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Vertidos olvidados: Voluntarios sanean aguas abandonadas por las autoridades de Brasil

Publicado: 7 ene 2019 14:24 GMT | Última actualización: 7 ene 2019 18:53 GMT

La laguna de Jacarepaguá en Rio de Janeiro está plagada de desechos. Un brasileño dio un giro a su vida para dedicarse a limpiarla. En seis horas de trabajo recoge una tonelada de residuos.

Una persona camina sobre un puente de la laguna de Jacarepagua Lagoon, durante un tour a la prensa. 9 de marzo de 2015. Río de Janeiro. / Ricardo Moraes / Reuters
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Los afluentes de la laguna de Jacarepaguá en Rio de Janeiro están cargados de desechos que llegan de las cloacas. Una contaminación que afecta a la fauna de este sector del oeste de la ciudad, y que ha provocado la reducción de la población de peces y algunas aves que ingieren restos de plásticos, una trampa mortal para su supervivencia. Un panorama desolador del que José Cavalcante, un empresario de 45 años, más conocido como Zé da Lagoa (José de la laguna), no pudo apartar su mirada y, conmovido ante tal desastre, decidió tomar sus propias medidas. 

Limpiar la laguna

Hace cinco años, Zé da Lagoa dio un cambio radical a su vida. Dejó de ser un empresario con 12 personas a su cargo y se mudó junto a su familia a la zona de la laguna para volcar todo su esfuerzo y dinero en una única tarea: limpiarla.

Así, con un barco fabricado con sus propias manos, este protector ambiental recorre sin descanso las aguas turbias de la laguna de Jacarepaguá. Sabe que es una lucha desigual por la cantidad de desechos que existen, pero su único deseo, dice, es estar ahí navegando.

Un sofá flotando en la laguna de Jacarepagua. 9 de marzo de 2015. Río de Janeiro. / Ricardo Moraes / Reuters

"Yo he visto a esa laguna en un estado aún más crítico. Con mucha basura boyando en el agua. Sofá, televisión, heladera, bicicleta. Un absurdo", explica este hombre, que se muestra contento porque en la actualidad tanto él como otras personas ya pueden navegar en barco por estas aguas. "El barco no engancha el plástico. No quiero decir que me siento un héroe, pero me siento feliz", comenta.

En seis horas de trabajo, Zé da Lagoa recoge cerca de una tonelada de residuos, pero su tarea no termina ahí. Después comienza la etapa de separación y clasificación de desechos. La sorpresa o indignación es todavía mayor cuando además de los ya habituales plásticos aparecen desde agujas y jeringas hasta otros elementos realmente llamativos como heladeras, lavadoras e incluso algunos juguetes

Sin ayuda estatal

Zé da Lagoa no recibe ayuda estatal y su sustento pasa por donaciones particulares y la venta de residuos reciclables, como el aluminio y el vidrio. Las autoridades solo han instalado dos estaciones de monitoreo en la laguna, donde la contaminación continúa creciendo. 

"Es un problema de concienciación. Las personas piensan en no desechar basura en el ambiente natural, pero no piensan en no desechar en el medio de calle", afirma Eduardo Lima Filho, biólogo especialista en residuos acuáticos.

Lima explica que "cuando la lluvia viene limpia todo, pero el ciclo del agua hace que toda esa basura se vaya por los caños y después llegue a las lagunas".

Una garza sobre un sofá en la laguna de Jacarepagua. 9 de marzo de 2015. Río de Janeiro. / Ricardo Moraes / Reuters

Con la celebración de los Juegos Olímpicos Río 2016, el gobierno regional prometió un saneamiento integral de la laguna. Dos años después ese plan - del que no hubo un estudio de impacto ambiental- no se ha cumplido, y en la actualidad está suspendido por falta de presupuesto. Esto ha motivado a que algunos abogados ambientalistas hayan tomado acciones judiciales, porque consideran que se trata de una obligación ineludible del Estado. 

"No pueden simplemente parar de trabajar en lo que sería la fiscalización (...) Es una alegación criminosa que no puedan hacer nada porque no tienen dinero", sentencia Christianne Bernardo Da Silva, presidente de la Comisión de Derecho Ambiental de la Orden de Abogados de Brasil (OAB-Barra) de Tijuca.

A modo paliativo, el gobierno local prohibió el uso de sorbetes plásticos en los comercios de la ciudad, que fueron reemplazados por réplicas en papel, e impuso multas para quienes no cumpliesen la nueva ley. Sin embargo, no es suficiente para hacer frente a la contaminación existente y, por el momento, solo es combatida por acciones voluntarias e individuales como las llevadas a cabo por personas como Zé da Lagoa.

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