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Sojukay, artes marciales al ritmo de música andina (VIDEOS)

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Fue reconocido oficialmente como un deporte ecuatoriano en 2011. Su creador lo define como "la asociación de la fuerza y la suavidad".
Sojukay, artes marciales al ritmo de música andina (VIDEOS)

Ataviados con trajes negros, con franjas amarillas en las mangas mientras otros lucen vestimenta típica de algunas etnias ecuatorianas, una veintena de niños y adolescentes realiza movimientos de artes marciales en una escuela para esta práctica en el norte de Quito.

La práctica la realizan al ritmo de música andina. En un momento, uno de los menores, haciendo movimientos marciales, mezclado con danza, sale con su cara cubierta con una máscara, una faja en su cintura y el zamarro —prenda de cuero con lana— cubriendo la parte inferior de su cuerpo. Esta indumentaria representa al Aya Uma, el personaje central de la celebración del Inti Raymi, que algunas etnias andinas realizan cada solsticio de invierno en honor al sol.

El arte marcial que practican se llama Sojukay, es propio del país. Apenas tiene poco más de 15 años que se comenzó a practicar y recién el 8 de noviembre de 2011 fue reconocido por el entonces Ministerio del Deporte (actual Secretaría) como deporte con características marciales y folclóricas del Ecuador.

La iniciativa fue de Santiago Caicedo, licenciado en actividad física y deportes y con un máster en entrenamiento deportivo, quien durante mucho tiempo practicó las artes marciales que llegaron desde el exterior, como karate do, judo, taekwondo, jiu jitsu, muay thai, entre otros; incluso fue profesor de karate shotokan, porque llegó a ser cinturón negro federado del Ecuador en esa disciplina.

Origen del Sojukay

Caicedo, quien además ha profundizado en el estudio del folclore local, comenzó a idear el Sojukay en 2004, dejando a un lado los cinturones negros que había obtenido en otras artes marciales. "Era yo y nadie más, lo iba construyendo", dice, en entrevista con RT, quien ahora funge como presidente de la Federación Ecuatoriana de Sojukay.

En 2005 sacó a la luz su iniciativa, que describe como "sistema ancestral de defensa", y de a poco se fue anexando gente a sus prácticas, permitiendo la creación de clubes y dándole estructura al deporte, con "pruebas y errores". "Para cuando se oficializó en el 2011, ya tenía muchos practicantes", comenta.

Sobre el nombre, Caicedo explica que "el 'kay' viene desde el ser, una parte kichwa propia de las culturas andinas y del Ecuador que habla de la totalidad, de la profundidad, más allá del verbo, de la parte emocional, física y mental"; mientras, 'so' "representa la fuerza desde los contextos de procesos de presionar andino", y el 'ju' "es un contexto universal de la unión, de la biomecánica marcial, que es la suavidad".

En conjunto, la palabra es la mezcla de una ideografía japonesa y una palabra kichwa que significa "lo más excelso, lo más exacto".

Identidad, deporte y desarrollo psicoemocional

Caicedo define al Sojukay como "la asociación de la fuerza y la suavidad, desde un contexto andino" y señala que eso está encerrado en las tres variantes que explican mejor el origen de esta disciplina.

La primera tiene que ver con la "identidad". Su fundador quiso introducir el folclorismo ecuatoriano, la cultura autóctona del país; y lo hizo con los trajes, las armas, las danzas y la música propias ancestrales. Además de tomar en cuenta la filosofía de las etnias locales. "Todas las artes marciales tienen una gran cultura detrás, por ello se tomó la decisión de darle un sentido propio al Ecuador, crear un sistema de defensa adaptado a nuestra realidad, a nuestra cultura", explica.

El uniforme que utilizan para la práctica y las competencias, por ejemplo, incluye elementos culturales locales. "El traje está hecho con una acción autóctona de los ponchos o de las vestimentas ceremoniales", detalla Caicedo, y señala que incluye unas franjas amarillas en las mangas con líneas zigzagueantes que representan energías positivas y negativas, así como el decorado usado en diferentes técnicas ancestrales.

También, aprenden sobre armas ancestrales como chasquihuasis, la lanza del oriente, el tumi, la espada inca. "Son implementos autóctonos que se usan para exhibición y competencias de armas, donde los muchachos exhiben su habilidad en ellas y después son calificados", precisa.

La música está todo el tiempo, porque es un elemento característico de la región: "Todas nuestras culturas americanas siempre han sido muy musicales, lo andino es muy musical", enfatiza Caicedo.

La segunda variante es la relacionada con el deporte en sí, particularmente "la biomecánica marcial", dice, que está más ligada a la influencia asiática en las artes marciales, que incluye "patadas, golpes, que permite el sistema de defensa físico"; sin embargo —comenta— también contempla "la ancestralidad de la defensa andina". Esto, además de la práctica rutinaria, tiene que ver con la preparación de los practicantes para competencias, tanto internas, como junto a otras artes marciales en torneos de combate abiertos.

La otra variante que contempla esta disciplina es la del desarrollo psicoemocional. "Esta es la parte donde los chicos aprenden valores, a integrarse, a perder los miedos e incertidumbres, a canalizar la ira y les ayuda a tener una mejor calidad de vida".

La enseñanza paso a paso

Actualmente, el sistema Sojukay tiene clubes en las provincias de Imbabura, al norte del país; en Quito, la capital; y en Guayas, la más poblada de Ecuador. "Tenemos el proyecto este año de expandirlo, ya que salen nuevos instructores a través de una formación, no solo marcial sino pedagógica, didáctica, científica, que permitirán que este sistema se extienda de manera correcta, tanto en Ecuador como al exterior", precisa Caicedo.

En cada club se recibe a practicantes de seis años en adelante, hasta la tercera edad. El fundador de la disciplina estima que lo practican unas 500 personas.

Caicedo explica que la enseñanza de fundamentos, "en los que está el folclorismo, los movimientos simples, enlazados, las posiciones naturales del cuerpo que permiten la movilidad ancestral, es lo primero que se aprende"; y, luego, "con los mismos movimientos, el practicante se aprende a defender".

Más adelante se pasa a las biomecánicas marciales, que contempla "las posiciones adelantas, las patadas, los golpes".

Una vez que ponen en práctica ambas enseñanzas, "los chicos crean sus propias formas". Con los resultados, los practicantes pueden emplear la disciplina de varias maneras: de exhibición en la que "pueden mostrar la belleza del movimiento, que es totalmente artístico, hermoso", así como "demostraciones de defensa personal"; y en competencias.

Adaptado a normas internacionales

Tras explicar la disciplina, Caicedo considera que la oficialización del Sojukay como deporte se dio por su respeto a las normativas deportivas y por su "belleza educativa". De esta manera, señala que "sirve para educar a las personas, no solo es un arte que permite el contacto físico de combate, sino que da estructuras propias de mejoras al ser humano".

El fundador de esta disciplina menciona que se ha adaptado el Sojukay al sistema universal de cintas, que va desde la blanca hasta el cinturón negro, y el del "dan" (rango) para poder competir en los abiertos de otras artes marciales en el mundo.

Este año, tendrán varios torneos nacionales; el primero será el 16 y 17 de febrero en Guayaquil. Pero, además, algunos de los practicantes se medirán en combates abiertos internacionales en Europa y en México, en donde participarán con otras artes marciales.

Edgar Romero G.

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