RT se adentra en la 'Tierra de los brujos' mexicana

La ciudad mexicana de Catemaco se convierte cada año en escenario de una fiesta de curanderos, hechiceros y adivinos.

En América Latina la cuestión de los cultos religiosos poco convencionales es materia de actualidad. Es el caso de México, que cuenta con su propia 'Tierra de los Brujos'. Así se conoce a la ciudad de Catemaco, que cada año se convierte en el escenario de una fiesta de curanderos, hechiceros y adivinos.

La 'Tierra de los brujos' es un lugar único, donde es común hablar de la hechicería y la adivinanza. Esta comunidad inclusive cuenta con un Día de los Brujos, fecha en que se reúnen cientos de personas a practicar el ritual de la 'misa negra'. Dicho evento genera una derrama económica de más de 200.000 dólares, de acuerdo al alcalde. 

Estas creencias provienen desde antes de la conquista española, cuando los prehispánicos de México veneraban a sus curanderos por sus conocimientos y habilidades espirituales. Con la llegada de los españoles, estas prácticas se mezclaron con diferentes artes místicas originarias de otros países.

Guía espiritual

Llegar hasta Catemaco puede resultar difícil, pero para muchos bien vale la pena este recorrido de más de 4 horas desde la capital de Veracruz entre calles de piedra, la selva y hasta lagos. Porque es allí donde se encuentran los brujos más reconocidos. Brujos que, en palabras de propios y extraños, todo lo pueden hacer: desde magia blanca y negra, hasta mejorar la salud, encontrar el amor y un buen trabajo.

"La gente viene por 3 motivos: el amor, el dinero y la salud. Así en ese orden. Yo en cierta forma me hago llamar guía espiritual. No tengo un compromiso exclusivo con ninguna deidad", explica Enrique Marthen, uno de los 6 reconocidos brujos mayores en toda la historia de Catemaco.

Muchos pobladores aseguran que la magia existe y que los trabajos realizados por los curanderos de Catemaco son reales. La fama que ha alcanzado esta ciudad atrae a turistas de México y el mundo, quienes están dispuestos a intentar los rituales necesarios con tal de solucionar sus problemas. Se trata de un lugar místico que desafía la lógica al celebrar la brujería.