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A través de voluntarios y donaciones: clínicas itinerantes en EE.UU. contra la falta de acceso a la sanidad

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Más de 27 millones de estadounidenses carecen totalmente de cobertura sanitaria, y más de medio millón de familias se declaran cada año en quiebra por no poder pagar la asistencia que necesitan.

La industria médica y hospitalaria estadounidense ha entrado en conflicto con la administración del presidente Donald Trump, desde que la Casa Blanca anunciara el pasado mes de junio una normativa que exigirá a centros sanitarios y a aseguradoras que divulguen el precio exacto de sus procedimientos y pruebas médicas.

Esta ley es parte de los esfuerzos de la administración federal por aumentar la competencia en el sector de la salud, con lo que esperan reducir los costos médicos para los usuarios. Sin embargo, una coalición de hospitales ya ha anunciado que interpondrá demandas para bloquear las cláusulas clave de la nueva iniciativa gubernamental.

Mientras tanto, los sectores menos favorecidos de la ciudadanía estadounidense continúan siendo la parte más vulnerable de este conflicto: según la oficina del censo del país, en 2018 se contabilizaron 27,5 millones de personas que no están cubiertas por ningún seguro médico. De ellos, más de 4 millones son niños.

Acción humanitaria frente a una necesidad urgente

Para hacer frente a esta situación surgen iniciativas humanitarias, como la de Remote Area Medical (RAM), un programa de clínicas itinerantes formado por voluntarios y financiado con donaciones

La organización responsable de este proyecto empezó en 1985 con la idea de brindar asistencia sanitaria gratuita a países en desarrollo. Sin embargo, sus fundadores pronto se dieron cuenta de que eran muy necesarios en EE.UU., y no solo en áreas rurales o con altos índices de pobreza, sino en todo el país.

"Creo que es frustrante que las personas en general no tengan acceso debido a los fondos limitados o la falta de seguro", comenta Charlene Jones, paciente y exvoluntaria de una clínica itinerante en el estado de Virginia, que también critica el hecho de que "los proveedores de servicios [médicos] estén tan dispersos que se imite el acceso". 

Por su parte, otro paciente, Frederick Veney, se queja de que los estadounidenses pagan "muchos dólares en impuestos para financiar cosas, pero una de las cosas que no se considera es la atención médica", algo que, en su opinión, "debería ser una prioridad".

Y es que el problema no se limita solo a aquellas personas que carecen de cobertura médica. Entre los asegurados las cifras también son alarmantes. Se calcula que cada año más de medio millón de familias se declaran en quiebra económica por no poder hacer frente a gastos médicos. Esta causa representa de hecho dos tercios (66,5 %) de las bancarrotas que se declaran en el país. 

Un informe oficial de 2009 cifró en 45.000 la cantidad de personas que mueren cada año, en una de las naciones más ricas del planeta, por no tener acceso a la sanidad. En los diez años siguientes ningún organismo o institución se ha atrevido a actualizar la cifra. Sin embargo, la ausencia de datos no implica que esa dura realidad haya desaparecido. 

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