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El moho presente en la EEI puede sobrevivir a la radiación 200 veces más que los humanos y contaminar otros planetas

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Investigadores expusieron esos organismos a rayos X, iones y luces ultravioleta de alta frecuencia, para simular condiciones espaciales.
El moho presente en la EEI puede sobrevivir a la radiación 200 veces más que los humanos y contaminar otros planetas

Un reciente informe señala que las esporas de moho que se encuentran a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI) son ampliamente resistentes a la radiación y capaces de sobrevivir a exposiciones cientos de veces mayores que las que matarían a un ser humano.

Los investigadores analizaron en laboratorio los dos tipos más comunes de hongos que habitan en las paredes de la EEI, Aspergillus y Penicillium, los cuales fueron expuestos a rayos X, iones y luces ultravioletas de alta frecuencia para simular la radiación espacial. Este tipo de radiación daña el ADN y las infraestructuras celulares.

Para medir la exposición a la radiación se utiliza la unidad Gray, y llegar a cinco es letal para las personas. Los resultados del experimento arrojaron que las esporas sobrevivieron a dosis de rayos X de hasta 1.000 Gray y a luz ultravioleta de 300 unidades.

"Ahora sabemos que son más resistentes a la radiación de lo que pensábamos", dijo Marta Cortesao, microbióloga del Centro Aeroespacial de Alemania (DLR) y líder del estudio.

Dado que las esporas de moho, según es sabido, pueden sobrevivir al calor, el frío, los químicos y el secado, el hecho de poder recibir también radiación plantea nuevos desafíos: por ejemplo, pueden "contaminar otros planetas de manera no intencional, durante misiones de exploración y colonización", señala el citado estudio. Significa, en estos casos, que no solo en las misiones tripuladas habrá que esforzarse por mantener la nave limpia, sino también en las no tripuladas, que deben estar libres de tales organismos terrestres para evitar la contaminación de otros mundos, donde podrían ser más difíciles de esterilizar.

Sin embargo, esta situación trae un lado positivo. Según Cortesao, dado que las esporas fúngicas son difíciles de matar, serían más fáciles de transportar y de hacer crecer en condiciones controladas en el espacio, por lo que pueden usarse como materias primas o actuar como fábricas biológicas para materiales que los astronautas puedan necesitar durante largos viajes espaciales.

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