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El poder de la lágrima ¿Lloran más los hombres porque los líderes dejaron de esconder sus emociones?

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El diario alemán Die Welt analiza el aumento de casos de políticos que lloran en público, llegando a conclusiones inesperadas.
El poder de la lágrima ¿Lloran más los hombres porque los líderes dejaron de esconder sus emociones?

"La gente observa fascinada cómo, de un tiempo a esta parte, casi cada semana, un hombre poderoso es presa del llanto públicamente en algún lugar", escribe la periodista Sarah Maria Brech, del diario alemán Die Welt, en su nuevo artículo. Tras recordar que hace solo unos años un político solo lloraba en casos "excepcionales", Brech se pregunta sobre el significado de estas lágrimas y el reciente aumento de estas efusiones lacrimosas entre los poderosos.

Entre los casos más destacados Brech destaca varios discursos pronunciados por el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, durante los que empezó a llorar, como cuando se disculpó en nombre de su país ante los pueblos indígenas de Terranova y Labrador por el internamiento forzoso de niños en diversas residencias escolares durante tres décadas. O como cuando se disculpó por la discriminación en su país de personas pertenecientes a la comunidad LGBT, o habló sobre la muerte del cantante Gorn Downie.

Asimismo, la periodista recuerda que los expresidentes de EE.UU. Barack Obama y Bill Clinton también se atrevieron a llorar en público. Por ejemplo, Obama se emocionó hasta las lágrimas en un discurso pronunciado tras el tiroteo ocurrido en 2012 en una escuela primaria de Newtown, Connecticut, al igual que hizo posteriormente con motivo de otras matanzas masivas o en su último discurso presidencial. Por su parte, Clinton no pudo contener la emoción tras la elección de su esposa Hillary como candidata demócrata a la Presidencia de EE.UU. el año pasado, apareciendo también con lágrimas en los ojos después de votar por ella.

"Es verdad que la situación ha cambiado"

"Creo que, de hecho, se produce aquí un cambio que está vinculado con la disolución de los roles rígidos" de ambos sexos, asegura a Die Welt el psicólogo Uwe Waldmann. Según su opinión, hay casos en los que los hombres "abogan por expresar su emocionalidad" y se vuelven por eso más populares y generan más aceptación entre las mujeres.

Otro experto, Peter Thiel, sostiene que los políticos prestan mucha atención a las tendencias del 'mainstream' y subraya que "los ministros pueden a menudo ser homosexuales", por lo que se atreven a llorar públicamente. "Sin embargo, esto funciona solo si antes encajaban con la imagen de hombre moderno y mostraban una cierta ternura, como por ejemplo Justin Trudeau", explica.

"Esto amenaza la identidad y causa miedo"

Un estudio llevado a cabo por científicos británicos mostró que uno de cada cinco hombres cree que expresar sus emociones públicamente es una señal de debilidad y que cualidades como la fuerza o la racionalidad son atributos fundamentales de su identidad, comenta Waldmann. En este sentido, conjetura que para ellos "renunciar a estas cualidades amenaza su identidad y causa mucho miedo".

Y este temor no les infundado, recalca Sarah Maria Brech, recordando que una investigación realizada en 2016 por un equipo de científicos de la Universidad de Arizona (EE.UU.) mostró que en un hombre llorando en su lugar de trabajo es percibido de forma más crítica por representantes de ambos sexos que si es una mujer la que llora. Otro sondeo reveló que en Alemania casi la mitad de los hombres cree que no se pueden permitir llorar públicamente. Sin embargo, una encuesta realizada en 2016 por el canal norteamericano de televisión Universal Channel reveló que los encuestados creen que la probabilidad de que rompan a llorar públicamente es 2,5 veces superior, en comparación con sus padres.

¿Lloran los políticos para manipular a la gente?

Uno de los efectos del llanto es que conmueve a otras personas. Por ejemplo, cuando una mujer llora, indica al entorno que se encuentra débil e indefensa, y si un futbolista cae y no puede contener las lágrimas en el campo de fútbol, otro jugador llega para ayudarle, explica Thiel. En este sentido, se podría decir que se puede controlar a la gente a través del llanto, algo que resultaría muy útil en el ámbito político. Sin embargo, Thiel y Waldmann no creen que sea el caso.

Aunque muchos políticos son "buenos actores", Thiel duda que "sea tan grande su potencial artístico que puedan verter lágrimas públicamente en un momento necesario". Waldmann sostiene que las emociones pueden a veces resultar "peligrosas" para los hombres por ser "incontrolables". "Precisamente, en los cargos públicos esto sería peligroso, porque se trata más a menudo del mantenimiento del control", matiza.

Por ejemplo, si durante la crisis relacionada con los refugiados la canciller alemana Angela Merkel hubiera aparecido ante sus simpatizantes "llorando y arracándose el pelo", se habría generado mucha preocupación, opina Thiel, recalcando que su lema 'Lo lograremos' funcionó "mejor".

RT