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La ciudad perdida del Dios Mono: Una civilización que la selva hondureña se tragó

Publicado: 9 mar 2017 05:24 GMT | Última actualización: 9 mar 2017 05:25 GMT

Después de años de investigación, tres de planificación y una expedición a pie por la peligrosa selva hondureña, un grupo de científicos descubrió los restos de una ciudad que desapareció hace seis siglos.

La ciudad perdida del Dios Mono: Una civilización que la selva hondureña se tragó
Vista aérea del yacimiento de Ciudad Blanca, Honduras
Orlando Sierra / AFP
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No se sabe si fueron las enfermedades traídas de Europa por los conquistadores, un cataclismo o la leishmaniasis, pero la civilización desapareció y, 600 años más tarde, ha sido redescubierta.

El hallazgo fue responsabilidad de un equipo comandando por el escritor estadounidense Douglas Preston, quien le contó a Daily Mail los detalles de su exploración entre la selva tropical de La Mosquitia, en Honduras. Allí, dice él, apenas pudieron explorar una pequeña fracción del territorio.

Así como existía el mito de El Dorado en Latinoamérica, la leyenda de una antigua civilización anclada en medio de la selva hondureña se diseminó durante siglos hasta que, en 2015, el equipo de Preston emprendió la aventura de encontrar la Ciudad Perdida del Dios Mono, reseñada por primera vez en 1930 por el explorador Theodore Morde.

Morde nunca reveló el sitio de la ciudad y se llevó el secreto a la tumba, luego de suicidarse en 1954. Pero la primera señal de que realmente existía fue aérea: un equipo de alta tecnología fue instalado en una avioneta que sobrevoló la zona y, tras un levantamiento en 3D, mostró la evidencia de una antigua estructura piramidal.

Con esa información, el grupo de investigadores decidió lanzarse a pie a través de la espesura selvática y planificaron la expedición con tres años de anticipación. "Recuerdo haber visto la cabeza de un magnífico jaguar enfrente de mí. Fue cuando entendí cuan poderosa, avanzada y culta era esa civilización", dijo Preston.

Dos ciudades

El levantamiento en 3D permitió identificar dos ciudades: una llamada T1, que fue explorada por el equipo de Preston, y otra denominada T3, que aún espera por ser escudriñada por la curiosidad científica. El hallazago, sin embargo, no ha escapado de la polémica.

Un grupo de investigadores escribió una carta pública para rechazar el hecho de que Preston se atribuya el "descubrimiento", puesto hay "investigación previa en la región" respecto a la ciudad perdida, y denunciar que los hallazgos divulgados por el escritor norteamericano "emplean un discurso ofensivo y anticuado" y "sensacionalizan la práctica de la arqueología".

Para quienes suscriben la carta, es "ofensivo" que se hable de una civilización desaparecida porque existe la probabilidad "de que los responsables de los restos antiguos fueran los antepasados de los pueblos indígenas vivientes que no han 'desaparecido' a pesar del genocidio, las enfermedades y continuas injusticias".

Las primeras investigaciones de Preston, quien afirma que los científicos han explorado menos de 4% de la civilización que asegura haber descubierto, han sido publicadas en un libro, a cuyo bautizo asistió el presidente del país centroamericano, Juan Orlando Hernández a finales del mes pasado.

Barrera natural

El mayor obstáculo para continuar con las investigaciones, alega Preston, no son las serpientes venenosas, lo intrincado del follaje selvático o los cauces de río que deben atravesarse a pie, sino la posibilidad de contraer leishmaniasis, una enfermedad de la piel que, según la OMS, cobra unas 30.000 vidas al año.

"Este trabajo nos hizo preguntarnos: ¿qué catástrofe azotó la ciudad para que desapareciera de repente?, ¿a dónde se fueron?, ¿qué les pasó? Pero como es imposible trabajar en esta zona sin contraer una enfermedad carnívora, nunca podremos responder estas preguntas", sostuvo el investigador.

Sin embargo, la hipótesis que manejan los investigadores es que las enfermedades traídas a Centroamérica por los colonizadores europeos hayan sido las responsables de exterminar o desplazar a los pobladores del lugar hace seis siglos.

Nazareth Balbás

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