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Derechos travestis y trans avanzan en Argentina en medio de la adversidad cultural y la violencia

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El país está a la vanguardia en conquistas sociales logradas por este colectivo, a pesar de las permanentes agresiones de las que son víctimas.
Derechos travestis y trans avanzan en Argentina en medio de la adversidad cultural y la violencia

El 9 de mayo de 2012 fue un día de fiesta para la diversidad sexual en el mundo.

Al Senado argentino le bastaron tres horas para ratificar la Ley de Identidad de Género que ya había sido aprobada en la Cámara de Diputados y que, desde entonces, obliga a las autoridades a reconocer legalmente el género autopercibido por cualquier persona, corresponda o no con el sexo asignado al momento de su nacimiento.

La ley, inédita a escala internacional, permite la modificación gratuita de los datos personales en el Documento Nacional de Identidad (DNI) sin mayor requisito que la voluntad de quien lo tramita. Y reconoce como un derecho el acceso, a través de coberturas de salud pública, a tratamientos hormonales e intervenciones quirúrgicas totales o parciales para adecuar su cuerpo a la identidad elegida. Es decir, el Estado ampara el cambio de nombre y la atención médica.

El pasado 13 de febrero, casi ocho años después de aprobarse la Ley, el presidente Alberto Fernández entregó el DNI número 9.000 a una persona trans. La protagonista de la jornada fue Isha Escribano, una médica, cantante y periodista de 50 años que comenzó a vestirse de mujer a los tres y que en enero de 2019 inició su transición legal y física.

"Estoy muy feliz, ahora les estamos dejando a las generaciones que vienen un mundo mejor", dijo la mujer que a partir de ahora podrá presentar su documento con el nombre elegido acorde a su género autopercibido en todo tipo de trámites.

No es el único caso en el que Argentina se ha colocado a la vanguardia de los derechos trans. En 2013, un año después de aprobada la Ley, por primera vez en la historia una niña de seis años obtuvo, sin juicio de por medio, el cambio de su DNI que, hasta ese momento, la identificaba como varón. Ella misma eligió su nombre: Luana. Fue una historia sin precedentes a nivel mundial. Por eso es un emblema de las infancias trans.

Antes, en 2011, ya se había fundado en la ciudad de Buenos Aires el Bachillerato Popular "Mocha Celis", la primera escuela secundaria para personas travestis, transgénero y transexuales del mundo y en la que, después de tres años de estudios, las y los alumnos se gradúan con el título de Perito Auxiliar en Desarrollo de las Comunidades y pueden seguir otras carreras.

Un año más tarde, en medio del clima de apertura que permitió la Ley, Melisa D’Oro se convirtió en la primera maestra trans de un secundario público de la capital argentina. Después de 27 años de impartir clases con nombre y ropa de varón, asumió su identidad de género sin perder su trabajo, algo impensable no hace mucho tiempo.

Pero para entender el presente y pensar el futuro del colectivo, para protegerlo y reivindicarlo, hay que rescatar el pasado. Bajo esa premisa, en 2012 la activista María Belén Correa puso en marcha un proyecto que había diseñado junto con otra compañera, Claudia Pía Baudracco. Se trataba del Archivo de la Memoria Trans, que hoy cuenta con más de 6.000 piezas, entre fotos, videos y recortes de prensa, que abarcan desde principios del siglo pasado y que se sigue enriqueciendo con los aportes de las travestis y trans que sobrevivieron a una etapa de mayor discriminación y persecución.

A nivel legal, la legislatura de la provincia de Buenos Aires aprobó en 2015 una Ley de Cupo que obliga a la administración pública a que por lo menos el 1,0 % de los empleos públicos sean ocupados por personas trans, pero recién se reglamentó en diciembre del año pasado y su impacto todavía no se percibe.

Otro ejemplo de cómo Argentina se puso al frente por los derechos de las diversidades sexuales fue la creación, en 2016, de la Agencia Presentes, el primer medio de comunicación latinoamericano que trabaja con una perspectiva de derechos humanos para combatir la discriminación y visibilizar las luchas, conquistas y violencias contra las personas travestis, transexuales, transgéneros, lesbianas, gays, bisexuales e intersex.

El movimiento argentino también tiene íconos. El activismo de Diana Sacayán, asesinada en 2015, fue tan potente que la Ley de Cupo trans que ingresó el año pasado para su discusión en el Congreso lleva su nombre. Y Lohana Berkins, una pionera en la lucha por la identidad de género que falleció en 2016, es recordada con mariposas como símbolo de la libertad y la belleza.

En los últimos meses, la comunidad tuvo buenas noticias. La campaña presidencial de Fernández visibilizó a su hijo Estanislao, un joven drag del que su padre dijo sentirse orgulloso y que lo acompañó a la toma de posesión con una bandera del orgullo gay. 

Las novedades siguieron con la designación de activistas en puestos públicos.

Alba Rueda asumió como subsecretaria de Políticas de Diversidad de la Nación, y Daniela Castro como directora de Diversidad Sexual en el ministerio de Mujeres, Política de Género y Diversidad Sexual de Buenos Aires. Ivana Gutiérrez es la nueva Directora de Políticas para la Diversidad de la Secretaría de Mujeres, Géneros y Equidad, Diversidad y Derechos Humanos del municipio de Morón, en la provincia de Buenos Aires. Y Ornella Infante es la directora de políticas antidiscriminatorias del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo.

Todas ellas son las primeras travestis o trans en ocupar esos cargos.

El mes pasado, Mara Gómez también hizo historia al convertirse en la primera trans contratada en el futbol argentino. Jugará para el equipo Villa San Carlos.

Cada paso representa un avance en un largo proceso que no pierde su contracara negativa.

La expectativa de vida de las mujeres travestis y trans sigue siendo de apenas 35 años, mientras que la de las mujeres heterosexuales sube a los 70-75 años. Los medios de comunicación tradicionales son foro permanente de discriminación.

El Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT reportó que durante el primer semestre del año pasado se registraron 68 crímenes basados en la orientación sexual, la identidad y/o la expresión de género de las víctimas, con especial saña en las mujeres trans. Sus asesinatos no generan conmoción alguna, lo que demuestra que todavía queda un largo camino por recorrer.

Cecilia González

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