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"No se dan cuenta de lo que pasa aquí": Por qué debería dejar de comprar melones

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"No creo que los consumidores se den cuenta de lo que pasa aquí. Ojalá pudieran ver nuestra situación. La gente no debe comprar estos productos", denuncia la trabajadora de Fyffes María Gómez.
"No se dan cuenta de lo que pasa aquí": Por qué debería dejar de comprar melones

La comunidad de trabajadores de la compañía irlandesa Fyffes en Honduras, que produce melones en el sur del país, denuncian que están bajo amenaza de despido por tratar de formar un sindicato que defienda sus derechos. Por eso, los empleados del campo -en su gran mayoría mujeres solteras y ancianas- están apelando a los consumidores estadounidenses y europeos para que boicoteen los productos vendidos por la multinacional hasta que se mejoren sus condiciones de trabajo, informa el diario 'The Guardian'.

La compañía tiene tres empresas subsidiarias en la ciudad de Choluteca, una de las zonas más pobres del país, donde durante décadas "los propietarios de las plantaciones han sido capaces de contratar, despedir y violar las normas laborales con total impunidad, gracias al apoyo de los políticos locales y a la ausencia de sindicatos", indica el rotativo británico, que se ha trasladado hasta el lugar.

"Trabajamos incluso estando enfermos"

Los más de 2.700 trabajadores locales de Fyffes limpian el suelo, siembran semillas, rocían herbicidas y pesticidas, se encargan de girar los melones para que no se quemen por el sol y los cosechan. Los agricultores denuncian que se les paga por debajo del salario mínimo establecido y se quejan de que la compañía no les proporciona agua, baños, ni atención médica cuando se encuentran mal.

"Tenemos que trabajar incluso si estamos enfermos", afirma María Gómez, de 65 años, que lleva 28 años en la empresa subsidiaria Melon Export. "Las condiciones no han mejorado desde que empecé", critica Gómez, añadiendo que cada empleado tiene que comprarse su propio equipo -cuyo coste puede llegar a suponer el salario de una semana- porque si no, no les dejan trabajar.

Los empleados del campo tienen que  usar peligrosos agroquímicos, como el herbicida Gramoxone (prohibido por la UE en 2007 pero legal en Honduras) y denuncian que no se les proporciona ropa protectora. "Ni siquiera nos dan máscaras faciales", denuncia Gómez. A pesar de que Fyffes sostiene que sí se toman las medidas de seguridad necesarias, el pasado mes de diciembre 17 trabajadoras fueron hospitalizadas tras envenenarse con agroquímicos.

"Amenazan con no contratar a los del sindicato"

Baltazar Cruz, secretario de organización del sindicato agrario STAS, cuenta que rechazó un soborno de 10.000 lempiras (unos 400 euros) para salir de la junta directiva del sindicato. Poco después de unirse al mismo, perdió varios dedos en un accidente laboral y cuando pidió ayuda a la compañía, "al principio no hicieron nada". Finalmente, el sindicato le ayudó a obtener tratamiento médico y un estipendio.

El secretario general de este sindicato, Moisés Sánchez, revela que la compañía amenaza "con no contratar a trabajadores sindicalizados". "Es muy cruel y opresivo", denuncia.

"No creo que los consumidores se den cuenta de lo que está pasando aquí. Ojalá pudieran venir y ver nuestra situación. La gente no debe comprar estos productos", se lamenta María Gómez.

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