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Las más sorprendentes aficiones de los gobernantes rusos a lo largo de la historia

Publicado: 16 ago 2017 06:31 GMT

La persona puede ser juzgada no solo por su vestimenta o la forma de tratar a los demás, sino también por sus aficiones, afirman los psicólogos.

Las más sorprendentes aficiones de los gobernantes rusos a lo largo de la historia
Pedro el Grande, refconocido maestro en carpintería que la estudió trabajando en astilleros en Países Bajos.
Wikipedia
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Tal y como Federico II de Prusia fue conocido por su talento como jefe militar y no por su maestría y sensibilidad tocando la flauta, existen diferentes monarcas y gobernantes de Rusia con sorprendentes aficiones que, en ocasiones, contradicen totalmente la imagen que de ellos se tenía y ha quedado en la historia.

1. Iván el Terrible (1530-1584)

Iván el Terrible, pintor Iván Bilibin. / Wikipedia / Ivan Bilibin

La afición de Iván IV no era solo torturar y degollar. En su tiempo libre, este monarca, quizá más cruel de aquella cruel época, estudiaba las estrellas del cielo y era un apasionado del ajedrez.

Tan grande era su afición a este juego, que en el momento de su fallecimiento, el 18 de marzo de 1584, se dirigía precisamente a jugar una partida.

Además, este zar, brillante orador, filósofo, escritor y amante de la literatura, poseía una de las más ricas bibliotecas de la época. Esta desapareció misteriosamente y todavía los investigadores continúan buscándola.

2. Pedro I (1672-1725)

Pedro el Grande. / Wikipedia

Pedro el Grande tenía una energía irreprimible. El fundador de San Petersburgo no solo la gastó en la transformación de Rusia, sino también en muchas tareas diferentes. El zar hacía relojes, le encantaba la carpintería, se encargaba de la plantación de árboles y participaba personalmente en la extinción de incendios, el rescate de personas durante inundaciones e incluso sacaba muelas a enfermos. Su implacable interés por la vida incluso le llevó a acompañar a médicos mientras practicaban autopsias.

Pedro I tenía una enorme colección de monedas, de curiosidades naturales y hasta de piezas de artillería [la cual dio origen al enorme Museo de Artillería de San Petersburgo]. Las curiosidades naturales que reunió, entre ellas un amplio surtido de fetos humanos y animales con anomalías anatómicas, se transformaron en el germen de lo que hoy es el Museo de Etnografía, situado en la antigua capital del Imperio ruso.

3. Pedro III (1728-1762)

Pedro III, amante de ejercicios de formación de soldacdos, rodeado por soldados de guardia de origen alemán. / Wikipedia

Este emperador ruso, esposo de Catarina la Grande (y derrocado por ella misma), no brillaba por inteligencia, y tenía aficiones que podrían calificarse como poco apropiadas para su cargo. Incluso en la edad adulta, el rey se dedicaba a jugar con soldados en miniatura. Un día, el zar colocó sus tropas de juguete y se marchó. Cuando regresó, se dio cuenta de que tres soldados, hechos de almidón, habían quedado 'mutilados', ya que un ratón les había comido sus extremidades. Preso de la furia, Pedro III exigió a atrapar al atrevido roedor y... ahorcarlo. Esto lo contó la propia Catarina la Grande en sus memorias.

Con el tiempo, Pedro III añadió otra pasión a su afición por los soldaditos: la de las bebidas alcohólicas.

4. Nicolás I (1796 - 1855)

Despacho de Nicolás I. / Wikipedia

Nicolás I tenía una afición bastante sorprendente. Este severo y muy disciplinado emperador resultaba tener una vocación… la de diseñador de moda. A menudo se sentaba en su escritorio y dibujaba uniformes militares, e incluso bajaba a perfeccionar estas ropas a los talleres donde la confeccionaban las costureras. Los uniformes diseñados por Nicolás I fueron de obligado uso no solo para los militares, sino también los cortesanos de la época.

5. Vladímir Lenin (1870-1924)

Vladímir Lenin. / Rozhdestvenskiy / Sputnik

La primera pasión de Vladímir Ilich Uliánov fueron las bicicletas. El líder del proletariado podía rodar sobre dos ruedas durante horas: por las montañas, por las calles, por los parques. Una vez, paseando en bicicleta por las cercanías de París, la bicicleta del revolucionario fue destrozada por un coche ["Pude saltar de la bicicleta antes", recordó Lenin]. "Los testigos me ayudaron a anotar el número del coche (...) Me enteré de quien es su propietario y ahora lo he denunciado ante la corte a través de un abogado (¡maldito vizconde!). Espero ganar", escribió después Lenin. ¡Y ganó!

Además de las bicicletas, le interesaban los coches, especialmente las marcas francesas. Otra fascinación de Lenin fue la caza.

6. Yuri Andrópov (1914-1984)

Yuri Andrópov. / Yuryi Abramochkin / Sputnik

A pesar de su carácter 'cerrado' y aspecto sombrío, Yuri Andrópov, el breve secretario general del partido comunista de la URSS y durante muchos años jefe del KGB, era un romántico y escribía poesías bajo seudónimo. Sus versos solían ser tristes y líricos, pero estando de buen humor, el líder comunista podía añadir incluso epigramas obscenos.

Cuando Andrópov fue designado como jefe de KGB, de inmediato escribió un epigrama al respecto, explicando su consentimiento de encabezar este organismo con "…si no fuera por amarga lección húngara". Se refería a la sublevación anticomunista en Hungría en 1956, que tuvo lugar cuando Andrópov era embajador en Budapest y fue testigo del ahorcamiento de comunistas en las calles de la capital húngara, justo enfrente a la embajada soviética.

7. Vladímir Putin

Vladímir Putin. / Aleksey Nikolskyi / Sputnik

El actual líder ruso es conocido por afición a varias modalidades de deporte: es maestro en judo y sambo (excampeón de Lenigrado, actual San Petersburgo, en ambas modalidades). Otras aficiones suyas son el esquí alpino, el hockey sobre hielo y otros deportes.

"Es posible que Vladímir Putin disfrute del esquí alpino y lo haga públicamente porque quiera servir de ejemplo a las personas y fomentar un estilo de vida saludable. O, a la inversa: al presidente le encanta hacerlo y lo haría con mucho gusto en un lugar dónde no le viera nadie, pero eso no es posible", explica el  conocido psicoterapeuta ruso Alexander Poleyev.

Eugenio Smirnov

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