consistía en contraatacar desde dos frentes —el Frente de Leningrado (es decir, las tropas bloqueadas en la ciudad y sus afueras) al oeste y el Frente de Vóljov (desde fuera del bloqueo) al este— para derrotar al grupo nazi que controlaba el saliente de Shlisselburg-Siniavin. El mando de los frentes fue confiado al teniente-general Leonid Góvorov y al general de Ejército Kiril Meretskov. La coordinación de la operación estuvo a cargo de representantes de la Stavka (el mando militar del país), el general de Ejército Zhúkov y el mariscal Kliment Voroshílov.
El 12 de enero de 1943, tras una cuidadosa preparación, el 67.º Ejército del Frente de Leningrado lanzó un poderoso ataque de oeste a este, mientras que los 2.º y 8.º Ejércitos del Frente de Vóljov, avanzaron a su encuentro. La ofensiva contó con el apoyo de la artillería de gran calibre de buques de guerra estacionados en la base de Kronshtadt, artillería costera y aviones de la Flota del Báltico, así como de aviones de largo alcance.
El 18 de enero de 1943, en las afueras orientales del asentamiento Rabochi Posiólok, cerca de Shlisselburg, luego de un ataque decisivo, unidades de la 123.ª Brigada de Fusileros del Frente de Leningrado se unieron a unidades de la 372.ª División del Frente de Vóljov. Posteriormente, se reunieron otras unidades militares soviéticas. Ese mismo día, Shlisselburg y toda la orilla sur del lago Ládoga quedaron completamente liberadas.
Alrededor de la medianoche del 18 de enero, una emisión de radio anunció la ruptura del asedio de Leningrado. Los ciudadanos salieron a las calles y avenidas en señal de júbilo. A primera hora de la mañana del 19 de enero, la ciudad se engalanó con banderas.
Aunque la ruptura solo permitió recuperar un estrecho corredor desde el Frente de Vóljov hasta Shlisselburg, una franja de turbera de entre ocho y once kilómetros de ancho permitió restablecer las comunicaciones terrestres con Leningrado hasta que, finalmente, se levantó el asedio. Comenzó la construcción del ferrocarril Shlisselburg-Poliany, de 36 kilómetros, a lo largo de la orilla sur del lago Ládoga.
El 6 de febrero de 1943, trenes con víveres, municiones y materias primas comenzaron a viajar hacia Leningrado por el nuevo Camino de la Vida.
Recuerdos del infierno
"Era especialmente duro para los ancianos. Quienes habían perdido cartillas de racionamiento no podían recuperarlas. A estas personas debilitadas les bastaba con pasar uno o dos días sin comer para no poder caminar, y cuando les fallaban las piernas, llegaba el fin. Las familias no solían morirse de inmediato. Mientras hubiera al menos una persona en la familia que pudiera caminar y recibir pan [a cambio de cartillas de racionamiento], el resto, los que se acostaban, seguían vivos. Pero si esa última persona dejaba de caminar o se desplomaba en la calle o en las escaleras, era especialmente duro para quienes vivían en los pisos superiores, llegaba el fin para toda la familia […]. Los cadáveres yacían en las calles. Nadie los recogía. ¿Quiénes eran los muertos? ¿Quizás esa mujer aún tenía un hijo vivo, esperándola en un apartamento vacío, frío y oscuro? Muchas mujeres alimentaron a sus hijos, privándose de los bocados que necesitaban. Estas madres morían primeras, y sus niños se quedaban solos", recordó el famoso medievalista y lingüista Dmitri Lijachov.
María Chistova, nacida en 1921. Durante el asedio, trabajó como cuidadora en el jardín de infantes de la fábrica Piatiletka.
"[...] niños hambrientos, desnutrición, escorbuto. Bombardeos. Tuvimos que vestir a los niños y llevarlos al otro lado de la calle, a un refugio antiaéreo. Los niños ni siquiera lloraron. Con 3 o 4 años, parecían ancianos [...] Hubo un incidente cuando la tía Ania, la conserje, recibió algunos víveres para el jardín de la infancia en una tienda en la calle Porojovskaya, y un hombre hambriento la atacó en la calle. Cayó sobre su mochila y, como una piedra, forcejeó con todas sus fuerzas. Solo al llegar al jardín de la infancia sintió el intenso dolor del golpe. Esto más tarde le costó un riñón."
Antonina Fedótova, nacida en 1928.
"Recuerdo que una vez, una mujer con una niña pequeña pasó la noche en las escaleras de nuestro edificio. La madre de la niña estaba completamente agotada y falleció al día siguiente, pero Ánechka se quedó con nosotros. La alimenté un poco. Luego empecé a enseñarle fotografías: postales con fotos de flores. Le enseñé una rosa, diciéndole que olían de maravilla. Ánechka tenía dos años y medio, y preguntó: '¿A mantequilla?'. La entregamos después a un orfanato".
Anna Vlásova, nacida en 1920 en Leningrado. Durante el asedio de Leningrado, estudiaba en el Instituto Pedagógico Herzen.
"Por la mañana, veíamos cadáveres en los pasillos del albergue. Estudiantes varones que no habían sido reclutados por enfermedad se congelaban en los sofás. El comandante pedía: 'Chicas, llévennos de aquí'. Y nos llevábamos sus cuerpos en trineos. En noviembre, recibíamos 125 gramos de pan. Nos sentábamos junto a la estufa, partíamos un trozo de pan para que pareciera más grande, pensando solo en comida. Era un invierno frío. Nos turnábamos para recibir pan, por las madrugadas. Los cadáveres de hombres y niños yacían en el camino".
Yelena Skriabina escribió en su diario en noviembre de 1941: "La gente se muere sin parar. [...] La gente está tan debilitada por el hambre que no lucha contra la muerte. Mueren como si se durmieran. [...] La muerte se ha convertido en un fenómeno que se observa a cada paso. Se han acostumbrado a ella, hay una indiferencia total: al fin y al cabo, hoy no, pero mañana a todos nos espera ese destino. Cuando sales de casa por la mañana, te encuentras con cadáveres tirados en el callejón, en la calle".
Del diario de Antonina Grigórieva, una escolar de Leningrado:
"Los vagones del tren estaban abarrotados, como un barril de sardinas, de gente débil. Esto era de día. Al anochecer, nos llevaron por un ferrocarril de vía estrecha a través del bosque, luego nos subieron a camiones y nos llevaron a través del lago Ládoga. El viaje fue aterrador; nos disparaban. Mi hermano Zhenia nos dijo: 'Mamá, Tosia y Kolia, cierren los ojos para que no tengan tanto miedo de ahogarse'. Había mucha agua en el hielo, lo que dificultaba el movimiento de los camiones, pero gracias a Dios, llegamos a la orilla. Varios camiones más se arrastraron tras nosotros, y entonces se oyó un grito terrible. Hubo un gran desastre: la gente gritaba y lloraba porque siete camiones, llenos de gente, y tal vez más, se habían hundido en el fondo del lago Ládoga".
A pesar de todos los esfuerzos, algunas personas hambrientas no pudieron ser rescatadas, incluso después de haberse realizado la evacuación de la ciudad; sus cuerpos estaban muy agotados. Entre quienes sintieron los efectos del asedio en el continente se encontraba Tania Savicheva, de 14 años, que perdió a casi toda su familia —su madre, abuela, hermana, hermano y dos tíos— en la fría y desierta Leningrado. Desde el principio, Tania llevó un diario de su asedio, que se convirtió en uno de los símbolos de la Gran Guerra Patria.