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'Porteadores', la lucha contra la montaña y la precarización laboral en la Patagonia argentina

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En busca de un ingreso, jóvenes en el sur del país sudamericano trasladan en sus espaldas provisiones de hasta 30 kilos, que dejan en diferentes refugios turísticos ubicados en la cima de los cerros. Las escasas condiciones laborales hacen que hoy quieran organizarse y defender sus derechos.
'Porteadores', la lucha contra la montaña y la precarización laboral en la Patagonia argentina

Los omóplatos se contraen. La espalda se tensa recta y el cuerpo se endurece por completo. Su respirar es discontinuo cuando avanzan sobre los riscos y superficies pedregosas, pero en los tramos llanos aceleran el paso al ritmo de una liebre perseguida por su presa. Inhalan: "uhfffff". Exhalan: "ouhffff". Son las 5:30 de la madrugada y en la montaña Frey de la ciudad de Bariloche, uno de los principales distritos patagónicos del sur de Argentina, el cielo aún es un manto negro que envuelve a la naturaleza. "Sí, está fresco, pero ya entramos en calor", dice Juan Carbajal, de 25 años, tras encender la linterna que lleva en su casco y sacarse la campera. "Hay que tener cuidado con las telarañas. Se te pegan en la cara si no las ves", agrega el joven, en diálogo con RT. Por detrás, lo acompaña Agustín Ochiando, de 24 años, que le sigue el rastro entre la maleza.

Esta madrugada, ambos tienen un mismo objetivo: trasladar 25 kilogramos en latas de cervezas en sus espaldas (unas 50 unidades en total) hasta el refugio 'Frey', ubicado en la cúspide de la montaña, a unos 1.700 metros sobre el nivel del mar. En ese sitio descansan turistas de todas partes del mundo que esperan ansiosos beber una lata fría por la tarde, momento en que el sol de enero arde en la montaña y las temperaturas superan los 30 grados. A cada 'porter', como se apoda a los que realizan este trabajo, se le pagarán 19 dólares por siete horas de travesía (cuatro para subir y tres para bajar). Cada cerveza, allí arriba, se comercializa a unos 4 dólares. Es decir, su salario equivale al valor de solo cinco latas vendidas.

"Sí, claro que nos gustaría que nos paguen mejor, pero así son las cosas. Yo estoy construyendo la casita para mis hijos y mi pareja. Necesito el dinero para los materiales", confiesa Juan, que además de 'porter' también hace malabares en las calles céntricas de Bariloche. Su compañero de sendero opina igual. Los precios ya están estipulados así desde hace varios años entre quienes practican la actividad y los diferentes refugios. "Nosotros amamos la montaña. Subirla con mucho peso nos hace entrenar para otros caminos más complicados y estar en forma para porteos más largos, pero tampoco hay que regalarse. Estamos expuestos a lesiones y fatigas musculares todo el tiempo", explica Agustín y remarca: "El cuerpo te pasa factura".

Amanecer 'porteando'

Son las seis de la mañana en la montaña y todavía no amanece, apenas unos lienzos naranjas buscan penetrar las nubes. Los 'porter' avanzan a un ritmo constante y sin pausa. Dicen que subir en este horario les permite luego aprovechar el resto del día y el sol no se vuelve una molestia; además, no hay "turistas que interrumpan el paso". "Tenemos la montaña para nosotros solos", sostiene con una sonrisa pícara Juan, mientras avanza por una pendiente inclinada y repleta de rocas. Él pesa 60 kilogramos y en su espalda lleva una mochila con casi la mitad de su masa corporal, pero parece que solo cargara aire, dada la naturalidad con que se mueve.  "Los primeros porteos son los que más cuestan, después uno se acostumbra. Algunos hacen hasta dos envíos el mismo día para ganar más plata", cuenta el joven.

La manera de conectar con un 'porter' es a través de mensajes directos a su celular. El refugio coordina con la persona para subir determinados insumos (desde cervezas hasta cualquier tipo de alimento). Algunas travesías son más extensas que otras, y con senderos más dificultosos, pero la paga es la misma. El monto cambia solo por la cantidad de peso trasladada (casi un dólar por kilo). Asimismo, los equipos de montaña, desde las mochilas hasta las zapatillas y palos de 'trekking', son puestos por los propios trabajadores. Los viáticos también son un problema en la actividad. Los caminos donde comienza el ascenso hacia algunos refugios se encuentran muy alejados y deben tomar un colectivo para llegar. "Es un gasto más que sale de nuestro bolsillo", agrega Agustín, que es profesor de educación física en una escuela.

A las 7:00 de la mañana y, tras dos horas de senderismo arduo, los jóvenes hacen su primera parada. Liberan sus hombros aprisionados por las mochilas y se detienen a contemplar el 'Frey', uno de los cerros más convocantes de la ciudad. "En invierno se cubre todo de nieve y el camino se vuelve más difícil, pero se disfruta más", afirman ambos. Pero la paz del plácido momento se estropea cuando Juan detecta algo en el piso que lo perturba: es el envoltorio de una barrita de cereal. "Crecimos al lado de esta montaña y nos molesta que el turista venga a arruinarla", dice mientras saca una bolsa plástica de residuos para juntar el papel. "Si me pagaran por cada vez que junto basura acá, no tendría que portear", bromea, y ambos vuelve al camino, mientras el sol amenaza en el horizonte.

"Tenemos que organizarnos por nuestros derechos"

Daniel Denaro tiene 24 años, vive en Bariloche y desde los 20 que es porteador. El máximo peso que llevó por la montaña, recuerda, fueron hormas de queso de 44 kilogramos. "Es un ejercicio de alta intensidad. Los músculos comienzan a fatigarse tras cada subida. Las articulaciones se desgastan, al igual que el equipo utilizado", explica. Las preocupaciones por las pésimas condiciones del trabajo llevaron al joven a elaborar un proyecto para poner en relieve estas cuestiones y proponer soluciones en conjunto.

"Tenemos que juntarnos y organizarnos por nuestros derechos. Los debates con diferentes porteadores en cuanto al pago de nuestro trabajo son moneda corriente, con lo cual la preocupación es la misma", asegura Denaro. Además, aclara que la delicada situación económica de la ciudad "hace que todo sea más difícil".

"Cada vez es más difícil conseguir un empleo estable, por lo que siempre va a haber otro dispuesto a ofrecer el cuerpo por menos dinero", reflexiona.

El primer paso, explica, es crear la Asociación de Porteadores de Bariloche para que legitimen sus reclamos. "La idea es replicar la experiencia de la provincia de Mendoza, donde hace tiempo funciona una organización de porteadores sólida. Poder juntar la mayor cantidad de trabajadores acá y armar algo similar", detalla el escalador. Asimismo, el joven destaca que esto beneficiará el funcionamiento de la montaña: "un 'porter' con mayor salario tendrá mejores condiciones para transitar los senderos. Desde una mejor alimentación, hasta mejores equipos. Los refugios podrán estar tranquilos de que el servicio se cumplirá sin problemas", sostiene Denaro.

Una de las razones por las que la mayoría de los porteadores no repara en la precariedad laboral del oficio, asegura el impulsor del proyecto, es por el placer que les genera la actividad: "la mayoría toma al trabajo como un disfrute, una posibilidad de entrenar y al mismo tiempo ganar algo de dinero. Muchos quieren transformarse en guías de montaña profesionales y esto ayuda, pero no podemos mirar para otro lado cuando las mochilas las llevamos nosotros", finaliza.

El placer de llegar a la cima

A las 8:00 de la mañana ambos 'porters' aceleran el paso. Están a unos 40 minutos de llegar al refugio. El sol, a esta hora, es un factor molesto. "Si transpiras, te cansas más rápido", asegura Agustín, en un plano inclinado y utilizando sus manos para avanzar. Pero lejos de aminorar su caminata, Ochiando comienza a trotar. Sus pisadas quedan grabadas en la tierra de una forma tan diáfana que hasta puede leerse la marca de sus zapatillas. Juan, su compañero, queda por detrás y desliza una teoría sobre la efusividad de su amigo, que se pierde en la montaña: "La adrenalina por llegar se expande por todo el cuerpo y te olvidas del cansancio", confirma.

Luego de atravesar un sendero atestado de piedras pequeñas, el refugio comienza a verse. "Me voy a sacar un peso de encima", bromea Juan. La llegada a la cima es un punto importante para la actividad. Allí los porters pueden descansar, recibir su paga y, dependiendo de la voluntad de los directivos del lugar, comer un refrigerio gratis. "En 'Frey' siempre nos atienden bien. Hay muy buena onda, pero en otros sitios la relación es más fría. Llegas, descargas y te vas", revela Carbajal.

Dentro del alojamiento se respira un clima de parsimonia. Los huéspedes recién se levantan para desayunar y programar su día. Juan y Agustín comienzan a descargar su mochila. Sus caras reflejan una sensación de alivio y confort. Algunos turistas quedan anonadados cuando ambos cuentan su trabajo: "¿Qué? ¿Subís 25 kilos?", se escucha desde una de las mesas. Luego, los dueños del sitio le acercan a cada uno un sándwich que devoran con placer.

Pasadas las nueve la mañana, y con energías renovadas, los jóvenes se disponen a descender. Es la parte más divertida de su trabajo, dicen. "Bajamos sin peso y con los bolsillos llenos. Lo mejor para un porter", asegura Ochiando. En el trayecto hacia abajo, ambos bajan casi corriendo. Las estelas de polvo que generan a su paso quedan flotando por los caminos rocosos. Las piedras no son un impedimento para su velocidad: las saltan y esquivan con una destreza propia de su experiencia. Pero de repente, se detienen en seco. Ochiando no encuentra su celular y mira hacia atrás, sospechando su extravío por el sendero recién recorrido. Sin dudarlo, vuelve a subir la montaña. Tras unos minutos, regresa con el móvil en la mano. "Es así. La montaña te da, te quita y te vuelve a dar", lanza entre risas, mientras las estelas de polvo vuelven a levantarse.

Facundo Lo Duca

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