Frutas y condones: el particular método cubano para hacer vino

Orestes Estévez vive en La Habana y tiene una insólita forma de producir esta bebida alcohólica.

En el barrio El Canal del Cerro, en el centro de la capital de Cuba, vive Orestes Estévez, de 65 años. Fabrica vino casero con un método particular. Debido a la falta de recursos para conseguir las válvulas a presión necesarias utiliza condones para ir midiendo cómo se desarrolla la fermentación de la bebida.

Originalmente el productor comenzó haciendo el vino de forma ilegal hasta que en 2011, gracias a la nueva legislación cubana, pudo obtener una licencia para fabricar estos caldos bajo el amparo de la ley. Hoy en día, Estévez, su esposa, su hijo y un asistente trabajan con "300 jarras que contienen cinco galones (20 litros) de vino cada uno". 

La elaboración del vino se lleva a cabo en la casa de Estévez. Los cuatro trabajadores de la bodega El Canal compran las frutas o las cosechan, las hacen madurar, las mezclan con azúcar y levadura y las dejan reposar. Finalmente, pasan el resultado a botellas que fueron previamente hervidas y lavadas. El proceso de fermentación dura entre un mes y 45 días.

La idea de aplicar este método surgió de una asociación de vinicultores a la que pertenece Estévez, en la que la mayoría de sus miembros son "profesores licenciados en química en la universidad de La Habana" con los que aprendió varios métodos de fermentación.

Entre estos métodos figura el de las "mangueritas de suero" que, por desgracia, no están disponibles en la isla caribeña. Otro era el "método de la gasa", aunque con este "se perdían dos grados de alcohol", mientras que con los condones, la última opción, no se pierde ningún grado. Además, a esto se suma el hecho de que los preservativos se venden en las farmacias y con ellos se ha logrado "un resultado tremendo" en el proceso de fermentación natural del vino.

Aunque Estévez realiza vinos de varios tipos de frutas "el más popular sigue siendo el que hacemos de uva", confesó el creador de esta pequeña compañía. Asimismo, su establecimiento, situado en el barrio de El Canal, es elogiado por los vecinos y clientes, no solo por su gran variedad y por el trato que reciben, sino también por su calidad, precio y cantidad.

"Hay bebidas que cuestan muy caras, pero aquí se pueden adquirir a bajo precio", afirma un vecino. "Siempre que venimos hay", señala otro, que valora el hecho de que el establecimiento está abastecido de vinos todo el año.

La idea de hacer vino en un país donde el ron es la bebida alcohólica preferida no es una casualidad. El abuelo de Estévez –originario de las Islas Canarias– ya se desempeñaba en la producción vitivinícola, aunque destinada a un pequeño grupo de familiares y amigos. Su nieto decidió continuar la tradición y hacer de ella un negocio.