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El reconocido escritor argentino que limpia las estaciones del metro de Buenos Aires

Publicado: 27 ene 2017 18:23 GMT | Última actualización: 27 ene 2017 18:46 GMT

Pese a haber ganado premios literarios internacionales, este escritor argentino se pasa las noches limpiando las estaciones del subterráneo de Buenos Aires. En exclusiva para RT, cuenta su historia.

El reconocido escritor argentino que limpia las estaciones del metro de Buenos Aires
Eitan Abramovich / AFP
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Debajo de la Ciudad de Buenos Aires corren, además de algunos viejos pasadizos secretos de la época colonial, seis líneas de subterráneo. En una de ellas, la B, trabaja limpiando estaciones durante las madrugadas Enrique Ferrari, más conocido como Kike.

Este trabajador y delegado de la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP), nacido en 1972, tiene una particularidad: cuenta en su haber con cinco novelas y dos libros de cuentos escritos, además de varias obras más. Ha ganado premios en Argentina, España y Cuba por su trabajo literario y su producción ha sido traducida al francés y al italiano.

Una fuga hacia adelante

"Yo soy fanático de los mitos de origen y tengo dos. Uno para la lectura y otro para la escritura", contó Ferrari a RT ante la pregunta inicial de cómo nació su pasión por la literatura.

Según explicó, su padre "no es un gran lector". De hecho, "el primer libro que terminó en su vida es uno mío", apuntó. Pero cuando Kike tenía 8 años su progenitor lo sentó y le dijo que le había traído un regalo. "Dijo que era 'lo que nos separa de los monos'" antes de darle una novela de Emilio Salgari, evocó el escritor. "Ese es el primer libro que yo recuerdo como mío", rememoró. A partir de allí descubrió "las maravillas en la enorme aventura de leer".

En relación a la escritura, Ferrari también tiene muy presente el momento en que todo comenzó. "En el año 1997 había muerto mi abuelo, me había echado de su casa la chica con la que vivía, se había desarmado la banda en la que tocaba y me había quedado sin trabajo porque se fundió la camioneta, yo era fletero", enumeró dando una clara imagen de su situación personal en aquel entonces que iba en sintonía con la del país.

Eitan Abramovich / AFP

Sin embargo algo ocurrió. "Estaba en la casa de mis viejos marcando avisos en el diario 'Clarín' para ir a buscar laburo al día siguiente y tenía monedas para hacer un viaje de colectivo y medio", relató. Pero, en vez de ir a buscar trabajo, agarró el dinero que tenía y se fue al kiosko. "Pedí que me fiaran lo que faltaba para una cerveza y me senté a escribir lo que después fue mi primer relato", sostuvo.

"A partir de ese momento no paré, me pareció una experiencia casi mejor que la de leer", aseguró. "Era una fuga hacia adelante que me permitía durante algún tiempo manejar los hilos de lo que estaba pasando en algún lado", completó.

Fin de la historia y literatura

La mayor parte de su vida Kike Ferrari fue militante político. A veces organizado en un partido, otras por fuera. Lo que nunca estuvo en discusión fue su mirada crítica de la realidad y su perspectiva de transformar la sociedad en la que vivimos. "Las ideas estuvieron ahí siempre y entiendo que fueron drenando mis relatos", analizó. "Si uno lee con atención y sabiendo la fecha de los textos me parece que se pueden ir viendo los vaivenes de mi relación con la política", enfatizó el escritor.

No obstante, recordó que en el momento en que empezó a escribir "estaba completamente fundido". "Yo había sido criado en una tradición en la que el partido lo es todo y no tenía partido, ni tampoco uno a la vista. Además nos habían caído en la cabeza los ladrillazos del muro de Berlín, tarde y mal", opinó.

Desde su perspectiva, "el fin de la historia ganó una larga temporada porque hegemonizó a los que lo festejaban pero además fundió a los que lo repudiábamos". En ese contexto la literatura "fue también una válvula de escape hacia una presión muy grande que sentía hacia adentro mío".

Eitan Abramovich / AFP

Consultado sobre por qué eligió escribir literatura y no, por ejemplo, ensayos políticos, su respuesta fue contundente: "Es el espacio que soy feliz habitando. Disfruto la literatura mucho más que la teoría política u otras variantes de la escritura". Allí, además, terminó "anclando" en el género negro porque es un formato que disfruta mucho "como lector y escritor". "Lo que a mí me atrae decir del día a día y el mundo en el que vivimos se dice mejor y más fácilmente en el marco del género negro", subrayó.

Influencias y aprendizajes

Más de una vez Ferrari ha señalado que "los escritores argentinos tendríamos que levantarnos una hora antes para agradecerle al sol la buenaventura de ser contemporáneos de Ricardo Piglia". Este reconocido escritor y crítico literario argentino falleció hace pocos días pero dejó detrás de sí una escuela y una forma de encarar la literatura.

Ferrari resaltó que si bien lo "habían convocado" sus relatos lo que lo llevó "definitivamente a su puerto" fue su obra crítica. Allí aparecen libros como 'Crítica y ficción' y 'El último lector' que "tienen más que ver con pensar la literatura que con narrarla", explicó. El trabajador del subterráneo lo recuerda como "un tipo muy generoso que pensaba todavía en los escritores y los proyectos culturales emergentes". Además destacó que tuvo "la suerte de mantener un diálogo más o menos fluido con él los años que siguieron hasta su muy triste deceso".

Otra de sus influencias y que le dio un gran impulso en el mundo de la literatura es Paco Ignacio Taibo II. Ferrari es claro: "Paco es distinto. Es una fuerza de la naturaleza. Es todo lo que todos los intelectuales que estamos a la izquierda debiéramos querer ser. Lo que todos los trabajadores que estamos a la izquierda debiéramos querer ser. Lo que todas las personas tendríamos que aspirar a ser". Para él es "un guevarista de la cultura" que trabaja la literatura "como una fiesta de lo colectivo".

Finalmente reconoció también la influencia de Raymond Carver, Ernest Hemingway o Charles Bukowski, que le enseñaron que "los silencios son tan importantes como lo dicho". Asimismo, adquirió "de la prosa política de [Karl] Marx y [León] Trotsky esa cosa incendiaria y feroz del debate". De los clásicos del policial tomó "un tono que es nostálgico, tanguero y tristón a la vez que enojado". "Aprendí del laconismo de [Andrés] Rivera. La excelencia de los subterfugios y las sombras del lenguaje con [Juan Carlos] Onetti", señaló. Y también expresó que aprende "todavía ahora de colegas que escriben a la par como Raquel Robles, Juan Mattio o Mario Castells".

La cultura como trabajo y obra colectiva

Ferrari es militante de izquierda y delegado sindical. En su día a día lucha contra el individualismo, reivindica la organización colectiva y la defensa de los intereses de los trabajadores. Sin embargo, logra congeniar esa práctica con una actividad que tiene un fuerte peso de individualidad. "Es cierto que en un punto la literatura o la escritura es un evento individual", reconoció. Pero, "por lo que fui viendo en la propia praxis, me di cuenta de que uno no escribe solo", explicó.

A su juicio, se escribe "con los otros, con las historias que se escuchan, con las lecturas y correcciones de los amigos, con algo que resonó de lo que está sucediendo afuera en la calle". "Entre mis hermanos de clase, en mi trabajo", puntualizó.

"El momento de la producción es un momento solitario, individual, pero es un momento muy chiquito de la creación literaria", sostuvo. Para Ferrari la manera "más eficaz" de combatir a "esta idea del autor solitario en una torre de marfil" fue escribiendo "una novela a cuatro manos con Juan [Mattio] en la que el autor se diluye. Es uno, es el otro, son los dos y no es nadie. Somos todos los demás".

Finalmente, se refirió a una cuestión que, por lo general, pasa desapercibida. En el último tiempo el trabajador del subterráneo cobró relevancia nacional e internacional por su doble faceta de trabajador y escritor. En ese trayecto, en muchas ocasiones fue presentado como el ejemplo de que con esfuerzo, todos podemos progresar. Como si fuera solo una cuestión de voluntad. "Esto creo que es lo más peligroso de la exposición que tuve", aseguró. La idea de que "con buena voluntad, con trabajo, con esfuerzo, incluso un cabeza de tacho que baldea el piso del subte puede sobresalir, es una idea peligrosísima, hija de puta e injusta", afirmó sin dudar.

El escritor consideró que "lo que hay que resaltar es que literatura y trabajo no son antónimos". "Los trabajadores hacemos cultura. No solo la consumimos, sino que la producimos porque la cultura es también un trabajo", remató.

Santiago Mayor

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