Guerra comercial, incendios e Irán: La Cumbre del G7 en Francia, amenazada por las graves discrepancias

A la tensión interna contribuye la imprevisibilidad del nuevo primer ministro británico, Boris Johnson, y la del presidente estadounidense, Donald Trump, que aboga por incluir de nuevo a Rusia.

Este sábado arranca en la ciudad francesa de Biarritz la cumbre del G7, en la que presidente francés, Emmanuel Macron, se reunirá en calidad de anfitrión con los líderes de Alemania, EE.UU., Canadá, Japón, Italia y Reino Unido. 

La tradicional reunión de las siete grandes potencias dará comienzo con una cena de apertura, durante la que los jefes de Estado y de Gobierno intercambiarán sus opiniones sobre los problemas más acuciantes de la agenda internacional en un ambiente informal. Las negociaciones oficiales tendrán lugar el domingo.

¿De qué hablarán los Siete?

Se prevé que los líderes aborden puntos sustanciales de actualidad, como la guerra comercial entre Washington y Pekín, las fricciones estadounidenses con Irán y la defensa del libre comercio. También se prestará mucha atención a los problemas de seguridad global, incluida la lucha contra el terrorismo y los delitos ambientales, así como la protección contra las ciberamenazas. Igualmente, podrían abordan las protestas en Hong Kong y la crisis en Cachemira.

La canciller alemana, Angela Merkel, mencionó este sábado en su mensaje semanal de podcast que también se tratará en la cumbre la relación del G7 con Rusia, los incendios de la Amazonia, el conflicto ucraniano, así como la "frágil" situación en Libia y Siria y la ampliación de la cooperación con los países africanos.

El equipo de Macron ha destacado como temas principales la protección medioambiental, la prevención del calentamiento global y la lucha contra la desigualdad en el mundo. Para profundizar en el debate sobre la desigualdad, el mandatario ha invitado a Biarritz a los líderes de Australia, Burkina Faso, Chile, Egipto, India, Ruanda Senegal y Sudáfrica.

Irán, Siria, Libia y Ucrania

En vísperas de la cita, el presidente francés ya dejó claro que se mantienen bajas las expectativas acerca del apoyo de su homólogo estadounidense a una declaración ambientalista, incluso ahora, cuando los incendios causados por la deforestación están devorando la selva amazónica.

Horas antes de la apertura del G7, el líder francés admitió en una grabación compartida este sábado en su perfil de Twitter que "a veces no estamos de acuerdo" sobre "grandes conflictos" y "crisis internacionales" como los de Irán, Siria, Libia y Ucrania, por lo que hizo un llamamiento al consenso. "Quiero que nos pongamos de acuerdo sobre estos temas", dijo.

Asimismo, el mandatario subrayó la necesidad de lograr una desescalada en las disputas comerciales que "dañan a todos" y alentó a los países del G7 a estimular la economía para evitar que las economías mundiales caigan en recesión.

"Se sabe que en los temas de protección ambiental y comercio multilateral, las opiniones de EE.UU. y de otras potencias son muy diferentes", explica a TASS el famoso economista Jacques Sapir, director de la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales. "Se pueden esperar muchas palabras hermosas y muy pocas acciones concretas", opina el experto.

La precariedad de los propios Siete añade incertidumbre

A la tensión interna del grupo contribuye la imprevisibilidad del nuevo primer ministro británico, Boris Johnson, y la del presidente estadounidense, Donald Trump, que recientemente se mostró a favor de que Rusia regresara al G7, en contra de la opinión de sus pares, idea que ha rechazado Macron, que, además, se muestra a favor de una línea común europea sobre el acuerdo nuclear con Irán que abandonó EE.UU. en 2018.

A todo ello se une la inestabilidad de algunos líderes, ya que si Angela Merkel va camino de abandonar la política, el mandatario canadiense, Justin Trudeau, está rodeado de escándalos éticos que perjudican la posibilidad de su reelección el próximo otoño, mientras que el italiano Giuseppe Conte acaba de anunciar su renuncia en plena crisis de gobierno en el país. Por su parte, el propio Macron lleva un año haciendo frente a las prolongadas manifestaciones de los chalecos amarillos.

"Las bajas expectativas no son nada nuevo para el G-7, pero la intención de este año parece ser solo evitar una catástrofe diplomática, salvar lo que sea posible y mostrar a los votantes que sus líderes tienen un papel en el escenario mundial", destaca AP. 

Mientras tanto, en la frontera franco-española, entre las ciudades de Hendaya (Francia) e Irún (España) se celebró una 'contracumbre' de los contrarios al foro que salieron a las calles para mostrar su rechazo a las siete potencias más industrializadas del planeta.