Las mociones de censura y la consecuente salida del presidente interino de Perú, José Jerí, tras apenas cuatro meses en el cargo y a dos meses de las elecciones, volvió a exponer la fragilidad política que atraviesa el país andino y reavivó el recuerdo de otros gobiernos extremadamente breves en América Latina. El Congreso peruano lo removió este 17 de febrero en medio de investigaciones y escándalos políticos, convirtiéndolo en otro mandatario de corta duración en una región con antecedentes similares.
Perú, de hecho, acumula antecedentes recientes. En noviembre de 2020, Manuel Merino asumió la presidencia tras la destitución de Martín Vizcarra, pero renunció apenas cinco días después en medio de protestas masivas y una crisis política que dejó muertos y heridos durante las manifestaciones.
El país andino atraviesa, además, una seguidilla de recambios en la cúspide del Ejecutivo: con la destitución de Jerí, Perú tendrá ocho presidentes en 10 años, un dato que ilustra la persistente inestabilidad institucional en la última década. En ese período gobernaron Pedro Pablo Kuczynski (2016-2018), Martín Vizcarra (2018-2020), Manuel Merino (noviembre de 2020), Francisco Sagasti (2020-2021), Pedro Castillo (2021-2022), Dina Boluarte (2022-2025) y el propio Jerí, quien será reemplazado por un octavo mandatario.
Una región convulsionada
Uno de los casos más emblemáticos ocurrió en Argentina durante la crisis económica y social de 2001. Tras la renuncia de Fernando de la Rúa, el país tuvo cinco presidentes en apenas once días: el presidente provisional del Senado, Ramón Puerta, asumió el 21 de diciembre y permaneció en el cargo hasta el 22, es decir, alrededor de dos días, con el mandato de convocar a la Asamblea Legislativa. El 23 de diciembre fue designado Adolfo Rodríguez Saá, quien gobernó hasta el 30 de diciembre —siete días— antes de renunciar en medio de nuevas protestas y pérdida de apoyo político. Luego asumió por abandono el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño, el 30 de diciembre de hecho, y el 31 de manera formal, hasta convocar una nueva Asamblea.
Finalmente, el 1 de enero de 2002 el Congreso nombró presidente a Eduardo Duhalde, quien asumió para completar el mandato presidencial hasta las elecciones de 2003. Su gestión se extendió hasta mayo de ese año, cuando asumió Néstor Kirchner, poniendo fin al período más inestable de la historia democrática reciente del país. El episodio quedó marcado como símbolo del colapso institucional de la época, con protestas masivas que fueron repelidas con violentas represiones policiales que mataron a 38 personas.
En Ecuador también hubo un antecedente notable de presidencia efímera en medio de una crisis institucional. Tras la destitución de Abdalá Bucaram el 7 de febrero de 1997, el país llegó a tener simultáneamente tres mandatarios: el propio Bucaram, que desconocía la decisión del Congreso; la vicepresidenta Rosalía Arteaga, que se proclamaba sucesora constitucional del cargo; y Fabián Alarcón, designado por el Parlamento. Finalmente, Arteaga ejerció la presidencia solo por dos días hasta que el Congreso ratificó a Alarcón como jefe de Estado interino, en un episodio marcado por protestas sociales y disputas de poder, según reconstruye el diario El Comercio.
Cuestión de horas
Otro ejemplo regional ocurrió en Venezuela durante el intento de golpe de Estado de 2002. El empresario Pedro Carmona se autoproclamó presidente el 12 de abril, pero su gobierno colapsó en menos de 48 horas tras el retorno de Hugo Chávez al poder, en un episodio que marcó profundamente la historia política venezolana reciente.
Brasil también registró un episodio de extrema inestabilidad institucional en 1955, cuando el país tuvo tres presidentes en apenas una semana. Tras la enfermedad del mandatario Café Filho, el cargo lo asumió el titular de la Cámara de Diputados, Carlos Luz, pero sectores militares y políticos temían que su gobierno intentara impedir la asunción del presidente electo Juscelino Kubitschek. En ese contexto, el ministro de Guerra, el general Henrique Teixeira Lott, encabezó un movimiento militar que destituyó a Luz apenas tres días después de haber asumido la presidencia y colocó en el poder al vicepresidente del Senado, Nereu Ramos, para garantizar la transición constitucional, según reconstrucciones históricas publicadas por el Senado Federal de Brasil.
Paraguay completa la lista con un mandato breve en términos comparativos: Raúl Cubas Grau gobernó durante unos siete meses entre 1998 y 1999 antes de renunciar en medio de una grave crisis política y protestas tras el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, en uno de los momentos más convulsos de la historia reciente del país, según rememora Última Hora.
Estos episodios, aunque diferentes en contexto y causas, muestran un patrón común en la región: crisis políticas profundas que derivan en transiciones aceleradas, gobiernos de emergencia y mandatos incompletos. La reciente salida de Jerí en Perú confirma que la volatilidad presidencial sigue siendo un fenómeno vigente en América Latina, incluso en el siglo XXI.