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Así fue el horrorífico método del "monstruo de la soga", el asesino de mototaxistas en Colombia

Publicado: 20 abr 2018 22:41 GMT

Torturó y mató a 60 personas en un lapso de cinco años, siempre de similares características y en diferentes departamentos colombianos.

Así fue el horrorífico método del "monstruo de la soga", el asesino de mototaxistas en Colombia
Imagen ilustrativa
Pixabay / ArtWithTammy
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Luis Gregorio Ramírez Maestre es un asesino en serie de Colombia, que se ganó el alias de "el monstruo de la soga" por la manera en que mató a más de 60 personas en diversos lugares de Colombia.

Su macabro método consistía en atar a sus víctimas, vivas, con una serie de complejos nudos, reseña el portal NotiAmérica. Les ponía alrededor del cuello una soga corrediza que se extendía hasta los tobillos, de forma tal que las piernas quedaran elevadas en un ángulo de 45 grados, sin ningún punto de apoyo; así, para no ahorcarse, la víctima debía evitar bajar las piernas, ya que al hacerlo se tensionaba la cuerda alrededor del cuello. Pasadas unas horas, las personas no resistían el esfuerzo, dejaban caer las piernas y morían lentamente por asfixia.

Ramírez asesinó en los departamentos colombianos de César, Santander, La Guajira, Norte de Santander y Magdalena, y lo hizo de forma selectiva. Todas sus víctimas fueron mototaxistas, personas que ofrecen servicios de taxi pero en motocicletas. Todos fueron hombres, con edades entre los 19 y 30 años; ninguno medía más de 1,70 metros de estatura ni pesaba más de 60 kilos. Eso, quizá, con el fin de poder someterlos fácilmente.

Su modus operandi consistía en establecerse en alguna de esas regiones, donde montaba una tienda de reparación de motocicletas. Se ganaba la confianza de sus clientes y luego, bajo cualquier excusa, les pedía que lo llevaran a algún lado.

En el camino, aprovechando su posición en la parte trasera de la moto, apretaba la garganta de sus víctimas y los asfixiaba hasta hacerlos perder el conocimiento, sin asesinarlos. Cuando la víctima despertaba, se encontraba amarrado con los complejos nudos que Ramírez les hacía: ya no había escapatoria.

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