De los más de 11.300.000 habitantes que tiene Bolivia, 69,4 % viven en las áreas urbanas, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) del país, un número que ha ido creciendo en los últimos años, de acuerdo a datos de la misma institución, que en 2012, cifraba en 67,3 % a quienes vivían en las ciudades.
Quienes han estado emigrando a los centros urbanos son los jóvenes, recoge un reportaje de AP. "Ahora solo ves ancianos y niños pastoreando a los animales", dijo a esa agencia Carla Rodas, antropóloga de la Universidad Superior de San Andrés en La Paz.
Entre esos animales a los que hace mención están las llamas, parientes de los camellos y pertenecientes a una familia que incluye el guanaco, la alpaca y la vicuña.
Las llamas, que junto con la alpaca alcanzan los 3.196.000 ejemplares —según el INE— en Bolivia, han sido, por milenios, una de las razones para sobrevivir de los habitantes de la meseta andina del país suramericano, de noches heladas y sol abrasador al mediodía.
Han servido de transporte en las empinadas laderas de la zona, además de proporcionar carne, lana y cuero. Rodas dice que este animal "enseñó a los andinos a adaptarse a una tierra fría y árida, y aún hoy, a pesar de los cambios climáticos y económicos, les permite vivir".
"Prefiere ser conductor en la ciudad"
Pero los jóvenes ya no ven atractivo en este animal milenario. "A mi hijo no le gusta arrear, prefiere ser conductor en la ciudad", dijo a AP el pastor Francisco Téllez, que vive en la ciudad de Curahuara de Carangas, en el departamento boliviano de Oruro, al oeste del país.
Como en el caso de Téllez, en la familia campesina de Genaro Arce y Genoveva Usnayo cinco de sus hijos se fueron a las ciudades a probar suerte.
A la falta de voluntad de los jóvenes, de seguir con las enseñanzas de vida ancestrales, se suma el cambio climático que afecta al país, donde las lluvias han disminuido. "Llegará un momento en que no habrá más pasto y no podrás criar llamas o alpacas", dijo, María Wurzinger, una zoóloga de la Universidad de Viena en Austria que estudió camélidos en Bolivia y Perú; añadió que los humadales bolivianos podrían, eventualmente, convertirse en un desierto.