Cien años después de un parricidio planeado por la primera mujer sentenciada a pena de muerte en Chile, una jueza descubrió por azar que se trataba de su bisabuela. Impactada por su hallazgo, y queriendo comprender la razón humana del crimen, inició un camino de investigación que la llevó a escribir un libro sobre su familiar.
Hace casi un mes, la jueza del Cuarto Juzgado de Garantía de Santiago, Andrea Díaz-Muñoz, presentó 'Corina, una mujer, no un crimen', una obra que se sumerge en la vida de Corina Rojas, su bisabuela, quien en 1916 le pagó a un sicario para que asesinara a su marido, David Díaz-Muñoz, un rico agricultor y terrateniente de 56 años que vivía en la calle Lord Cochrane, en la capital.
En la presentación de su título, la autora relató que emprendió una búsqueda documental para "saber quién era Corina antes de cometer este hecho", más allá del expediente, donde "no cabe una verdad, no cabe una vida, solo cabe lo que es realmente jurídicamente relevante".
¿Cómo nació el libro?
Cuando cumplió 50 años, Díaz-Muñoz tuvo un cambio en su vida. Ese giro la llevó a centrarse solo en las cosas que le gustaban, entre ellas, la escritura. Así, comenzó un taller literario en el que empezó a armar las piezas de la historia de Corina, que mezcla textos del Archivo Histórico de Chile con ficción.
Con su obra, dice en un video del Poder Judicial de Chile, no busca justificar a su bisabuela ni pretende que hubiera sido absuelta por su delito. Sin embargo, considera que no se puede definir a alguien por "el peor hecho que cometió en su vida".
La autora buscaba darle a su familiar la voz que no tuvo. "Ella estuvo callada mucho tiempo, nadie la escuchó, solamente la juzgaron con extrema crudeza".

¿Quién era Corina?
A los 15 años, Corina fue obligada a casarse con un hombre de 51. De esa unión con el pudiente hacendado nacieron cuatro hijos. Su matrimonio "no era nada feliz", dice su biznieta. "En ese momento de la historia, las mujeres no tenían el poder de decidir sobre sus destinos", agrega.
"Y es ahí cuando aparece otro hombre que era un manipulador, un estafador", afirma la jueza al referirse a José Justino Gandarillas, un boliviano buscado en su país por estafas y robos que se hacía pasar en Chile por Jorge Sangts Frick, un refinado profesor alemán de piano y mentalista.
Gandarillas sedujo y enamoró a Corina. Valiéndose de ello, le sacó importantes sumas de dinero y la convenció de que debía deshacerse de su esposo.
El marido de Corina murió apuñalado en su cama luego de una reunión en su residencia. El primer detenido fue Gandarillas, tras encontrar correspondencia amorosa con la esposa de la víctima. También fue aprehendido Alberto Duarte, alias 'El saco de luche (un tipo de alga)', quien asesinó a David Muñoz-Díaz por un pago de 500 pesos.

Corina Rojas fue procesada como autora intelectual de parricidio. Los tres fueron condenados a pena de muerte. Sin embargo, tras una apelación, la mujer fue indultada en 1918 por el presidente de la época, Juan Luis Sanfuentes, y cumplió cadena perpetua.
La fecha de su muerte es desconocida.
Un juicio injusto
Para el jurista Jaime Hales, que participó en la presentación del libro de Díaz-Muñoz, Corina "fue maltratada por la prensa, la policía y por el aparato judicial" por considerar que "había osado ofender al marido con esa conducta".
En su opinión, en la "sociedad machista y oligárquica" de la época, "la arbitrariedad de los poderosos no tenía contrapeso" y "la respuesta de los gobernantes, a las voces de protesta de las mujeres, de los pobres, de los trabajadores, de los jóvenes, era siempre la de aplastarlos con la represión o castigarlos".
"Estoy convencido de que hasta los peores criminales tienen derecho un juicio justo", concluyó el abogado.
La mirada de los otros
En el libro 'El crimen de la calle Cochrane', publicado en 1916, bajo los seudónimos de Nick Carter y Max Whinter, se presenta a una Corina deformada por la visión de sus autores, que usan todo tipo de recursos para culpabilizarla incluso antes de ordenar la muerte de su marido.
"Uno tras otro desfilaban ante su ventana los amantes", se lee en el texto, donde también se afirma que la mujer tenía una "naturaleza ardiente e impulsiva, ávida de sensaciones fuertes y de goces intensos".
Por el contrario, su esposo aparecía como un "bondadoso caballero" que trataba de complacer al "alma hambrienta de placeres, de agitación, dominada por las pasiones" de su esposa.
En los fragmentos de su declaración en el juicio, la mujer aseguró que no había tenido la intención de matar a su marido y que solo quería que su vida concluyera lentamente porque la humillaba.
"¡He sufrido tanto! Soñé encontrar en mi matrimonio esa anhelada felicidad que todas las mujeres persiguen al unirse eternamente a un hombre. Yo no encontré nada. El desaliento fue intenso. Mi marido era inculto, era grosero, era vicioso, era avaro", dijo ante un juez.








