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Los hombres que bailan con faldas: ¿Quiénes son los herederos del 'efecto Juan Gabriel'?

Publicado: 10 ene 2018 18:37 GMT | Última actualización: 19 ene 2018 15:40 GMT

Hace seis años, el bailarín Carlos Antúnez tuvo una idea provocadora que se convertiría en una de las compañías más vistosas de México, una que traviste la danza tradicional mexicana y adoba la escena cultural del país que parió al Divo de Juárez: se consideran sus herederos.

Los hombres que bailan con faldas: ¿Quiénes son los herederos del 'efecto Juan Gabriel'?
Es una compañía conformada en 2011 por el maestro Carlos Antúnez.
Cortesía México de Colores
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El mayor conflicto que tuvo el profesor Carlos Antúnez el año pasado fue el día de su boda: todos los bailarines de la compañía que dirige querían ir a la ceremonia vestidos de mujer.

"¡Yo les dije que no, que ni se les ocurriera!", cuenta él y se ríe mientras sorbe una taza de ponche de frutas asida en la mano donde luce su anillo de recién casado. Antúnez es bailarín, es coreógrafo, trabajó con Juan Gabriel "hasta el último día de su vida" y es gay. Todos los que bailan en su compañía lo son.

Presentación de México de Colores. / Cortesía México de Colores

"En 2011 me invitaron a dar un espectáculo de temática gay en la UNAM. Yo no tenía plan, ni sitio para ensayar, ni nada, pero nos ideamos cuatro coreografías y me prestaron todo. El recibimiento de la gente fue tan generoso que me dijeron: 'maestro, esto no puede parar aquí'". Así nació México de Colores, una agrupación con más de 300 presentaciones y giras internacionales incluidas que, con humor, ha travestido la danza tradicional mexicana y puesto en tacones a muchas masculinidades.

"Que no me digan maestra"

La humanidad de Antúnez cabe en más de 1,80 de estatura. Tiene los brazos torneados, el torso bronceado y una edad que se esconde, esquiva, en los rasgos altivos de un típico integrante del Ballet Folclórico de México Amalia Hernández, la compañía a la que acude los lunes y miércoles para hacer pedacitos los sueños de montones de bailarines.

Porque él, como una suerte de Osmel Sousa mexicano, es el que le dice a los bailarines que toda su vida han soñado pertenecer al ballet de Amalia que no, que están muy chaparritos, que están muy gorditos, que les faltan algunos centímetros, que les sobran cachetes. "Es que tenemos un estereotipo muy definido para los integrantes de esta agrupación y sé que no puedo admitirlos", se excusa. 

La existencia de México de Colores le permite, de alguna manera, tener un espacio para reivindicarse después de su papel de villano: "Aquí muchos de esos muchachos que no logran entrar al ballet de Amalia o a otras compañías tienen la oportunidad de bailar, de explotar su potencial artístico".

Mezclan la danza tradicional mexicana con elementos de temática gay. / Cortesía México de Colores.

Aunque ha sido abiertamente gay desde hace muchos años, Antúnez confiesa que hasta la creación de México de Colores su entorno había sido casi siempre entre heterosexuales. Por eso no manejaba los códigos de los jóvenes que ahora integran su compañía: se tratan en femenino, se hacen bromas, juegan a maquillarse y alguna vez le quisieron llamar "maestra". "¡No te puedo contar la cara que puse!", exclama indignado y suelta una carcajada.

"Aquí nos van a matar"

Supongamos que estamos en un país donde hubo revuelo porque un artista gay cantaba con traje de mariachi, supongamos que estamos en Latinoamérica y que el estigma contra la homosexualidad está casi intacto. Supongamos que varios hombres se ponen faldas y aletean telas vaporosas al ritmo de música tradicional en la cuna de los "meros machos" Jorge Negrete y Pedro Infante.

"Sí, existía un temor verdaderamente grande por saber si nos iban a bajar del escenario cuando nos presentáramos y afortunadamente eso jamás ha sucedido", admite Julio Cesár Fuentes, bailarín de México de Colores y mano derecha del maestro Antúnez. A él, incluso, le costó varios meses la decisión de salir vestido de mujer: "Aunque estaba listo y había ensayado, no me atrevía a mostrarme en público".

El episodio que probablemente les dio confianza ocurrió en Iztapalapa, una de las zonas populares y "duras" de Ciudad de México. En 2012 los invitaron a una función por el día de la danza en un polideportivo rodeado de canchas de fútbol y el maestro Antúnez, al ver la locación, se decía para sus adentros "aquí nos van a matar". Como no había camerinos, se maquillaron a la vista de todos, se enfundaron los vestidos, se calzaron los tacones y empezaron la presentación. 

La compañía ha realizado más de 300 funciones en México y en países de América Latina y Europa. / Cortesía México de Colores

"De repente se empezó a juntar la gente alrededor de nosotros como con cara de '¿qué es esto? ¿son hombres o son mujeres?', pero al rato había viejitas emocionadas y nos aplaudían todos. Un señor, que es el que más recuerdo porque tenía aspecto de ser de esos tipos súper machos con sombrero, nos gritó al final: '¡Eso sí es tener huevos!'. Allí se rompió una barrera y yo descubrí el poder que tenía el mensaje que estábamos inventando porque a nadie le importaba si éramos o no gays, nos veían como artistas".

"Ahí están estos maricones"

Cuando Jacob Soto estuvo al filo del escenario se moría de miedo. "Mi familia es muy tradicional y mi papá es súper machista, imagínate, yo estaba muy nervioso". Pero salió, bailó y se sintió inmenso. Hoy, su padre es uno de los entusiastas de la compañía.

"Es que la preferencia sexual solo define la preferencia sexual. No define si alguien es buena o mala persona, si está apto para algo o no. Nosotros somos artistas y queremos ser valorados por eso", asevera Antúnez mientras recuerda la experiencia con Santiago Méndez, un niño de Dallas, Texas, que bailó el año pasado junto a la compañía en el Teatro de la Ciudad de México.

La historia de Santiago no solo sorprendió al maestro sino también a sus padres, que al principio no podían entender por qué su hijo se empeñaba en querer vestirse de niña para danzar: "Su mamá insistió en verse conmigo a pesar de que yo la rechacé varias veces diciéndole que no trabajaba con niños. Cuando lo vi bailar todo nuestro repertorio con tanta destreza, me quedé sin palabras". 

El humor es el elemento que unifica la variada temática que abordan los bailarines en el escenario. / Cortesía México de Colores

"Su papá me cuenta que se enojó mucho cuando revisó la computadora del niño y vio que estaba suscrito al canal de Youtube de México de Colores. Ya me lo imagino diciendo 'ay, claro, está viendo a estos maricones', pero al final entendieron el asunto, hablaron con psicólogos y se decidieron a apoyar el talento de su hijo. Yo no lo invité porque era un niño que bailaba con falda sino porque es un gran artista".

Exfoliante de consciencia

Jesús Martín Galván es un bailarín formado en la escuela de danza folclórica, que forma parte del equipo. El maestro Antúnez machaca que él es de los "tradicionales-tradicionales", porque si hay algo que caracteriza al baile en México es su cuidada segmentación: "Los grupos no se conectan ni se reconocen entre sí, son muy puristas. Pero aquí hemos roto bastante eso".

Tanto que Jesús se siente, ahora, verdaderamente libre: "Aquí entendí que se podía hacer más con el folclor tradicional, que no solamente es para que las niñas se vean bonitas y los hombres rompan tarimas, que es un lenguaje artístico que sirve para hablar de otras cosas, no solo de las fiestas de pueblo, del bautizo, de la boda. Es padrísimo".

Esa libertad para abordar temas como la discriminación a los gays en la iglesia, la hipocresía del machismo exacerbado en México y hasta las alegorías a la sociedad prehispánica quizás sean consecuencia de la multifacética vida de su director: "Yo siempre hice de todo. Mostraba mi cuerpecito en la zona rosa de la ciudad, fui 'go-go dancer', he trabajado en publicidad, soy profesor y he formado parte de varias compañías. No me encasillo". El hilo invisible que une todo, asegura, es el humor.

Su director considera que la aceptación de la agrupación se debe al 'efecto Juan Gabriel'. / Cortesía México de Colores

Cada uno de los números de México de Colores empieza con un texto en clave de chanza para distender al público. Antúnez hizo una labor de investigación sobre los refranes populares mexicanos que aluden a la homosexualidad para desnudarlos, desacralizarlos y, por qué no, confrontarlos: "La gente llega, se ríe y cuando termina la función, sé que ya les cambió algo. Eso es más efectivo que cualquier conferencia sobre diversidad sexual. Hasta yo mismo he derribado prejuicios contra mi propia comunidad, es como un exfoliante de consciencia".

Los herederos 

Luis Fierro lleva las comunicaciones de la compañía y sabe que al maestro no le agrada demasiado cuando la gente identifica a México de Colores como una agrupación de folclor mexicano. "¡Es que no lo es!", insiste Antúnez, "se trata de danza que utiliza elementos tradicionales para contar otras historias. Ya el hecho de que sean hombres travestidos le da otro sentido a lo que hacemos y nos da libertad para romper las reglas".

Se consideran un grupo de danza mexicana y, según su director, el trabajo de la compañía funciona también para soltar algunos fardos: "Yo sé que muchos gays, en el fondo, tienen el temor de no 'estar en lo correcto' si aceptan sus preferencias sexuales. Un primo mío, homosexual, murió hace muchos años y mi tía me confesó que su mayor temor era que su hijo se hubiese ido al infierno. Yo quiero que quien venga a vernos entienda que no hay que sentirse culpable, que el amor es para todos y que cada quien le haga como quiera".

Antúnez ya dejó de preocuparse por el día en que alguien los rechace en el escenario pero, sin dudarlo, sabe a quien agradecerle esa tranquilidad: "Mira, si no hubiese existido una figura como Juan Gabriel en este país, no podríamos tener la apertura de la que gozamos ahora. Falta mucho, pero también hemos avanzado mucho. Realmente, somos sus herederos".

Nazareth Balbás

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