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El interminable tango del dólar en Argentina: acusaciones entre oficialismo y oposición, ansiedad por comprar divisas y la economía en crisis

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La devaluación provocada por el gobierno de Alberto Fernández revivió una añeja discusión sobre la dependencia del país sudamericano a la moneda estadounidense.
El interminable tango del dólar en Argentina: acusaciones entre oficialismo y oposición, ansiedad por comprar divisas y la economía en crisis

Restricción, devaluación, fuga, controles, cepo, límites, obsesión, evasión, psicosis, confusión, mercados, regulación, reservas. Los argentinos amanecieron este miércoles envueltos en un lenguaje ya conocido, que estalla cada vez que su moneda registra una de sus recurrentes devaluaciones.

En medio de la pandemia y del negativo impacto que tendrá en la economía mundial, el gobierno de Alberto Fernández decidió reforzar los controles que ya regían para la compra y venta de dólares, lo que, como siempre ocurre, colocó a la devaluación, que nunca es mencionada formalmente como tal, en el centro del debate público.

La nueva regulación establece un tributo del 35 % como concepto de adelanto por tributaciones, conocidas en Argentina como "ganancias" o "bienes personales", lo que se suma a otro impuesto que ya era del 30 %. Así, el precio del dólar oficial, que se supone es de 75,26 pesos, en realidad aumenta a unos 130 pesos.

Desde el año pasado, los argentinos solo pueden comprar 200 dólares por persona y por mes. El tope se mantiene, pero a partir de ahora también se tomarán en cuenta los gastos en divisas de diferentes servicios a través de sus tarjetas.

Esto significa que si algún usuario paga 10 dólares al mes por usar Netflix, solo tendrá derecho a comprar 190 dólares. Así, al monto se acumulará a los consumos de cualquier otra plataforma que cobre en divisas, sea Spotify, Amazon o Tinder.

Los presupuestos para vacaciones en el extranjero también aumentan de manera automática, al igual que la compra de propiedades.

El "loop" verde

Las quejas ciudadanas se dispararon de inmediato, así como las acusaciones cruzadas entre el oficialismo y la oposición, en escenas repetidas cada vez que algún gobierno aplica nuevas estrategias a un mercado ya de por sí confuso.

Ante las críticas, el presidente Alberto Fernández advirtió que los dólares tienen que usarse para producir, no como atesoramiento ni para especular financieramente.

"No debe ser una variable para que algunos acumulen dólares en un país donde los dólares hacen falta para producir, no para guardar", dijo.

El presidente del Banco Central, Miguel Ángel Pesce, aseguró que las medidas solamente afectan a entre dos y cuatro millones de personas que compran regularmente dólares cada mes con fines de ahorro, aunque ello no es del todo cierto, ya que el valor de la divisa estadounidense, que se incrementa automáticamente cuando se le intenta regular, influye y altera por completo la economía, ya sea desde las reservas oficiales, hasta las inversiones, importaciones y exportaciones.

Pesce se negó a analizar el impacto que tendrán los nuevos controles en el mercado ilegal de divisas, ya que, advirtió, es un sector delictivo y, por lo tanto, imprevisible.

"Cuando se han hecho allanamientos en 'cuevas' donde se realizan este tipo de operaciones y se han cruzado bases de datos, uno encuentra narcotraficantes, traficantes de armas, cualquier cosa. Es un mercado que provee al delito y es imposible saber cuál es el tipo de cambio que el delito está dispuesto a pagar", dijo descalificando al mismo tiempo a pequeños ahorristas, que solo cuentan con esta alternativa para comprar o vender dólares.

Desde Juntos por el Cambio, la principal alianza opositora que lidera el expresidente Mauricio Macri, se replicaron las críticas a la medida y advirtieron, de nuevo, que "Argentina se está convirtiendo en Venezuela", a pesar de que el contexto político, social y económico y los mercados cambiarios entre ambos países son muy diferentes.

Los macristas, además, omitieron mencionar los controles y las devaluaciones que ellos mismos impusieron cuando gobernaron, y que explicaron en gran parte su derrota en las presidenciales del año pasado.

El dólar confuso

El precio de la divisa es una preocupación cotidiana para los argentinos, tanto como el clima.

Por eso buscan siempre la mejor alternativa en un mercado no apto para despistados, ya que desde hace años existen varios tipos de cambio.

Hoy, por ejemplo, está el llamado "dólar solidario" que nació en enero, cuando el presidente Alberto Fernández anunció su primera estrategia para tratar de controlar la divisa, así como el "dólar Banco Nación", el "dólar bolsa" y el "dólar contado con liquidación". Cada uno tiene diferentes precios y maneras de adquirirlos.

Hasta ahí, las variaciones de la moneda estadounidense en el mercado legal.

En el mercado ilegal, negro o paralelo, la estrella es el "dólar blue", que este miércoles ya superaba los 145 pesos (15 pesos más que el precio máximo en el mercado formal). Lo ofrecen los "arbolitos", personas que, paradas en las calles del centro de Buenos Aires, llevan a los clientes a "cuevas", oficinas semiescondidas en donde se compran y venden divisas.

Las crisis

El ahorro en dólares es el único refugio que los argentinos han encontrado ante las intermitentes crisis económicas padecidas en las últimas décadas.

En 1975, un ajuste provocó que la inflación aumentara más del 700 % anual. En 1989 fue todavía peor. Padecieron una hiperinflación superior al 3.000%, con jornadas caóticas, saqueos a supermercados y reetiquetación de precios durante un mismo día.

En los 90, la subordinación de la moneda argentina se consolidó cuando el gobierno de Carlos Menem decretó que un peso valía igual que un dólar, ficción que no se sostenía con las condiciones económicas del país y que terminó en una grave crisis, con decenas de muertos incluidos, en diciembre de 2001.

La crisis marcó el fin anticipado del presidente Fernando de la Rúa, quien solo pudo cumplir dos de los cuatro años para los que había sido elegido.

Frente a cada uno de estos episodios, quienes podían compraban dólares para proteger sus ahorros. Aun así, fueron estafados con el "corralito" que estableció el gobierno de De la Rúa durante sus últimos días y que limitó la extracción de las cuentas de ahorro en dólares.

"El que depositó dólares, recibirá dólares", prometió más tarde el presidente interino Eduardo Duhalde. En realidad, quienes depositaron divisas recibieron pesos en bonos que se pagaron en plazos de varios años.

Aunque la convertibilidad que igualaba a la moneda local con la divisa norteamericanaterminó en 2002, la desconfianza hacia los bancos y a los gobiernos persistió tanto como las prácticas que todavía hoy tienen al dólar y no al peso como moneda de referencia para la economía argentina de manera cotidiana.

El mercado inmobiliario, por ejemplo, siempre es de los primeros afectados por las crisis porque las ventas se paralizan, ya que cada centavo que aumenta la divisa, incrementa de manera automática el valor de las propiedades y desalienta a los compradores. Ahora, además, el sector está en plena crisis debido a la pandemia.

Siempre al alza

En 2011, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien padeció nueve corridas bancarias de especuladores que impulsaban devaluaciones, aplicó una serie de controles al mercado cambiario que la prensa bautizó como "cepo", aunque en estricto sentido este no existía porque sí había alternativas para comprar la moneda estadounidense.

Entre más controles impuso el gobierno kirchnerista, mayor fue la compra del "dólar blue" o ilegal, que llegó a costar incluso un 70 % más que el dólar oficial, que era mucho más barato, pero de difícil acceso porque se debían cumplir múltiples trámites ante las autoridades fiscales.

Fue en esa época que aparecieron los variados y confusos nombres de la divisa como "dólar ahorro", "dólar bolsa", "dólar turista" o "dólar tarjeta".

Más tarde, una alta inflación que jamás fue reconocida por el kirchnerismo, conflictos con el pago de la deuda, la dispersión de los controles, el permanente temor a una crisis económica y las elecciones presidenciales formaron una mezcla que, otra vez, llevó a miles de argentinos a refugiarse en el dólar.

Desde 2011 a 2015, cuando Fernández de Kirchner terminó su segundo mandato, el dólar oficial aumentó su precio de 4,20 a 9,90 pesos, mientras que el ilegal se disparó de 4,80 a 14,60 pesos.

Cuando Macri asumió la presidencia, cumplió su promesa de terminar con el "cepo". Así, en un solo día, el dólar oficial pasó de 9,9 a casi 15 pesos.

El modelo macrista, sin embargo, fracasó. Las inversiones que esperaba gracias a la confianza que creía que los mercados tenían en su gobierno, nunca llegaron. Tampoco la recuperación económica. Al final de su gestión, restringió la venta de divisas. En una nueva variante del "cepo" que tanto había defenestrado, estableció por decreto que había que pedir autorización al Banco Central para comprar dólares con un tope de 10.000 dólares al mes. Más tarde, el monto se redujo a solo 200 dólares.

Macri recibió un dólar oficial a 9,90 pesos y lo entregó en 63,30 pesos.

Ahora, el de Alberto Fernández ya supera los 130 pesos. Es más del doble. Y apenas lleva nueve meses de gobierno.

Cecilia González

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