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¿Qué esconde misterioso e indescifrable manuscrito del siglo XV?

Publicado: 3 sep 2016 19:46 GMT

No solo el manuscrito, sino también la personalidad de sus propietarios aún sigue siendo parte del misterio.

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El manuscrito de Voynich es una obra medieval escrita en el siglo XV por autores desconocidos. Los investigadores tratan de resolver su enigma desde hace cientos de años, dado que el lenguaje del manuscrito es desconocido hasta la fecha. Algunos incluso sugieren que fue creado por extraterrestres. Recientemente, la editorial española Siloé decidió editar réplicas exactas del libro para ayudar a los científicos y aficionados que no pueden obtener acceso al original.

Para entender mejor por qué el ejemplar es considerado una de las mayores incógnitas de la humanidad, el portal Lenta.ru ha detallado la historia del manuscrito y los intentos de descifrarlo.

En 1912 el anticuario Wilfrid Voynich descubrió en el antiguo castillo europeo de Villa Mondragone un extraño manuscrito, cuyo texto fue escrito en un idioma extraño, de escritura desconocida, adornado con numerosas ilustraciones, imágenes de plantas, personas, fenómenos naturales y los movimientos de los cuerpos celestes.

Hoy en día la mayoría de investigadores cree que el manuscrito fue el trabajo de entre dos y ocho personas, escrito durante varios años, pero Voynich llegó a una conclusión diferente. Él encontró en el libro una carta del científico checo Johannes Marcus Marci, base sobre la cual llegó a la conclusión de que era la obra del famoso filósofo y científico Roger Bacon, que vivió en el siglo XIII. Sin embargo, el anticuario se equivocó con la fecha. De acuerdo con una datación por radiocarbono realizada posteriormente, el manuscrito fue creado en el período entre los años 1404 y 1438, lo que significa que Bacon no pudo tener ninguna relación con la obra. 

¿De quién era el libro?

No solo el manuscrito, sino también la personalidad de sus propietarios aún sigue siendo parte del misterio. Hace unos 10 años el investigador René Sandberg encontró una carta en los archivos que data del siglo XVII, que envió al alquimista de Praga (actual República Checa), Georgius Barschius (o Baresch). Resultó que él llevaba más de 20 años tratando de descifrar el lenguaje de la obra, aunque sin éxito.

Desesperado, Barschius envió un par de páginas del manuscrito al erudito jesuita Atanasio Kircher, que vivía en Roma. El libro antiguo interesó a Kircher, quien trató de persuadir al alquimista para que le enviara todo el trabajo, pero él se negó.

Después de la muerte de Barschius, el manuscrito terminó en manos de su amigo, el mismo Marci, cuya carta encontró Voynich. Marci era un renombrado erudito de su tiempo y sirvió como médico en la corte del emperador romano. En la carta el erudito le dice a su amigo sobre su obsesión por descifrar el manuscrito, al que dedicó toda su vida.

El hecho de si Barschius logró algo de éxito en este campo se desconoce, pero después de su muerte el libro permaneció en las bóvedas de los jesuitas durante tres siglos. En tiempos de persecución de la Orden por la Iglesia el manuscrito pasó a la biblioteca personal de su líder, Peter Bex, ya que de lo contrario hubiera sido confiscado. En los siglos XIX y XX Villa Mondragone fue la sede de la Compañía de Jesús, por lo que no es de extrañar que Voynich encontrara el manuscrito allí.

Cifrado de la nada

Al principio Voynich estaba convencido de que el manuscrito fue escrito por Roger Bacon, y lo entregó a un criptógrafo, el profesor de filosofía en la Universidad de Pensilvania, William Newbold. Su destino fue similar a la suerte de Barschius: dedicó los últimos años de su vida a la búsqueda. El método de Newbold fue estudiar el texto bajo una lupa y luego intentar de reproducirlo en un papel, buscando anagramas ocultos. Por supuesto, el método no funcionó.

La teoría de Newbold fue completamente derribada por William Friedman, el primer criptógrafo de Agencia Nacional de Seguridad de EE.UU. En los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, él y su esposa Elizabeth Friedman reunieron un equipo de expertos y dedicaron una enorme cantidad de tiempo al intento de descifrar el manuscrito de Voynich. Como resultado, concluyeron que el libro no contiene anagramas, y su lenguaje es artificial, es decir, fue inventado específicamente para el manuscrito.

Mientras tanto, existen también muchas teorías en cuanto al idioma del manuscrito. Joseph Martin Feely argumentó que el texto está escrito en latín y fue cifrado con una simple permutación de las letras. El investigador John Stojko, por su parte, escribió que el manuscrito fue escrito en ucraniano, desprovisto de las vocales, y el doctor Leo Levitov creía que fue una de las lenguas criollas. Sin embargo, ninguno de los expertos estuvo lo suficientemente cerca a la comprensión del texto manuscrito.

Mensaje misterioso

En 2013, el físico Marcelo Montemurro de la Universidad de Manchester publicó un documento que apoya la teoría de que el texto del manuscrito de Voynich no es un conjunto de caracteres inútiles, sino un tipo de mensaje oculto en un lenguaje olvidado. Para ello utilizó una de las técnicas diseñadas para estudiar la codificación de la información en el proceso de trabajo de neuronas: este método permite identificar los datos importantes en la señal, aunque no se sabía cómo interpretarlos.

En una entrevista con Lenta.ru Montemurro dijo que cuanto más estudiaba las características estadísticas del texto, más niveles de la estructura de la lengua desconocida encontraba. El investigador también rechazó la hipótesis de que la información que contiene el manuscrito es codificada, dado que los sistemas de cifrado fuertes tienen una característica importante: destruyen las características estadísticas de la lengua, para eliminar la posibilidad de conocer el contenido.

A Montemurro le llamó la atención el hecho de que el manuscrito de Voynich está sujeto a la ley de Zipf, que describe las estadísticas de la frecuencia de las palabras en las lenguas naturales. Además, el investigador señaló que el análisis del texto había revelado otro patrón: la repetición de ciertas palabras específicas coinciden con secciones del libro. Es decir, si las ilustraciones ubicadas en páginas específicas muestran una planta, entonces están acompañadas con un vocabulario asociado.

Intelectuales de una cultura perdida

Stephen Bax, profesor de Lingüística Aplicada en la Universidad de Bedford (Reino Unido), presentó en el 2014 su fuerte evidencia de que el manuscrito de Voynich no puede ser falso y que el texto de esta obra coincide con las ilustraciones. Por ejemplo, la sección botánica habla de las plantas pintadas, así como, quizás, explica sus propiedades medicinales.

Sobre la base de las ilustraciones el investigador fue capaz de identificar algunas de las palabras, sacando la secuencia de letras repetidas muchas veces. Así, Bax encontró palabras como Taurus, enebro, cilantro, eléboro, aciano y Nigella sativa.

Además, el profesor ha presentado una interesante teoría acerca del origen del misterioso lenguaje. Bax cree que fue hablado por una pequeña comunidad que no había desarrollado su propia letra. No obstante, un grupo de intelectuales pertenecientes a esta civilización, había creado un alfabeto que consiste en elementos de la escritura europea, de Oriente Medio y caucásica para preservar el conocimiento de su pueblo acerca de la naturaleza para las generaciones futuras.

El científico indica que el siglo XV fue una época de dificultades, y, muy posiblemente, la cultura que usó este lenguaje desapareció casi al mismo tiempo, cuando estas personas trataban de desarrollar su escritura.

Datos masivos

En 2014, el profesor brasileño de la Universidad de Sao Paulo, Diego Amancio, tras utilizar 'Big Data' o datos masivos (un conjunto de tecnologías y enfoques para el análisis automatizado de cantidades extremadamente grandes de datos) también recibió la confirmación de que el manuscrito de Voynich no es una falsificación. Los investigadores científicos han demostrado que la estructura de la lengua desconocida coincide con estructuras modernas.

Amancio no trató de traducir el texto, él solo unió las palabras en grupos y analizó las relaciones entre ellos, haciendo un modelo de una red integrada. Como resultado, se encontró que el 90% de la estructura del texto de las repeticiones de manuscritos se encuentran en la Biblia y otros libros bien conocidos.

En cuanto al contenido del manuscrito, aquí Amancio está de acuerdo con otros especialistas. Según él, el documento es una enciclopedia de prácticas medievales, que incluyen las prescripciones médicas, información astrológica y metafísica, así como ritos de fertilidad.

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