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Política bajo la lupa: Los cinco mitos sobre la inmigración hacia los EE.UU.

Publicado: 10 feb 2017 04:04 GMT

La llegada de Trump a la Casa Blanca sólo ha exacerbado una discusión de vieja data, pero a pesar del tiempo, hay nociones que persisten como justificación de las políticas migratorias que podrían considerarse mitos rebatibles. ¿Sabe usted cuáles son?

Política bajo la lupa: Los cinco mitos sobre la inmigración hacia los EE.UU.
Un policía montado dirige a un grupo de inmigrantes cerca de Dobova, Eslovenia. 20 de octubre de 2015
Reuters
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¿El "otro" es un peligro? La pregunta ya se la hacía el periodista polaco Ryszard Kapuscinski cuando trataba de explicar el fenómeno del rechazo a la inmigración.

El flujo de personas en el mundo -escribió Kapuscinski en "Encuentro con el otro" (2006)- contribuye a que las sociedades sean más permeables pero, al mismo tiempo, desata el miedo en los que reciben la inmigración porque ven en el que llega "una amenaza, un enemigo, la causa de sus atormentadores miedos y frustraciones".

La reciente asunción de Donald Trump en la presidencia de EE.UU. ha exacerbado el debate al respecto, pero no sólo sobre los inmigrantes que viajan hacia territorio norteamericano, sino por las políticas de movilidad: ¿Es posible que estén sustentadas en supuestos errados?

1. Los "roba-trabajos"

Es moneda corriente decir que los inmigrantes llegan a un país para arrebatar las plazas de trabajo de la población local: "ya sea que se vayan de sus países o que se queden, los otros, desde el punto de vista occidental, en primera instancia son considerados como ladrones de empleos", apunta Marc Augé en su obra "El antropólogo y el mundo global" (2014).

Sin embargo, un estudio realizado por la holandesa Saskia Sassen, recogido en su libro "Los espectros de la globalización" (2003), demuestra que la afirmación es, por lo mínimo, una verdad a medias en territorio estadounidense.

En EE.UU. la mayoría de los trabajos ejercidos por la población inmigrante están vinculados al sector manufacturero y servicios, que generalmente son precarios, de tiempo parcial y muy mal pagados, por lo que resultan poco "atractivos" para las capas profesionales. 

Los "roba-trabajos"

Esa realidad quedó demostrada en 2011. Si bien ese año hubo una tasa de desempleo de 9%, que se traducía en más de 13 millones de personas desocupadas, la industria manufacturera denunció la falta de mano de obra para suplir 600.000 plazas disponibles, entre ellas, incluso, puestos destinados a profesionales calificados.

El intelectual venezolano Luis Britto García, entrevistado este miércoles por el periodista Pedro Ibáñez, resumió esa realidad en una frase: "La agricultura de Estados Unidos se sostiene gracias a la inmigración, sobre todo de México y América Central. Si de verdad se aplica una política restrictiva, la agricultura en gran parte desaparecería, porque los blancos, aunque sean blancos pobres, no van a doblar su espalda para cosechar tomates".

2. Emigran por pobreza

"No todos los países con una pobreza extrema experimentan una emigración extensiva, y no todos los países con emigrantes son pobres", explica Sassen en su libro.

Emigran por pobreza

El principal argumento para demostrar esa afirmación es que EE.UU. empezó a recibir las oleadas de inmigrantes asiáticos, latinoamericanos y caribeños a partir de la década de 1960, aunque "muchos de ellos sufrían de pobreza desde hacía mucho tiempo".

En cambio, destaca la autora, el incremento de la inmigración procedente de esos países hacia EE.UU. sí coincide con fenómenos como la introducción de inversión norteamericana en la economía, la injerencia de Washington en asuntos políticos o el establecimiento de lazos militares que indujeron al desplazamiento de personas a gran escala.

3. Estancamiento económico

El tercer mito es que la inmigración está directamente relacionada con la falta de crecimiento de los países. Según reza la creencia, mientras se mantenga estancada la economía en ciertas naciones, sus habitantes tendrán motivos suficientes para abandonarlo.

Estancamiento económico

Las cifras dicen otra cosa. En la década de 1970, por citar un caso, las tasas de crecimiento anuales del Producto Interno Bruto (PIB) de los principales naciones que enviaban inmigrantes a EE.UU. oscilaban entre 5% y 8%: "De hecho, muchos de los países emigratorios clave estaban creciendo considerablemente más rápido que otros que no experimentaban una emigración a gran escala", recalca la autora holandesa.

Sassen no niega que la pobreza o la situación sociopolítica de un país no generen presiones para la inmigración, pero considera "extremadamente simplista" que esas condiciones se apliquen como una fórmula para explicar el fenómeno. En cambio, pone la lupa en acciones como la inversión directa que ha hecho EE.UU. en algunos países para desalentar la movilidad de sus habitantes, pero que han tenido el efecto contrario.

Muchas compañías norteamericanas se han instalado en países del Tercer Mundo para generar puestos de trabajo, evitar la entrada de extranjeros a EE.UU. y abaratar significativamente sus costos de producción, pero el resultado colateral, según Sassen, son millones de personas "desarraigadas de sus tradicionales modos de vida, luego dejadas desempleadas y desocupadas, puesto que las empresas exportadoras contratan trabajadores más jóvenes o trasladan la producción a otros países, (que) no ven otra opción que la inmigración".

4. Huyen por sobrepoblación

Se suele repetir que el aumento de la población en un país reduce las posibilidades de crecimiento económico para sus habitantes, y, por tanto, los empuja a salir de allí hacia otras latitudes. Nuevamente, los datos con respecto a los flujos migratorios hacia EE.UU. rebaten esa teoría.

Sobrepoblación

Países del centro de África experimentaron entre los años 60 y 80 del siglo pasado el crecimiento exponencial de su población, pero eso no se tradujo en el aumento de la emigración. Por el contrario, naciones con tasas relativamente bajas de presión poblacional como República Dominicana, sí fueron "importantes fuentes de migrantes" para EE.UU.

En el caso de República Dominicana, hubo un factor clave que incidió en el aumento de emigrantes: la ocupación nortemericana a Santo Domingo en 1965 para respaldar el golpe de Estado de la oligarquía de ese país contra el izquierdista Juan Bosh, electo en 1962 como presidente tras el asesinato del dictador Rafael Trujillo.

Desde entonces, refiere Sassen, la inmigración pasó dominicana "de un total de 45 mil para el período entre 1955 y 1959 a 58 mil entre 1965 y 1969". Actualmente, cifras del Pew Research Center estiman que de los 55 millones de latinos que viven en Norteamericana, 1,65 millones son originarios de ese país caribeño. 

5. Causan delincuencia

Cuando Trump era candidato, se expresó en estos términos sobre los inmigrantes mexicanos que llegaban a EE.UU.: "traen drogas, crimen, son violadores y, supongo que algunos, son buenas personas". Esa afirmación, que parece enlazar la inmigración con la criminalidad, tampoco tiene sustento en los números.

Sin inversión extranjera

En 2015, según datos de la Oficina de Estadísticas Judiciales, permanecían tras las rejas 73.665 reclusos que no son ciudadanos estadounidenses, es decir, apenas 5% de la población penitenciaria total. Las cifras son más o menos similares en países como Argentina, donde se acaba de aprobar una ley migratoria que facilita la expulsión de los extranjeros, cuya justificación era la supuesta vinculación de los inmigrantes en el aumento de la criminalidad.

En declaraciones a RT, la fundadora del Movimiento de Acción Migrante en Chile, Tatiana Albuja, consideró urgente "dar una respuesta con datos estadísticos" a ese tipo de afirmaciones, que no se corresponden con la realidad, y "hacer un llamado a los medios de comunicación que en estos países son una fuente importante en la construcción de mitos" que atentan contra la libre movilidad de las personas y contribuyen a la estigmatización del inmigrante.

Sassen, por su parte, pone el dedo en el origen del problema: "Hasta que entendamos mejor las poderosas fuerzas políticas y económicas que regulan el flujo de migración internacional y nuestro propio rol en crearlas, las políticas migratorias estadounidenses continuarán siendo erradas y frustrantemente inefectivas".

Nazareth Balbás

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