Contaminación tóxica a nivel "extraordinario", detectada en el punto más profundo de la Tierra

Tóxicos prohibidos hace más de 40 años fueron descubiertos en el lugar más remoto e inaccesible del planeta.

Científicos han descubierto niveles "extraordinarios" de polución tóxica en la fosa de las Marianas en el Pacífico, a una profundidad de más de 10.000 metros, informa el portal Phys.org.

En el marco del nuevo estudio publicado este lunes en la revista 'Nature Ecology and Evolution' los científicos británicos investigaron crustáceos anfípodos capturados en el fondo de dicha fosa durante expediciones realizadas en el 2014. El equipo liderado por los especialistas de la Universidad de Aberdeen señaló haber encontrado en los crustáceos concentraciones de tóxicos conocidos como 'policlorobifenilos' (PCB), 50 veces mayores que en los animales que habitan en las aguas superficiales.

Los PCB fueron prohibidos en la década de 1970 después de que fuese descubierto su efecto perjudicial al medioambiente y a los humanos, pero siguen difundiéndose. Las sustancias tóxicas fueron usadas en dispositivos eléctricos, pinturas, plásticos y en otros ámbitos industriales. No se degradan de forma natural, así que a través de la cadena alimenticia se encontraron en el fondo oceánico en los organismos en descomposición o dentro de plástico pesado.

Alan Jamieson, líder del equipo, ha detallado que los anfípodos analizados "contenían niveles de contaminación similares a los descubiertos en la bahía de Suruga, una de las zonas industriales más contaminadas en el noroeste del Pacífico". El científico ha lamentado que "los niveles extraordinarios de estos contaminantes dejan claro el impacto duradero y devastador de la humanidad en el planeta".

Indicios de una contaminación severa fueron hallados en la fosa Kermadec, que se sitúa a una distancia de 7.000 kilómetros de la de las Marianas, y que también tiene una profundidad de más de 10.000 metros.

"Seguimos pensando en el océano profundo como si fuese un ámbito remoto y prístino, seguro del impacto humano, pero nuestra investigación muestra que, tristemente, ello no podría estar más lejos de la realidad", ha indicado Jamieson.