Matar a 58 y herir a 500 en 12 minutos: Cómo las masacres enriquecen la industria de las armas

Menos de 12 minutos. Eso fue suficiente para que una sola persona pudiera quitarles la vida a 58 ciudadanos y dejar más de 500 heridos de bala. Fue el tiroteo más mortífero de la historia de Estados Unidos y ocurrió en Las Vegas, en el festival Route 91 de música country, con 22.000 asistentes, el domingo 1 de octubre.

El tirador tenía en su poder 42 armas, además de explosivos y cientos de municiones: 23 en la habitación del hotel desde donde disparó contra la multitud, el resto en su casa; algunos rifles que pueden penetrar el blindaje policial y 12 modificadas con un aditamento ('bump-stock') para convertirlas en automáticas y hacerlas capaces de disparar hasta 300 balas por minuto sin tener que despegar el dedo del gatillo. Otro factor que hizo más letal esta tragedia es que, mientras en otros estados para esas armas venden legalmente cargadores de 10 o 30 municiones, en Nevada es legal adquirir armas de asalto y cargadores de alta capacidad, algunos de los cuales pueden contener hasta 100 cartuchos de munición. Un arsenal que Stephen Paddock consiguió de manera legal.

Los cargadores de alta capacidad han estado presentes aproximadamente en la mitad de los tiroteos de masas en EE.UU., pero las autoridades investigan la procedencia de estas armas y municiones recién ahora, después de la masacre. ¿Cómo se acumula ese pequeño arsenal sin que nadie se dé cuenta? Posiblemente sin problemas, dado que el asesino era un hombre blanco, que no pertenecía a ninguna de las minorías 'sospechosas', aunque sean los varones blancos de clase media los que han perpetrado la mayoría de este tipo de masacres. En los más de 200 tiroteos en escuelas que han acontecido desde el 2013, los estudios apuntan que los tiradores son en un 97 % hombres y 79 % blancos. Otro recuento de asesinatos en masa con armas de fuego desde 1982 que realiza Mother Jones apunta que el 54 % de los crímenes los realizaron hombres blancos.

Pero no, los hombres blancos no son sospechosos. Paddock no encendía ningún foco rojo. Además, en Nevada está permitido portar armas en público, pero ¿cómo se introducen 23 armas en una habitación de hotel sin que nadie repare en ello? O quizá alguien se dio cuenta pero pensó que era "un buen hombre armado"... los únicos que pueden detener a los verdaderos criminales con armas.

La discusión no son las armas ni su legislación. Eso lo haremos en algún momento, según dijo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Lo que sí aseguró enfáticamente es que estaban lidiando con un "hombre enfermo, un hombre demente… un individuo muy, muy enfermo".

Los medios de comunicación no ayudan al sugerir y adivinar las razones del agresor para llevar a cabo esta masacre: deudas de juego, que encontraron medicinas en su casa o que su padre era un asaltabancos psicópata que estuvo entre la lista de los más buscados entre 1969 y 1977, arrestado cuando Paddock tenía 7 años. 

Presentar al agresor como un enfermo mental, desequilibrado, cuyo caso responde a circunstancias aisladas, no solo es justificar el crimen, señalarlo como un evento único, excepcional y fuera de control, sino ignorar las causas estructurales para que sigan sucediendo este tipo de tragedias, evitables.

Si, evitables. Evitables como lo demostró que, tras la masacre de Port Arthur en Australia, cuando 35 personas fueron asesinadas y 23 heridas, el Primer Ministro John Howard anunció una profunda reforma en el acceso a armas, donde su uso era parte de la tradición rural. ¿El resultado? Una reducción en un 59 % en los homicidios con armas de fuego. Las políticas públicas sí cambian las realidades.

No importa si Paddock tenía una enfermedad mental o no, si tiene un trauma de la infancia o si parecía un tipo normal, lo que importa es que no habría podido matar a tanta gente si no hubiera tenido acceso a armas de alto poder de forma legal.  

No obstante, será imposible llevar a cabo esta discusión que impacta en Estados Unidos y en el resto del mundo ―particularmente en México, que es frontera― mientras la Asociación Nacional del Rifle (NRA) siga teniendo el control de quien legisla: New Hampshire, Massachusetts, Connecticut, Rhode Island, Delaware, Hawái y Washington D.C. son los únicos estados norteamericanos cuyos representantes en el Congreso no han recibido donaciones de la NRA. Esta organización ha donado a los congresistas vigentes más de 3,5 millones de dólares.

Los tiroteos no se van a detener discutiendo las motivaciones de los asesinos. Lo que sabemos es que cada masacre no nos acerca a una mejor legislación sobre las armas de fuego, porque cada una de estas tragedias incrementa las ventas de armas y hace más ricos y más influyente a la industria de las armas, la cual a su vez financia campañas políticas y presiona políticamente para seguir posicionando productos que se han hecho para causar daño y muerte. No nos confundamos, el problema es el acceso a las armas.

Magda Coss

@magdacoss

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