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Acto nazi, Frank Sinatra y noches de boxeo: el histórico estadio argentino que se salvó de la demolición

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Un fallo de la Justicia volvió a frenar la demolición del mítico Luna Park de Buenos Aires y reavivó el debate sobre qué ciudad se conserva. La historia del estadio que marcó el siglo XX argentino, entre política, cultura y deporte.
Acto nazi, Frank Sinatra y noches de boxeo: el histórico estadio argentino que se salvó de la demolición

La Justicia de la Ciudad de Buenos Aires, en Argentina, volvió a ponerle un freno a las obras sobre el estadio Luna Park, al ratificar en diciembre útlimo medidas que impiden avanzar con una demolición parcial y afectar su protección patrimonial. La resolución reabrió una discusión de fondo: qué se preserva —y qué se pierde— cuando se transforma un ícono urbano que atravesó la vida pública argentina durante más de nueve décadas.

Inaugurado en 1932 en el centro de Buenos Aires, el Luna Park no fue solo un estadio: fue un escenario de poder, masas y rituales populares. Allí confluyeron episodios tan dispares como un acto nazi, veladas legendarias de boxeo, shows internacionales como los de Frank Sinatra, eventos políticos de alto voltaje y la consagración de generaciones de artistas argentinos, especialmente del rock nacional.

El hito judicial llega cuando organizaciones patrimoniales y sociales advierten que, detrás de proyectos de "modernización tecnológica", puede esconderse un proceso de transformación irreversible. Para sus defensores, el Luna Park es más que un inmueble: es una pieza de memoria urbana que condensa el siglo XX argentino, con sus luces —cultura y deporte popular— y también con sus zonas oscuras.

El fallo se inscribe en una demanda impulsada por el abogado constitucionalista Andrés Gil Domínguez, que cuestiona el proyecto aprobado por la Dirección General de Interpretación Urbanística mediante la Disposición 1283/DGIUR/25. El planteo sostiene que esa normativa vulnera las leyes que resguardan al Luna Park —declarado Monumento Histórico Nacional y catalogado con Protección Estructural— y advierte sobre una "aniquilación irreversible" del estadio si se avanzara con modificaciones de gran escala.

De acuerdo con el informe incorporado a la causa, el plan prevé cambios como aumento del volumen del inmueble, reemplazo de la cubierta y modificaciones sustanciales en la fachada, además de una intervención profunda en el interior.  Según informó IProfesional, la Sala III de la Cámara en lo Contencioso Administrativo y Tributario rechazó el recurso de apelación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y dejó firme la medida que mantiene paralizado el expediente. 

Un sitio cargado de historia

Tras el freno judicial, el debate reabrió también una dimensión simbólica: el Luna Park no es solo un estadio céntrico, sino un escenario donde se condensó buena parte del siglo XX argentino. Entre sus episodios más controversiales figura el acto multitudinario vinculado al nazismo realizado en 1938, cuando sectores locales alineados al Tercer Reich organizaron una concentración que hoy es recordada como uno de los momentos más oscuros de la vida pública porteña.

Se trató del gran acto de celebración de la Anschluss —la anexión de Austria por la Alemania nazi— realizado el 10 de abril de aquel año, el mismo día del plebiscito impulsado por Adolf Hitler. Según reconstruyó La Nación, el evento fue organizado por la Asociación Austro-Germana y reunió a unas 20.000 personas, por lo que suele ser señalado como una de las concentraciones nazis más grandes fuera de Alemania. De acuerdo con la crónica, el estadio y sus alrededores fueron blindados con un amplio despliegue policial, mientras en el interior predominaban símbolos del Tercer Reich: banderas con la esvástica, consignas como 'Heil Führer' y el eslogan 'Un pueblo, una nación, un conductor'.

Del evento participaron autoridades alemanas en el país y dirigentes locales como el entonces gobernador bonaerense Manuel Fresco, y los asistentes incluso entonaron el himno nacional argentino con el brazo extendido en saludo nazi. En paralelo, se registraron protestas estudiantiles y políticas en el centro de Buenos Aires, que derivaron en disturbios, represión y dos muertes durante los enfrentamientos y corridas, según la investigación citada por el medio.

Años después, el mismo recinto quedaría asociado a una postal completamente distinta: allí, en un evento benéfico por el terremoto de San Juan de 1944, Juan Domingo Perón y Eva Duarte se cruzaron por primera vez en el camino que terminaría convirtiéndolos en la pareja política más influyente de la Argentina del siglo XX.

Cuna de grandes campeones

Conocido como el 'Palacio de los Deportes' el estadio fue durante décadas el templo del boxeo argentino, con veladas que marcaron época y construyeron una liturgia popular propia: luces bajas, ring en el centro y una tribuna que hizo del Luna Park un sinónimo de noches de pelea. El Luna consolidó la idolatría popular por campeones que marcaron época. En su cuadrilátero brillaron figuras como Carlos Monzón, Nicolino Locche, Víctor Galíndez y Oscar 'Ringo' Bonavena, ídolos que protagonizaron peleas históricas y llenaron el estadio entre las décadas de 1950 y 1980.

Con el tiempo, esa mística del ring se amplió a otras disciplinas: además de boxeo, fue sede de mundiales de vóley y básquet, y recibió competencias y eventos de tenis y ciclismo, entre otros. Según reseña el sitio oficial de turismo de la Ciudad, en su historia albergó 23 títulos de boxeo, mientras su agenda deportiva convivió durante décadas con espectáculos masivos que reforzaron su lugar como emblema porteño.

Mítico escenario de estrellas internacionales

También se convirtió en un faro cultural: recibió a figuras internacionales como Frank Sinatra (1981) o Luciano Pavarotti (1987), y se transformó en una estación obligatoria del rock nacional, un espacio donde tocar —y llenar— funcionó como sello de consagración para varias generaciones de músicos argentinos como Charly García, Gustavo Cerati, Andrés Calamaro, entre otros.

Esa condición multitudinaria también lo volvió una caja de resonancia de la vida pública y la religiosidad: el Luna Park fue escenario de grandes actos políticos y sociales, y también de eventos de fe, como el protagonizado por el papa Juan Pablo II en 1987, que reforzó su perfil de recinto capaz de reunir a miles por fuera del deporte o la música. 

A la vez, el estadio quedó asociado a momentos de alto valor simbólico para la cultura argentina. Allí se realizó el funeral de Carlos Gardel en 1936, en una despedida popular que transformó al recinto en espacio de duelo colectivo. Y también albergó acontecimientos sociales de enorme repercusión, como el casamiento de Diego Armando Maradona en 1989, una escena que mezcló farándula, fervor popular y mito nacional en un mismo lugar.

Ese peso histórico —deporte, música, política, religión y rituales sociales— es el que hoy vuelve al centro de la escena con la disputa judicial por su futuro. Para sus defensores, la discusión sobre las obras excede cualquier criterio técnico: se trata de preservar un símbolo que condensó buena parte del siglo XX argentino y que forma parte del patrimonio vivo de Buenos Aires.

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