¿Quién es Luis Fernando Camacho, el hombre que encabeza el golpe de Estado en Bolivia y que promete que 'Dios volverá al Palacio'?

Este domingo ingresó por la fuerza al Palacio de Gobierno a dejar una carta al Ejecutivo con una bandera de Bolivia y una Biblia.

Luis Fernando Camacho se presenta a sí mismo en twitter como "presidente del Comité pro Santa Cruz, abogado y padre de tres hijos". Dice luchar "no con armas sino con Fe", pero es la cara visible del golpe de Estado contra Evo Morales. ¿Quién es el hombre que ayer entró al Palacio de Gobierno y rezó arrodillado en el piso con una Biblia sobre la bandera boliviana? 

Lo llaman 'El macho', lidera la organización civil más importante de la zona más rica de Bolivia, es parte de una de las dos grandes logias de la zona (Los Caballeros del Oriente) y junto a su familia forma parte del Grupo Empresarial de Inversiones Nacional Vida S.A., compañías vinculadas a los seguros, el gas y los servicios. Tiene 40 años, es abogado de la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra e hizo una maestría en Derecho Financiero y Tributario en la Universidad de Barcelona.

Las empresas familiares

A mitad de este año, los medios locales informaron que Camacho estaría relacionado con los Panama Papers: a través de la creación de tres sociedades (Medis Overseas Corp., Navi International Holding y Positive Real Estates) habría operado como intermediario para "coadyuvar a personas y empresas a esconder sus fortunas en entidades offshore, lavar dinero y establecer esquemas de evasión de impuestos". Así se recoge en el informe que elaboró la comisión legislativa que investigó el tema y que se presentó en septiembre de 2017. Entonces, Camacho dijo que buscaban amedrentarlo: "Yo no me voy a callar, voy a seguir manteniendo el discurso", declaró.

Para el politólogo y analista boliviano Marcelo Arequipa, "Camacho pertenece a una línea familiar histórica en Santa Cruz de una élite que siempre ha manejado el poder cívico y el poder territorial". Y relató que la situación actual en su país es como si se hubiera regresado al siglo XIX. "Es la biblia, lo conservador y la apelación a las élites económicas anteriores", dice en conversación con RT. 

Para Hugo Siles, politólogo y exministro de Autonomía en Santa Cruz, "Camacho forma parte de una familia acaudalada de la zona". Y precisa a este medio: "Antes, cada usuario le costaba de 1000 a 1500 dólares conectarse a la red de gas. Esa era una de las empresas de su familia. Hoy todo eso es gratuito por la política de nacionalización donde el gas es un recurso que los bolivianos hemos recuperado para nuestra economía". Así relata algunos de los intereses concretos de su clan que fueron tocados por el Gobierno de Morales.

Un hombre de la región más rica de Bolivia

En su juventud, Camacho fue vicepresidente de la Organización Juvenil Cruceñista (UJC), una organización cuyo lema es 'No somos violentos, somos pacíficos, pero tampoco somos cobardes', y que se organiza bajo el 'hashtag' #DiosVolveráAlPalacio. Siles lo define así: "Son un grupo de choque violento, históricamente han hecho uso de la fuerza".

Los jóvenes son parte de la organización mayor que ahora preside Camacho y que entre 1981 y 1983 lideró su padre: Comité pro Santa Cruz

Camacho lo preside desde febrero de este año. Se trata de una organización que nuclea diferentes entidades vecinales, zonales, empresariales, de trabajadores de una de las zonas más ricas de Bolivia. La región produce el 70 % de los alimentos del país y tiene un enorme potencial energético e hidrocarburífero que, tras la nacionalización de Morales en 2016, está hoy en manos del Estado.

Según los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística de Bolivia, el PBI del Departamento de Santa Cruz representaba en 2016 al 28,9 % de la Economía total del país. "Santa Cruz representa un tercio del PBI. Aquí ha organizado con inmensos recursos una movilización de gente que ha tomado las calles", cuenta Siles. 

Se trata de un región rica e influyente, pero que la última vez que logró tener un presidente propio fue Hugo Banzer Suárez, quien lideró un golpe de estado en 1971 y que luego fundó un partido y ganó las elecciones presidenciales en 1997. Ya desde los inicios de la administración del MAS, el departamento cuestionó la legitimidad del gobierno.

Los 'cambas', como se definen, se organizaron en torno a los comités cívicos conducidos en aquel momento por Branko Marinković, un dirigente hijo de padre croata y madre montenegrina, e impugnaron al poder central. Fue una alianza entre las élites de los departamentos de Beni, Pando, Tarija y Santa Cruz que se llamó 'la Medialuna'. La tensión escaló y hubo hasta una incipiente guerrilla que buscó romper la unidad del estado nación. La UJC, de la que Camacho había sido vicepresidente, fue una organización clave en la escalada de la violencia. 

En paralelo, en Sucre se negociaba una nueva Constitución. Ante dicho 'empate catastrófico' (así se denominó entonces), el gobierno llamó a un referéndum revocatorio en 2008 que sincerara la correlación de fuerzas. Ganó Morales, pero también ganaron la mayoría de los gobernadores. Sin embargo, la masacre de campesinos en el Porvenir en septiembre de 2008 terminó por inclinar la balanza a favor del gobierno central y obligó a los sectores más rebeldes a sentarse a la mesa de negociación. 

Actualmente, según explica Siles, "en las noches, en Santa Cruz circulan autos que salen a patrullar la ciudad: negocio que ven abierto, lo cierran por la fuerza".

Persecución en nombre de Dios

Todo lo que hace Camacho tiene un muy fuerte anclaje religioso: menciona a Dios en todas sus apariciones, llevó la Biblia al Palacio de Gobierno y pide a sus seguidores que lleven a la virgen a las movilizaciones. El 4 de octubre reunió a sus seguidores "a los pies del Cristo Redentor" en Santa Cruz. Luego, posteó un video en redes sociales en el que decía que en dicho 'cabildo' habían decidido "castigar al tirano con los votos".

Camacho no se presentó como candidato en las elecciones presidenciales de este octubre en Bolivia. Y, sin embargo, actualmente encabeza un golpe que tiene como argumento original la denuncia de la oposición de fraude por parte de Morales. 

Él mismo se ha ocupado de dejar en claro su estilo al citar en público al más famoso narcotraficante colombiano: "Tenemos que hacer —salvando las diferencias— y sacar la agenda como lo hacía Pablo Escobar, pero solo para anotar los nombres de los traicioneros de este pueblo", dijo el 30 de octubre en un cabildo en la zona sur de Santa Cruz. 

"Esto está circulando en las redes sociales de Bolivia sobre la organización política más importante del país: el Movimiento al Socialismo. Camacho dijo que iban a anotar nombre por nombre, a lo Pablo Escobar. Esto hacen sus bases. Y por esto también es un golpe de Estado", tuiteó el politólogo Juan Manuel Karg, que adjuntó la imagen de un folleto que pide a la población hacer un registro de las publicaciones en redes sociales para encarcelar a traidores del pueblo encontrándolos rastreando su ubicación del móvil.

Cronología

Desde el 21 de agosto el Comité de Santa Cruz, junto a los de otros departamentos, y el Comité de Defensa de la Democracia (Conade) convocaron a un paro indefinido en rechazo a la candidatura de Morales. El argumento era que había perdido el referendo de 2016 en el que se preguntaba si la población estaba de acuerdo con reformar el artículo 168 de la Constitución para habilitar la reelección de manera continua. Aunque más tarde la Junta Electoral habilitó su candidatura, la oposición siguió insistiendo en que era ilegítima. 

Con esa conflictividad se llegó a las elecciones generales de este 20 de octubre. Morales obtuvo el 47,08 % de los votos, lo que lo hacía triunfador en primera vuelta.

Camacho desconoció el resultado desde el primer momento, denunciando fraude electoral y convocó a un cabildo en Santa Cruz, desde el que dijo que le daba a Morales 48 horas para renunciar. Además, llamó a un paro indefinido y se autoproclamó al frente de la "unidad" opositora. En ese momento se puso por encima de Carlos Mesa (quien obtuvo el segundo puesto en las elecciones generales con el 36,5 %) e incluso por arriba del senador cruceño Carlos Ortíz, que sorpresivamente sólo obtuvo el 4,2 % de los votos. 

"Camacho está siendo en los hechos el jefe político de la oposición y quien va imponiendo su agenda. Ha hecho uso de lo que se llama 'la espectacularización de la política': ha utilizado las pantallas de una manera perfecta", analizó Arequipa. 

Según él, logró sumar el discurso de Ortíz ("una derecha tecnocrática") con el del coreano pastor evangélico (Chi Hyun Chung) que obtuvo un sorpresivo  8,77 % de los votos en las elecciones de octubre. "Es la suma de las derechas en Bolivia", remató. 

Después de las 48 horas que dio Camacho para que Morales renuncie, convocó a un nuevo Cabildo y dio a conocer una carta en la que redacta la renuncia del entonces presidente. Desde entonces, empezó una travesía camino al Palacio para entregar la misiva. 

En el medio, la Organización de Estados Americanos (OEA) denunció irregularidades en algunas actas y Morales decidió llamar a nuevas elecciones "para buscar la paz". 

Pero no bajó la tensión: Camacho seguía en dirección al Palacio. Ese lugar, en Plaza Murillo, es donde trabajaba el Ejecutivo hasta agosto de 2018, que mudó sus funciones a la Casa Grande del Pueblo. Fue allí desde donde gobernó Morales a partir de entonces. Sin embargo, el líder cruceño desconoció explícitamente eso y decidió ir al antiguo edificio. 

Es un mensaje más, dentro de muchos: "Es como un vacío de símbolos, están quemando wiphalas, negando todos los avances sociales", analizó Arequipa. 

Finalmente, esa fue la escena que sacudió al mundo ayer. Minutos antes de que Morales renunciara a la presidencia, Camacho entró al Palacio de Gobierno y presentó la carta sobre una bandera de Bolivia y con la Biblia al lado. 

Más tarde tuiteó: "¡¡Confirmado!! Orden de aprehensión para Evo Morales!! La Policía y los militares están buscándolo en el Chapare, lugar que se escondió". 

Pero luego —aunque ya era tarde y tras la desmentidas de la Policía— lo eliminó. Morales denunció la persecución.

Julia Muriel Dominzain