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De restaurador de piezas en históricas iglesias a escultor de increíbles figuras del género fantástico (FOTOS)

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El artista ecuatoriano Douglas Almeida Dillon se inspira en personajes íconos de su infancia y en películas, cómics, entre otros.
De restaurador de piezas en históricas iglesias a escultor de increíbles figuras del género fantástico (FOTOS)

Douglas Almeida Dillon, un restaurador de obras de arte de profesión, se dedicaba de lleno a la restauración de piezas en distintas iglesias, principalmente del Centro Histórico de Quito, Ecuador.

Trabajó en los emblemáticos templos de La Compañía, San Francisco, San Agustín, Santo Domingo, El Carmen Alto, El Carmen Bajo, entre otros, que son de obligatorio paso cuando se hacen recorridos turísticos por el centro de la capital ecuatoriana; pero, también, en museos de Ambato, una ciudad de la Sierra del país, y en Guayaquil, en la Costa.

"Específicamente, trabajaba en pintura mural, esculturas, pintura de caballetes y mi especialidad era la restauración de color, reintegrar el color de las figuras", cuenta Almeida, en entrevista con RT.

Las obras que ha restaurado datan de hasta 400 años. Entre sus trabajos está la intervención de muchos de los cuadros de la Sala Capitular del Convento de San Agustín, donde, en 1809, se firmó el acta del Primer Grito de Independencia de Ecuador.

Pero su labor no se enfocó solamente en el arte religioso, también hizo trabajos privados de restauración a piezas de los pintores ecuatorianos Aníbal Villacís, Eduardo Kingman y Oswaldo Guayasamín. "Tuve en mis manos obras de Picasso", añade.

De coleccionar a moldear

Desde hace aproximadamente dos años, Almeida ya no se dedica de lleno a la restauración: encontró en la escultura otra pasión.

La escultura la tomó, en principio, como un pasatiempo, porque llegó a ella tras coleccionar figuras de acción y cómics. "Con el tiempo esas figuras cada vez venían menos y cada vez eran más costosas", dice y señala que por ello tomó la decisión de hacer sus propias obras.

"Decidí autoeducarme con videos, libros, videoconferencias, cursos aquí, un poco de cursos en el extranjero, cosas muy específicas y ser autodidacta", detalla.

Ahora, se dedica, a tiempo completo, a moldear, reproducir y pintar, específicamente, figuras fantásticas de películas, ciencia ficción, comics, entre otros; piezas a las que les da un aspecto bastante "realista".

Almeida considera que la escultura "tiene poco que ver anatómica y artísticamente con la restauración", y ello es lo que lo ha inspirado a inclinarse por esta labor.

"En la restauración hay muchos más procesos técnicos y químicos y no tanto artísticos. No es un método donde puedas plasmar tu creatividad, no puedes alterar, sino que tienes que respetar la obra original", señala.

Para explicar mejor esa afirmación, dice: "Siempre le pongo el ejemplo a las personas sobre la Venus de Milo, que fue encontrada sin brazos. Un artista, yo mismo, podría hacer los brazos, pero nunca sé en qué posición estuvieron las manos o qué querían representar. Además es un ataque histórico, porque algo pasó para que se perdieron los brazos".

Mientras, argumenta, la escultura permite al artista "hacer lo que quiera, es una creación propia".

Arcilla de Manabí

Almeida trabaja con arcilla, que compra en la provincia de Manabí, en la región Costa de Ecuador, para hacer el proceso de modelado de las figuras. "Fundo los moldes en caucho de silicón, hago el contramolde en resina poliéster y las figuras ya son en resina poliéster", señala.

El artista comenta que ha tenido que adaptarse a los materiales que encuentra en el mercado local, aunque considera que hay "mejores masas, resinas y cauchos a nivel mundial", pero importarlos es un gran problema, porque son "productos y reactivos químicos".

Consigue buenas pinturas con facilidad, pero no ocurre lo mismo con los barnices, por lo que le ha tocado esperar a que algún comercio los importe o adaptarse a los que encuentra.

Esa adaptación a los materiales que se encuentran en Ecuador la aprendió en su trabajo de restaurador. "Una de las cosas que me enseñó la restauración es cómo hacer las cosas aquí en el país, porque aquí hay un montón de limitaciones, que obligan a buscar la manera de hacer el trabajo", explica el entrevistado, y añade que, gracias a ello, "el nivel de los restauradores ecuatorianos es altísimo", porque con los pocos recursos que tienen logran "un trabajo excepcional".

30 años en adelante

Las personas que adquieren las obras de Almeida están entre los 30 y 50 años. "Es el rango de mi edad, me enfoco en ellos porque yo hago personajes que son íconos de mi infancia", afirma y menciona, enseguida, a un Mazinger Z que creó.

Además, considera ideal este público porque sus productos, "al fin y al cabo, son un adorno, son figuras exclusivas, de tiraje muy corto, que las personas de esa edad saben apreciar".

Pese a no hacer mucha promoción de sus productos, tiene buenas ventas, gracias a que amigos o clientes comparten en diversos espacios, como las redes sociales, sus creaciones.

Almeida es un poco reacio a hacer trabajos personalizados. "El proceso de esculpir es largo, se necesita alrededor de un mes para moldear una figura y una escultura que toma ese tiempo debe costar el equivalente a un mes de trabajo (...) la gente no entiende mucho eso, todavía", dice.

Sin competencia local

Este escultor considera que no tiene competidores directos en Ecuador. "Lo que yo intento hacer tiene competencia netamente en el extranjero", enfatiza.

Reconoce que "hay personas muy hábiles y hacen muy buenos trabajos", pero "como le tienen que dedicar mucho tiempo, como a una profesión, prefieren no arriesgarse a dedicarse a esto, prefieren mantener su sueldo mensual".

A quienes sí ha encontrado es a personas que se dedican a plagiar. Explica que compran una figura, hacen el molde, lo reproducen, lo pintan y salen a venderlo. "Por desgracia, lo hacen hasta con malos acabados", señala.

Almeida menciona que tanto la pintura como la resina que utiliza permiten que sus piezas duren muchísimo tiempo. "Nosotros vamos a desaparecer del planeta y las esculturas van a seguir existiendo", recalca.

Edgar Romero G.

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