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El pueblo perseguido por sus raíces rusas durante la última dictadura de Uruguay

Publicado: 25 jun 2018 15:02 GMT | Última actualización: 25 jun 2018 15:41 GMT

Los sobrevivientes recuerdan a las víctimas asesinadas "por portación de apellido" a manos de los militares.

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San Javier es una pequeña localidad de Uruguay cuyos habitantes —descendientes de 300 familias rusas que emigraron en 1913— fueron ferozmente perseguidos por la última dictadura del país sudamericano (1973-1985), que los acusó de adeptos al comunismo y de subversivos por el mero hecho de su origen. RT conversó con los sobrevivientes de la represión y recoge la historia de este pueblo, que busca ahora recuperar sus tradiciones y su cultura.

"Acá en San Javier dormían vestidos", recuerda Víctor Macarov, uno de los residentes locales. Y explica: "Porque no sabían en qué momento de madrugada les venían a patear la puerta y a llevárselos". El hombre detalla que él mismo fue detenido a los 18 años "por portación de apellido", considerado como prueba de delito por las autoridades militares.

La última víctima

Un nombre en particular se mantiene en la memoria colectiva de San Javier como símbolo de injusticia e impunidad y como deuda de la democracia. Es el de Vladímir Roslik, un médico sin participación política recordado por convertirse en la última víctima de la persecución.

"Lo sacaron de casa cuando estábamos durmiendo, se lo llevaron encapuchado y esposado" relata María Zabalkin, viuda de Roslik. Y continúa: "A las 24 horas fui a buscarlo y ya estaba muerto".

En su obsesión con el comunismo, los militares para ese entonces ya habían quemado cuadros y documentos en el pequeño centro cultural de la comunidad rusa. En 1984, los agentes de la dictadura allanaron la biblioteca de Roslik y utilizaron los títulos escritos en cirílico encontrados allí como prueba para su detención, tortura y posterior asesinato.

Una persecución étnica

Todos las obras incautadas comprendían libros de anatomía, de modo que "si hubieran puesto un traductor", los represores hubieran visto que esos volúmenes no eran material subversivo, sino que "eran libros de estudio", precisa la mujer. E insiste en que "fue una persecución étnica", ya que "se llevaron a toda la gente con apellido ruso", mientras que "había gente comunista que era gente de apellidos criollos" y no fueron arrestados.

En la actualidad, esta pequeña población vuelve a levantarse lentamente y encuentra sostén en el reconstruido centro comunitario, que lleva el nombre del escritor ruso Máximo Gorki para mantener vivas, con orgullo y sin temores, las tradiciones que la vinculan con la lejana patria de sus abuelos.

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