De la Virgen de Guadalupe al Día de la Candelaria: la maratónica parranda de los mexicanos

Cuando llegue el Día de Reyes, los mexicanos habrán pasado casi cuatro semanas de fiestas, reuniones, abrazos y buenos deseos.

Con el pretexto del fin de año, los mexicanos crearon una original, divertida y agotadora maratón de casi dos meses seguidos de festividades con rituales y menús propios. Parece una parranda interminable. Y no apta para cualquiera. 

Todo comienza el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, la santa patrona del segundo país con más católicos en el mundo. Desde la víspera, en los alrededores de la Basílica se agolpan decenas de miles de peregrinos que viajaron desde el interior del país para llevarle flores, música, regalos, hacerle promesas o agradecerle por milagros cumplidos. Sin importar el frío del otoño que está por terminar, duermen y comen amontonados a la intemperie, a la espera de que llegue la medianoche para poder cantarle las mañanitas a "la Morenita", "Lupita", "la Guadalupana". 

A menor escala de asistencia, la fiesta se repite en el resto de las iglesias mexicanas y, en el caso de la capital, también en edificios y vecindades, sobre todo en los barrios más populares en donde los vecinos organizan colectas para limpiar y adornar el altar de la Virgen que suele colocarse de manera permanente en el centro de los patios comunitarios. Hay efigies guadalupanas incluso en plena calle y en oficinas. Es una jornada en la que el fervor religioso va acompañado de tequila y mole con pollo para la homenajeada. 

Pasado el día de la Virgen, vienen las posadas, fiestas sui géneris que sólo se celebran en México y que mezclan artes gastronómicas y performáticas. Comienzan el 15 de diciembre, nueve días antes de la Navidad, porque representan los nueve días que María y José peregrinaron antes de que naciera Jesús. 

Uno de los menús tradicionales de las posadas son las tostadas de maíz que los comensales preparan al gusto con pata de cerdo, crema, queso, lechuga, frijoles, salsas picantes, papas con chorizo y tinga (pollo o carne deshebrada con cebolla en salsa de tomate). También puede haber tacos de mole verde y rojo, chicharrón, cochinita pibil y papas con rajas. La comida va acompañada principalmente de tequilas, mezcales y cervezas. En la cocina debe haber una olla con ponche, una bebida caliente de frutas que se va sirviendo a lo largo de la noche y a la que se le puede echar "un piquete" de alguna bebida alcohólica. Santo remedio para el frío. 

Estas fiestas comienzan con el arribo de los invitados, quienes comen de pie, sin mayor protocolo. En algún momento, los anfitriones anunciarán que llegó el momento de la letanía y repartirán velas y cancioneros con la letra que toca según el grupo en el que se ubiquen: unos pedirán posada (representan a María y José) y otros se resistirán a recibirlos, pero al final les abrirán la puerta y les dirán: "Entren santos peregrinos, peregrinos / reciban este rincón / que aunque es pobre la morada, la morada / se las doy de corazón". Las letanías se interpretan con una entonación particular que provoca risas intermitentes mientras ambos grupos están cantando.     

Cuando las puertas se abren, a los invitados se les entregan canastas o bolsas con confites como símbolo de bienvenida. Y viene entonces el momento de la piñata. Se forman filas de niños de adultos que, con los ojos vendados, le tendrán que pegar con un palo a estas artesanías de barro o papel que en su interior llevan frutas y cacahuates. En cada turno se canta una canción que alienta a romperla para que, cuando esto ocurra, todos se abalancen al suelo para rescatar mandarinas, jícamas, naranjas y dulces. Los mercados tienen ferias navideñas que están abiertas hasta la madrugada, así la gente puede comprar piñatas y todo lo necesario para su posada a cualquier hora. 

Luego la fiesta sigue con música, baile, comida y bebida. Si se puede, hasta el amanecer. 

Pero hay que pensar que son nueve posadas seguidas. A veces, simultáneas, porque se junta la posada del trabajo con la de los ex compañeros de la escuela o las de amigos o familiares. "¿Cuántas posadas llevas?", es una pregunta recurrente entre el 20 y el 24 de diciembre. Las ojeras pueden ser un buen indicador. Son tan populares y divertidas estas fiestas que también ya existen las preposadas, que pueden llevarse a cabo desde principios de diciembre. 

El fin de las posadas lo marca la Navidad. Ahí sí, el sentido y el menú cambian. Es una reunión familiar y hay que pensar en pavo, ensalada de manzana, pierna de cerdo adobada en una salsa picante y espagueti con crema y queso. Una de las estrellas de la temporada es "el revoltijo" o "romeritos", un complejo platillo que incluye mole, nopales, tortas de camarón, romeros y papas. El 25 es día de recalentado, pero a pesar de que en muchas casas quedaron los sobrantes de la cena navideña, los mercados rebosan desde temprano de clientes que quieren sacarse la "cruda" (resaca) con una pancita, chilaquiles o un consomé de barbacoa. 

Lo mismo ocurre el 31, aunque para año nuevo la familia puede ser dejada de lado por reuniones entre amigos o celebraciones en las calles organizadas por los gobiernos y que incluyen música en vivo. 

Es momento de prepararse para el Día de Reyes. El 5 de enero, a lo largo del día, los niños escriben sus cartas y las amarran a un globo que volarán hacia el cielo con la esperanza de que Melchor, Gaspar y Baltazar cumplan con sus deseos. Los negocios de juguetes y los mercados permanecen abiertos toda la noche para que los Reyes puedan ir a cualquier hora a conseguir las listas de pedidos infantiles. En plena madrugada pueden comer tamales fritos, atoles de chocolate o arroz con leche, buñuelos bañados en miel y todo tipo de antojitos. Entre más tiempo transcurre, más bajan los precios de los juguetes. Al amanecer, se pueden encontrar verdaderas gangas. 

La mañana del 6, las y los niños afortunados recogen felices sus regalos que aparecen al lado de su zapatito que dejaron como indicación para los Reyes. Tarde y noche, familias y amigos se reúnen para partir la dulce rosca de Reyes y beber chocolate con leche. Cada quien debe partir su pedazo para ver si les salen los muñequitos colocados de manera azarosa en el interior del pan. 

Hasta aquí, se ha cumplido lo que los mexicanos llaman el "Puente Guadalupe Reyes" que comenzó el día de la Virgen y terminó con los juguetes y la rosca. Ya pasaron casi cuatro semanas de fiestas, reuniones, abrazos, buenos deseos. 

El resto del mes, los temas recurrentes son las dietas y las inscripciones en masa a los gimnasios para perder los kilos ganados en la intensidad decembrina. Y las largas filas en las casas de empeño para enfrentar lo que llaman "la cuesta de enero". Muchos mexicanos buscan préstamos para saldar deudas de los gastos navideños y poder comenzar el año. Después verán cómo recuperar sus bienes. 

Hay un intento de volver a la normalidad. Pero todavía falta el Día de la Candelaria. Quienes se sacaron el muñequito en la rosca del 6 de enero quedan comprometidos a poner los tamales en reuniones previstas para el 2 de febrero, fecha de otra gran festividad religiosa que va acompañada de este antojito que puede ser al vapor o frito, de hoja de plátano o de maíz, relleno de salsas picantes o dulce, de carne, pollo o nopales. 

Después, ahora sí, por fin habrá un descanso.

Cecilia González

@ceciazul