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"Chile es como una casa con una bonita fachada, pero tiene grandes problemas por dentro"

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El economista e investigador de la Fundación SOL, Marco Kremerman, sostiene que la creciente desigualdad, los bajos salarios y la falta de acceso a la educación y la salud, explican el descontento social.
"Chile es como una casa con una bonita fachada, pero tiene grandes problemas por dentro"

Chile suele ser destacado por politólogos, periodistas y economistas liberales como el ejemplo a seguir en materia económica en toda la región latinoamericana. Es, sin dudas, el alumno predilecto de la derecha neoliberal alineada a la Casa Blanca. Y claro, sus notas lo avalan: las estimaciones de crecimiento, su baja y estable inflación, o la reducción del desempleo y la pobreza, comparadas con otros países de la región como Argentina o Brasil, parecen dar sustento al modelo.

Sin embargo, la semana pasada el aumento del boleto del subte anunciado por el presidente Sebastián Piñera, despertó una ola de protestas encabezadas por estudiantes y movimientos sociales, que se fueron tornando cada vez más efusivas, a pesar de que el Gobierno retrotrajo la medida y anunció, posteriormente, una serie de políticas para atender el descontento social. 

A casi una semana del inicio de las manifestaciones, las calles de Santiago y otros distritos como Valparaíso continúan militarizadas. La represión ha dejado ya un saldo de más de 18 muertos, y el pliego de reivindicaciones populares se ha ampliado: El restrictivo sistema educativo chileno, la falta de acceso a la salud, la privatización del agua y las magras pensiones, entre otras cosas, forman parte de una lista de reclamos. 

Es que, si bien Chile ha logrado reducir la pobreza considerablemente desde 1990, otros indicadores como la distribución del ingreso o la movilidad social parecen estancados o directamente muestran números negativos. El país crece, sí, pero la desigualdad también. 

Los verdaderos salarios de Chile

La Fundación Sol, una institución local sin fines de lucro que investiga sobre educación y trabajo en el país, estimó en su informe 'Los verdaderos salarios de Chile', que el 50 % de los trabajadores gana menos de 400.000 pesos (unos 550 dólares), y prácticamente 7 de cada 10 trabajadores menos de 550.000 (758 dólares). 

Si se tiene en cuenta que para superar la línea de la pobreza, según el propio estado chileno, para un hogar promedio de cuatro personas es necesario generar ingresos por 435.000 pesos (600 dólares), no parece nada fácil cubrir las necesidades básicas para más de la mitad de los asalariados y sus familias.

Marco Kremerman, economista e investigador de la Fundación SOL
Marco Kremerman, economista e investigador de la Fundación SOL
"En Chile hay más personas endeudadas que trabajadores remunerados".

"Los sueldos que se pagan en Chile están totalmente desalineados con el costo de vida. Incluso exceden los niveles clásicos de explotación. No permiten comprar los propios bienes que se producen aquí, y es por eso que ha crecido tanto el endeudamiento", explica a RT Marco Kremerman, licenciado en Ciencias Económicas e investigador de la Fundación SOL.

Kremerman, que tiene además una maestría en Políticas del Trabajo y Relaciones Laborales, agrega sobre esto último un dato tan contundente como desconocido para la comunidad internacional: "En Chile hay más personas endeudadas que trabajadores remunerados. Mientras la fuerza de trabajo en Chile es de 8,5 millones de personas, tenemos 11 millones de ciudadanos mayores de 18 años con deudas. De ellos, 4,6 millones no las están pudiendo pagar. Y a veces piden nuevos créditos para afrontar viejas deudas", señala el economista. 

Vale aclarar que la mayoría de esos compromisos financieros son "no patrimoniales", es decir, no son para comprar una casa o un automóvil, sino para alimentarse, para vestirse, para pagar cuentas básicas o para educación y salud.

La "pobreza escondida"

En Chile la pobreza se mide mediante los reportes de hogares de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN). En ella se calculan los ingresos de los hogares, que para la gran mayoría provienen del trabajo, pero también reportan los subsidios del Estado, y algo que se llama 'alquiler imputado'.

Esto implica que si una familia es dueña de una vivienda –podría estar pagando un dividendo–, o hace usufructo de ella como bien familiar, se le imputa como ingreso del hogar el equivalente al costo que tiene un arriendo promedio en el barrio donde vive. Con este método, aún si esa familia no tuviera para comer, con la suma del 'alquiler imputado', que en los hechos es dinero que no recibe, podría ser clasificada como 'no pobre'.   

Marco Kremerman, economista e investigador de la Fundación SOL
Marco Kremerman, economista e investigador de la Fundación SOL
"Ante cualquier evento mínimo: una enfermedad en el hogar, o la pérdida del trabajo, rápidamente esa familia caerá a una situación de pobreza como por un ascensor"

En su estudio 'La pobreza del modelo chileno, la insuficiencia de los ingresos del trabajo y pensiones', la Fundación SOL concluyó que, si se tienen en cuenta solo los ingresos autónomos, principalmente del trabajo y las pensiones contributivas, la pobreza pasa de poco más del 8,9 % oficial a casi 30 %.

"Este tipo de mediciones ayudan a explicar un poco el estallido social que estamos teniendo actualmente", expone Kremerman. 

¿Es entonces la sociedad chilena menos pobre de lo que era décadas atrás?

"La pobreza se ha reducido porque Chile es un país más rico —reconoce el economista—, así lo demuestran todos los indicadores. Hay mucho más acceso a bienes y servicios, pero el gran problema es que ese acceso ha sido principalmente a través del endeudamiento. La vulnerabilidad de gran parte de los hogares chilenos es muy alta. Entonces es probable que la pobreza quede escondida. Ante cualquier evento mínimo: una enfermedad en el hogar, o la pérdida del trabajo, rápidamente esa familia caerá a una situación de precariedad como por un ascensor". 

Por eso, cree Kremerman, la falta de indicadores más integrales y rigurosos hace que Chile parezca tan distanciado, respecto a la pobreza, de otros países como Argentina, donde el acceso a la salud, o a la educación, incluso universitaria, son públicos y gratuitos. 

La "privatización de la vida"

"En Chile tenemos un problema de privatización de la vida. Privatizaron todos los servicios básicos, la salud, la educación", sostiene el investigador. Sobre esto último, añade que solo un 15 % de la matrícula en las universidades es pública. El resto de los estudiantes, paga o toma créditos bancarios que deberán abonar una vez que se reciban, asumiendo un compromiso que puede durar más de 20 años.

Hoy en día, más de 630.000 personas están endeudadas con los bancos por créditos tomados para poder estudiar, pagando lo que se llama el Crédito con Aval del Estado (CAE), creado en 2006. 

Marco Kremerman, economista e investigador de la Fundación SOL
Marco Kremerman, economista e investigador de la Fundación SOL
"El Estado sí está dispuesto a colocar mucho dinero, pero siempre que haya un privado del otro lado y sin recuperar la educación pública. Mientras tanto, los jóvenes se endeudan por 15, 20 o más años, hipotecando su futuro"

Según señala la fundación SOL en su informe 'Endeudar para gobernar y mercantilizar: el caso del CAE', desde que comenzó a funcionar el programa hasta 2018, el Fisco ha recomprado un 53,7 % de los créditos de los alumnos, con un sobreprecio de 25,7 % (4,3 veces más que lo que se requería originalmente). Por eso, remarca el analista, la excusa de que no hay dinero en el Estado para financiar la educación no parece sostenible. 

"Es un negocio redondo para la banca. El Estado sí está dispuesto a colocar mucho dinero, pero siempre que haya un privado del otro lado y sin recuperar la educación pública. Mientras tanto, los jóvenes se endeudan por 15, 20 o más años, hipotecando su futuro". 

Esto, así como el problema de los magros ingresos que otorga el sistema de administradoras de fondos de pensiones (AFP), ha generado mucho descontento. Los resultados empiezan a reflejarse en las calles, y, según Kremerman "los seguiremos viendo". 

"Un vacío político importantísimo"

Uno de los aspectos más interesantes de este levantamiento popular es la ausencia de banderas políticas y personalismos, y el hecho de que estén encabezadas por gente joven. 

Con una dirigencia sindical burocratizada y muy apegada a la clase política, toman protagonismo organizaciones de origen más espontáneo e independiente, como la Coordinadora No + AFP, que ha convocado a las protestas junto a los estudiantes. 

"Hay un problema importante en el sindicalismo que espero que se resuelva: es necesario recomponer la autonomía de los movimientos sociales respecto a los partidos y los gobiernos, que no han cambiado la estructura social y económica chilena en los últimos 27 años. Hoy día no hay una voz líder, no hay una persona, sino un colectivo. Claro que esto tiene cosas positivas y negativas. Aún no se sabe con quién va a negociar el Gobierno cuando cese el caos actual", advierte Kremerman.

"Ante lo que está sucediendo, las fuerzas políticas están llamando a un nuevo pacto social, cosa que es falsa porque nunca lo hemos tenido en las últimas décadas, las políticas públicas se han impuesto unilateralmente, de manera autoritaria, y ese es otro de los factores que genera esta olla a presión", señala.

Para el economista, existe "un vacío político importantísimo" en Chile que está siendo sustituido por estos movimientos, que están en la calle pidiendo cambios estructurales. Lo que todavía no se sabe, es cómo se va a llenar una vez que acaben las protestas.

Sobre esto, Kremerman deja abierto el interrogante: "Imagino que en las próximos días los movimientos más genuinos podrán ir generando liderazgos colectivos, pero hay mucha desconfianza. Los jóvenes no están dispuestos a ceder ese protagonismo a cualquiera". 

Emmanuel Gentile

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