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Aceite de palma, azúcar, alimentación ecológica... ¿Es posible comer sano sin arruinarse?

Publicado: 16 jun 2017 13:13 GMT | Última actualización: 19 jun 2017 08:23 GMT

Entrevista a María Teresa Barahona, médico estético experta en Nutrición, sobre el mercado de la alimentación.

Aceite de palma, azúcar, alimentación ecológica... ¿Es posible comer sano sin arruinarse?
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El mercado de los alimentos ha cambiado mucho en los últimos años. Cada vez es más frecuente que los establecimientos y las tiendas nos ofrezcan nuevos productos que aspiran a sustituir o convivir con otros de consumo más habitual. Bebidas vegetales para no abusar de la leche de origen animal, toda una gama de edulcorantes para evitar el consumo de azúcar, aceites o sales especiales, y así hasta un sinfín de alimentos diferentes que suelen guardar una característica común: se presentan al consumidor como productos más saludables con el coste añadido que suelen conllevar.

A este nuevo mercado de la alimentación hay que añadir una concienciación cada vez mayor por todo lo que comemos, además de todos los artículos y reportajes que diariamente se dedican a este tema sobre la necesidad de que dejemos de consumir ciertos productos o los beneficios de tomar otros. ¿Sumarse a estas modas significa alimentarse de forma más sana?, ¿es necesario dejarnos el sueldo en la cesta de la compra?, ¿en qué consiste una dieta saludable? María Teresa Barahona, médico estético experta en Nutrición, ha charlado con RT sobre estos temas.

RT: El consumo de ciertos alimentos especiales cada vez es más frecuente entre la población, ¿es necesario incluirlos en nuestra dieta para  alimentarnos de una forma más sana?

M.T.B: Yo lo consideraría como un consumo particular. Por ejemplo, los edulcorantes son muy válidos cuando una persona tiene tendencia al sobrepeso, tiene obesidad o es diabética. En estos casos, es un complemento casi imprescindible o cuanto menos muy necesario.

El consumo de sales especiales, como la del Himalaya, experimenta un fuerte crecimiento

Otros productos como, por ejemplo, la sal del himalaya, responden mucho más a un capricho que alguien pueda tener o que le apetezca consumir. Pero su consumo no está directamente relacionado con una dieta saludable. Es decir, se puede tomar sin problema la habitual sal yodada. Lo importante es limitar su consumo por cuestiones de salud, sobre todo en pacientes que puedan tener alguna patología como hipertensión o una enfermedad cardiovascular.

RT: ¿Y qué opinas de la actual guerra contra el azúcar?

M.T.B: A mí me parece muy bien que se comience a prestar atención a todo, porque es así como se va creando una educación nutricional en la población. Siempre que no se consuma en exceso, podemos tomar azúcar. El problema es que hay muchos productos en el mercado que llevan azúcar y que lo desconocemos.

Es muy importante aprender a leer las etiquetas de los alimentos y, fundamentalmente, fijarse en cuatro cosas: los hidratos de carbono, y entre ellos los azúcares, lasgrasas saturadas, lasal y lascalorías totales. Con estos cuatro datos, bien entendidos, podemos comprar lo que queramos, no lo que la publicidad nos quiere vender. Y esto hay que tenerlo muy claro: la publicidad está hecha para vender, no para informar. Tenemos que ser nosotros quienes dediquemos unos segundos a leer las etiquetas de los alimentos.

Azúcar, uno de los alimentos que cada vez más está siendo sustituido por otros edulcorantes

Muchas veces, por la imagen que ofrecen estos productos, parece que son muy saludables y dietéticos, pero luego resulta que estamos tomando un producto que tiene más calorías, más sal o más azúcar que otro producto similar que, además, me gusta más, cuesta menos y tiene menos calorías, sal o azúcar. Hay que evitar hacer la compra por la imagen de los productos.

RT: Otro producto del que últimamente habla todo el mundo es el aceite de palma, ¿es tan dañino para la salud?

M.T.B: Hay cosas que de repente salen a la luz por un artículo o por un reportaje que se ha hecho, pero no podemos estresarnos y decidir que a partir de ese momento nunca jamás lo vamos a consumir. Está claro que el aceite de palma no es un aceite saludable, hay otras grasas que son mucho mejores para la salud.

Aceite de palma, presente en la mayoría de la bollería industrial y la comida pre-cocinada

Pero lo cierto es que el aceite de palma está fundamentalmente en la bollería industrial y en los alimentos pre-cocinados, y son estos alimentos los que no son beneficiosos para la salud, pero no solo porque lleven aceite de palma. Es decir, limitando o evitando el consumo de la bollería industrial y los alimentos pre-cocinados, estamos limitando o evitando también muchas grasas saturadas, mucha sal y mucho azúcar, y no solo el aceite de palma.

RT: Y los productos ecológicos, ¿los recomiendas a tus pacientes?

M.T.B:  Yo no los tengo muy en cuenta porque no son accesibles para la mayoría de la población. Es decir, se encuentran en pocos sitios y, además, son más caros. Lo importante es que la gente sepa que tiene que comer fruta, por ejemplo, y si es ecológica mucho mejor.

RT: ¿Hay algún tipo de alimento que no deberíamos consumir?

M.T.B:  No hay alimentos buenos ni alimentos malos. Hay alimentos más o menos saludables. Siempre y cuando la persona no tenga ningún tipo de patología, hay alimentos que te debes permitir esporádicamente por "salud psicológica". Yo siempre les digo a los pacientes que "ni nunca ni siempre, ni todo ni nada".

Por ejemplo, "¿tengo que eliminar las patatas fritas porque son 'pecado'?" Por supuesto que no, lo que no pueden es formar parte de nuestra alimentación diaria. Pero si un día me tomo una cerveza o bebo un refresco en una terraza con unas patatas, eso es "salud psicológica", que está muy ligada con la "salud física".

Las patatas fritas no son un alimento prohibido, solo hay que limitar su consumo

Por tanto, restricciones cero, porque tienen siempre el efecto contrario. Y esto es muy importante, todo lo que se prohibe se va a mantener durante un periodo limitado. Lo que hay que hacer es aprender a decidir cuándo vale la pena y cuándo no, y evidentemente, dentro de una alimentación saludable. Yo siempre digo que más vale el 70% bien toda la vida, que el 100% un mes. Con lo cual ese 30% entre comillas que nos queda, da para mucho. Me da para un día tomarme unas patatas fritas, otro un croissant y otro unos bombones. Lo que no puedo hacer es tomar todos los días patatas fritas, croissant y bombones.

RT: ¿Tan importante es la psicología?

M.T.B: La alimentación y la psicología van íntimamente ligadas. Hay una salud física y una salud psicológica, y hay hambre física y hambre psicológica. No solo es comer por hambre física, sino también por hambre psicológica, lo que significa preparar bien el plato, poner la mesa y, por ejemplo, no leer el periódico o enviar mails mientras comemos. Todo esto tiene una atención psicológica que a largo plazo va a ser importantísima: voy a tener una buena relación con la comida, voy a disfrutar de la comida y todo ello sin tener los efectos secundarios de comer exageradamente o de tener que gratificarme solo con la comida.

RT: ¿Crees que hay una relación directa entre un alimento saludable y su precio?

M.T.B: Para nada. Yo puedo hacer una compra, no quiero decir barata, pero sí muy asequible o de precio normal, con productos absolutamente saludables. Me voy a un mercado, compro fruta, verdura, pescado... Por supuesto, todo tiene que ser de temporada, no puedo comprar fresas en diciembre y manzanas en agosto, porque son carísimas. Pero si yo adquiero productos de temporada en el mercado de mi barrio, sin duda que puedo tener una alimentación saludable a un buen precio.

Evidentemente, hay modas, pero como en todo, no solo en la alimentación. Y las modas son para vender productos para cierto público que pide cosas diferentes, y eso está muy bien. Pero "más caro" no es sinónimo de saludable.

RT: Por tanto, ¿es posible comer sano sin arruinarse?

M.T.B: Absolutamente. Lo primero que hay que tener en cuenta es que una dieta saludable es sinónimo de dieta Mediterránea; es decir, en el caso de España, son los productos de nuestra huerta y de nuestra producción. Por ejemplo, las frutas, las verduras, las legumbres, la carne, el pescado, la leche, el pan y el aceite de oliva, que no son caros porque son comunes y tienen precios asequibles en el mercado.


María Jesús Vigo Pastur

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