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Biblioselvas, la iniciativa familiar que ha instalado bibliotecas en escuelas rurales de la Amazonía

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Los recintos escolares que se benefician de este proyecto no tienen servicio de internet y son de difícil acceso. A la fecha han entregado ocho bibliotecas y prevén llevar otras cuatro en los próximos meses.
Biblioselvas, la iniciativa familiar que ha instalado bibliotecas en escuelas rurales de la Amazonía

En 2017, Andrés Velasco, entonces estudiante de lingüística, inició una investigación en escuelas rurales de la Amazonía ecuatoriana, para su proyecto de tesis universitaria.

"Se dio cuenta que el acceso a la información de los niños era muy complicada, porque en estas comunidades, esos pequeños tenían que caminar tres horas para acceder a centros que tengan internet; los profesores no tenían la base para que ellos puedan consultar", cuenta Esteban Velasco, hermano de Andrés, en entrevista con RT.

El joven universitario planteó el problema a sus allegados y tanto sus hermanos como su madre, Alba Correa, se pusieron a trabajar: buscaron libros entre sus amigos y familiares e instalaron la primera biblioteca en una de las escuelas rurales necesitadas, en la provincia de Napo, al oriente del país.

Tras esa primera entrega, "el profesor corrió la voz", menciona Correa, e indica que desde otras escuelas llegaron peticiones para armar bibliotecas. De esta manera, la familia creó una campaña para recoger los textos y, con ello, el proyecto social que ahora manejan, al que denominaron Biblioselvas.

"La idea no es ir a dejar basura en la selva"

A la fecha, el proyecto Biblioselvas ha entregado ocho bibliotecas; las primeras tres fueron en las comunidades de Gareno, Konipare y Menipare, en la parroquia Chonta Punta de la provincia de Napo; y el resto en el cantón Yantzaza, en la provincia de Zamora Chinchipe.

Las próximas, previstas para los siguientes meses de 2020, serán entregadas en las localidades de El Zarza y El Pincho, de Yantzaza; así como en Mindo, en el cantón San Miguel de Los Bancos de la provincia de Pichincha.

Los libros que entregan en estas escuelas dependen de la necesidad que tengan y la solicitud que hagan desde el recinto escolar. "Entregamos lo que ellos necesitan, porque la idea no es ir a dejar basura en la selva, la idea es que estos libros sirvan", menciona Velasco, detallando que, entre otros ejemplares, llevan enciclopedias, diccionarios, atlas, novelas, cuentos, fábulas y otro tipo de literatura, además de materiales didácticos.

Las escuelas a las que hacen entregas tienen, al menos, dos problemáticas, aparte de la falta de libros, que son: no cuentan con internet y son de difícil acceso (están en lugares remotos).

Estas bibliotecas también fortalecen "el segundo idioma" que estudian en estas comunidades, mayoritariamente indígenas —waoranis, cofanes, kichwas y saraguros—, que es el español.

Además de los niños, los textos también son funcionales para los profesores, quienes los pueden usar como fuente de consulta y para preparar sus clases.

¿Cómo y dónde recogen los libros?

Para hacer la recolección de los libros, en Biblioselvas emprenden campañas de recolección. Actualmente tienen en marcha la cruzada 'Un libro, un sueño'.

La campaña está dirigida al público en general. Para la entrega de los texto, los interesados pueden contactar con la familia a través de las redes sociales o los teléfonos que han dejado en afiches. El lugar donde reciben las donaciones está en Tumbaco, a unos 20 minutos de Quito, aunque también pueden recoger los ejemplares donde el donador indique.

Además, también acuden a escuelas cercanas. "Vamos, explicamos el proyecto y, donde acceden a colaborar, dejamos un estante y ahí los niños y maestros nos dejan los libros", comenta Velasco.

Con 'Un libro, un sueño' tienen dos propósitos, dice Correa. Por un lado, la donación, es decir, incentivar a los menores que sí cuentan con recursos a donar los libros que ya han usado y aún tienen en buen estado. "Solo que un niño haga conciencia, que lea un libro, que lo cuide y que lo done, para nosotros es un éxito", enfatiza.

Del otro lado están los menores que reciben los textos. La idea con estas bibliotecas es que "el niño lea y que sueñe, y se imagine que va a llegar a ser grande, y lo logre".

Andrés puede ver ambos lados, pues ahora se desempeña como profesor en Zamora Chinchipe. "Él les enseña a los niños a que aprendan a soñar, que tienen que llegar a ser profesionales. Pero ¿cómo aprende eso el niño? Viendo, leyendo", señala Correa.

Más que una biblioteca

Instalar una biblioteca en algunos de estos recintos escolares no solo incluye llevar los libros. "Tenemos que crear un ambiente para ello, crear ese espacio", dice Velasco.

Ello incluye inmiscuir a la comunidad en el proyecto. Los locales ayudan con la fabricación de estantes, con la mano de obra para pintar el lugar habilitado para la biblioteca, entre otras actividades.

Por ejemplo, en uno de los proyectos que tenían, la maestra que hizo el vínculo con Biblioselvas decidió que la biblioteca se instalara en un espacio que tenía como bodega, donde depositaba pupitres en mal estado y otros enseres.

"Achicó la bodega, puso una pared, con ayuda de la comunidad, y creó el espacio para la biblioteca", contó Correa.

También, buscan apoyo de empresas locales para el traslado de los libros desde Quito a las comunidades y la donación de insumos que hagan falta.

Una vez instalada la biblioteca, la misma escuela decide la manera de gestionar el área; ellos determinan si permiten el ingreso de personas que no sean alumnos o si solo es para uso de los estudiantes.

Este proyecto también busca atacar una "realidad" o "mito" que se ha extendido en el país sobre la falta de interés de los ecuatorianos sobre la lectura.

Esto se basa en una encuesta que realizó en 2012 el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), que fue replicada por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina (CERLALC). El estudio, aplicado a 3.960 personas de 16 años en adelante, reveló que 73,5 % de los ecuatorianos tiene hábitos de lectura. Sin embargo, 50,3 % de los lectores leen apenas una o dos horas semanales y, solamente, 13,5 % dedica hasta cuatro horas a la semana. Estas cifras están muy por debajo del promedio de otros países de América Latina, como Venezuela (con casi seis horas y media) y Argentina (que roza las seis), de acuerdo al ranking de Global English Editing.

Edgar Romero G.

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