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"Si les sacan la tierra y su espiritualidad, se extinguen": cómo viven los indígenas guaraníes en Argentina (VIDEO, FOTOS)

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RT se adentró en el colectivo Yryapu, de la provincia de Misiones, para conocer a los pueblos originarios en la región del Litoral.
"Si les sacan la tierra y su espiritualidad, se extinguen": cómo viven los indígenas guaraníes en Argentina (VIDEO, FOTOS)

La comunidad de Yryapu (ruido de agua), una pequeña aldea indígena de origen guaraní, se encuentra en las afueras de la ciudad de Puerto Iguazú, en la provincia de Misiones (Argentina), a tan solo unos kilómetros de la Triple Frontera compartida con Brasil y Paraguay.

Esta zona del país sudamericano se caracteriza por las elevadas temperaturas, la humedad cansadora y un ecosistema selvático. Allí, en el extremo norte de la región del Litoral, unas 100 familias aborígenes construyeron sus chozas sobre la tierra rojiza, manteniendo su organización ancestral y los típicos rituales espirituales.

Aquel lugar cuenta con una cancha de fútbol, una escuela bilingüe dependiente del Gobierno provincial y precarias viviendas de madera, algunas instaladas con cañas de bambú.

Junto a los hogares, es común toparse con plantaciones de alimentos, que se consumen dentro de la comunidad. Y entre las casas, de un árbol a otro, las mujeres tienden la ropa que fue lavada en el río, para dejarla secar, mientras los niños corretean en los senderos. Por lo general, las parejas tienen más de cinco hijos, y el barullo infantil se escucha en todo momento.

De fondo, también suena una ceremonia tradicional, que se oye en todos los rincones de Yryapu. Así, los vecinos originarios sonríen y reciben con amabilidad nuestra visita, aunque les da algo de vergüenza dialogar: la humildad brota en cada metro cuadrado, como la verde vegetación misionera.

Sin embargo, una mujer nos invita a su choza montada con tablones de madera, y aunque no tiene mucho para dar, ofrece tereré —una habitual bebida con yerba y jugo o agua fría, ideal para el verano— junto a una porción de miel, que se produce de forma natural en el territorio, y se come succionando. "Me gustaría que mejoren las viviendas", se queja, pero pide mantener el anonimato en esta nota. 

La organización indígena y la burocracia del Estado

La administración política de este grupo es bastante simple: se nombra a un cacique que toma las directivas del colectivo por tiempo indefinido, aunque siempre debe contar con el respaldo de sus compañeros. En efecto, si esta pequeña población considera que el líder tiene un mal desempeño, se lo reemplaza por otro, en una especie de 'impeachment' indígena. A nivel provincial, estos dirigentes se nuclean en el Consejo Autónomo de Caciques.   

El actual referente local se llama José Fernández, y a pesar de que sus antepasados hayan sido preexistentes a la conformación de los Estados americanos, le da orgullo ser guaraní y argentino. Ya había ocupado ese rol entre 2010 y 2015, pero lo quitaron, y el año pasado retomó el liderazgo. Sin embargo, se lo ve algo cansado. Siente que sus hermanos guaraníes no le reconocen el esfuerzo, y le fastidia que las autoridades gubernamentales hagan caso omiso a sus demandas. 

En 2013, Fernández le solicitó al Gobierno de Misiones la construcción de 82 viviendas sólidas, más resistentes y cómodas que las simpáticas chozas actuales, pero hasta hoy no hubo novedades al respecto. Y aunque ya hay algunas instalaciones de cemento, no son suficientes.

Para el cacique, la burocracia moderna es un fenómeno extraño, desconocido por completo. De hecho, la falta de comunicación con las autoridades es tal, que hasta nos pide a nosotros averiguar qué pasó con la instalación de las nuevas casas. Es que en español o en guaraní, algunos hicieron oídos sordos ante el reclamo, durante siete largos años.  

Entre los pedidos, se añade la colocación de una red de agua para consumo —ya hay cuatro pozos instalados— y un sistema eléctrico. Además, el entrevistado acota que "se necesita un templo" para los rituales. Actualmente, cuentan con sus chamanes, que de forma cotidiana les dan las gracias a 'Ñanderú' —el dios supremo— y 'Ñamandú' —el sol—, entre otros ritos guaraníes.

Sin embargo, Fernández teme que la llegada de organizaciones evangelistas en la zona atente contra la cultura autóctona, al ver que muchos indígenas comienzan a inclinarse por esta vertiente del cristianismo. En otras palabras, muchos piensan que ese avance religioso es una verdadera amenaza para la idiosincrasia aborigen. 

Manos a la obra

Aunque todavía no haya concluido el censo oficial, el vocero de Yryapu estima que la comunidad tiene entre 700 y 800 personas, pero desde el Estado calculan un número inferior. Al respecto, el cacique señala que "cerca del 90 % nació en Paraguay", y en 2013 arribaron muchas familias nuevas, situación que trajo varios desafíos de convivencia, repasa. A su vez, se agregaron más necesidades insatisfechas para la población, siendo la falta de agua una de las más urgentes.

Por eso, casi 15 jóvenes de la aldea se agruparon para instalar un sistema que garantice el recurso hídrico entre su gente: una simple manguera. Parece poco, pero colocar ese mecanismo, que simulará ser una cañería, es toda una gesta para estos sencillos habitantes del nordeste argentino.

De hecho, aquellos obreros nativos están contentos con Fernández, el artífice de las gestiones para conseguirla, quien sumó crédito y apoyo para aferrar su frágil autoridad. Según nos cuenta ese líder, el Gobierno local habría ayudado en la obtención del tubo, pero la mano de obra la ponen los vecinos de Yryapu, de forma voluntaria

Así, bajo un calor extenuante, comienzan las obras. Uno de los trabajadores originarios utiliza un sable para cortar la maleza, por donde debería pasar la manguera, mientras sus compañeros usan palas y forman canaletas. Heriberto Villalba, uno de ellos, nos explica que el dinero para la instalación fue obtenido con un fondo comunitario.

En otras palabras, Yryapu les cobra entre 200 y 400 pesos (tres y seis dólares, respectivamente) a los curiosos que quieran conocer su modo de vida, para recaudar. Y la zona está plagada de turistas: a muy pocos minutos se encuentran las Cataratas de Iguazú, una de las siete maravillas naturales del mundo. 

Esta iniciativa es auspiciada por el Gobierno provincial, y la flamante subsecretaria de Ecoturismo, Karen Fleige, le explica a RT que la intención es terminar con la lógica del asistencialismo estatal: "Queremos el empoderamiento de las comunidades", sostiene. Al respecto, opina que "hay que dejar la mirada blanca, de sentir lástima por el indígena". Es decir, desde su perspectiva, "si andan descalzos es porque quieren, y si viven en chozas, es porque así lo prefieren".   

Además de esta fuente de ingresos, Yryapu se caracteriza por ser un pueblo de artesanos. En efecto, hasta el propio cacique se gana la vida vendiendo sus manualidades, estando en contacto permanente con la sociedad capitalista del Cono Sur.  

Las viviendas perdidas en el camino

Le consultamos a Arnulfo Verón, a cargo de la Dirección Provincial de Asuntos Guaraníes desde hace 20 años, sobre las casas prometidas que nunca se construyeron. La respuesta es la misma que nos dieron todos los funcionarios de Misiones: "En 2015 elevamos el pedido a Presidencia para construir 500 casas, pero nunca impulsaron el proyecto". Es decir, el Gobierno provincial le hizo la propuesta a la Administración de Mauricio Macri, quien fue el mandatario argentino hasta el 2019, pero nunca llegó el dinero. "Es por una cuestión ideológica, de no reconocer al indígena", concluye el dirigente.

Sin embargo, desde 2013, cuando el cacique de Yryapu solicitó las viviendas, hasta la asunción de Macri, ese país sudamericano fue gobernado por Cristina Fernández de Kirchner. Por otro lado, si el Gobierno nacional no construye las viviendas, ¿el Ejecutivo provincial no podría haberlo hecho? "Todos saben los recortes que sufrieron las provincias en la gestión de Macri, a Misiones apenas le alcanzaba el presupuesto para pagar salarios. Y la asistencia que recibieron los guaraníes, fue toda con fondos provinciales", contesta Verón. 

Algunos avances, y lo que falta por hacer

Al día de hoy, se calcula que ese territorio cuenta con unas 110 comunidades, compuestas por 20.000 guaraníes. Según aquel experimentado servidor público, en estos años habría mejorado su condición social: "Antes del 2003 [año en que Néstor Kirchner llegó al poder] no tenían Documento Nacional de Identidad (DNI), y ahora sí", comenta. La entrega del DNI argentino también es para nacidos en Paraguay, porque las comunidades originarias son más antiguas que la instalación de la frontera.

Asimismo, destaca: "El 100 % recibe educación, el 60 % tiene un hogar de material y todas las comunidades son titulares de las tierras". Además, subraya que en ese año un decreto provincial declaró a los guaraníes "como un pueblo nación, incluso antes que Bolivia". Y cierra: "Si les sacan la tierra y su espiritualidad, se extinguen"

A nivel municipal, la oficina de Asuntos Guaraníes se abrió recién el pasado 10 de diciembre en la ciudad de Iguazú, dirigida por Nilda Costa. Como primer balance general, señala que si bien los indígenas reciben educación en casi todos los niveles —en Yryapu se está construyendo una escuela secundaria—, y hay atención sanitaria —faltaría una ambulancia exclusiva para las comunidades—, todavía se deben fortalecer las políticas en materia de alimentación, "sacada de sus propias tierras". Y alerta: "Sobre los planes de hambre cero, aún no veo avances. Seamos realistas, ellos no ganan casi nada, deberíamos poder cubrir su nutrición".

En sintonía, promete incentivar el desarrollo de oficios, "sin perder su cultura". Y celebra la pronta inauguración de un canal televisivo para la comunidad Mbororé, con periodistas indígenas: "Ya tenemos las antenas, podemos ir informando lo que pasa en todas las aldeas de Iguazú". Para cerrar, se sumó a las críticas contra Macri: "En estos últimos cuatro años, no llegó nada para los pueblos originarios desde Presidencia". 

Leandro Lutzky

RT