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El colapso sanitario en Manaos: ¿una advertencia para Madrid, Nueva York y el norte de Italia?

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La capital del estado brasileño de Amazonas se ha convertido en uno de los epicentros mundiales de esta tercera ola de coronavirus.
El colapso sanitario en Manaos: ¿una advertencia para Madrid, Nueva York y el norte de Italia?

Manaos, la capital del estado brasileño de Amazonas, con una población que rebasa los dos millones de habitantes, se encuentra en situación de colapso por el recrudecimiento de la pandemia de coronavirus. Las autoridades han decretado un toque de queda de 11 horas –desde las 7 de la tarde a las 6 de la mañana– y han comenzado a derivar a los pacientes más graves a otras ciudades.

Precisamente Manaos, donde acaba de surgir una nueva variante de coronavirus que preocupa a nivel mundial por su potencial mayor transmisibilidad, ya fue uno de los epicentros de esta crisis sanitaria durante la primera ola. La exposición de su población fue tal que se llegó a especular con que la urbe ya hubiera alcanzado la tan ansiada inmunidad de rebaño.

Ahora, la nueva explosión de contagios hace pensar en si será el espejo en el que deban mirarse otras regiones del mundo, como son determinados barrios de Madrid, zonas del norte de Italia o la colosal Nueva York, lugares en los que se llegó a pensar que se encontraban cerca de la inmunidad de grupo, tras pasar por una situación crítica a nivel asistencial.

Caos en Manaos

La situación que se vive ahora en Manos supera ampliamente la vivida por esta ciudad en el peor momento de la primera ola, entre abril y mayo del año pasado. El gobernador de Amazonas, Wilson Lima, ya ha admitido que los hospitales se encuentran desbordados y que, además, hay una grave falta de cilindros de oxígeno para los enfermos de covid que se encuentran hospitalizados en unidades de cuidados intensivos y dependen de respiradores mecánicos.

Si en el peor momento de la primera ola la demanda llegó a ser de 30.000 metros cúbicos diarios de oxígeno, actualmente se necesitan 76.000, lo que explica la carencia de estos insumos.

Además de la implantación del toque de queda, se ha prohibido la circulación del transporte colectivo de pasajeros tanto en carreteras como en ríos en ese mismo horario, en el que también deberán permanecer cerrados los comercios y negocios de apertura al público, salvo los centros de salud y de seguridad.

A los hospitales colapsados se unen los cementerios desbordados. En toda la región han muerto desde el inicio de la pandemia casi 6.000 personas, pero en un solo día, el pasado miércoles, se enterraron a 198 víctimas de covid-19. Mientras, las hospitalizaciones ya alcanzan las 250 diarias, aproximadamente el doble que en abril y mayo, cuando Manaos ya era una de las ciudades más afectadas de Brasil.

El colapso ha obligado a Manaos a llegar a un acuerdo con el Ministerio de Salud y con los gobernadores de otros estados del país para trasladar a los enfermos menos graves en aviones de la Fuerza Aérea a otras ciudades. De momento, se prevé el desplazamiento de 750 pacientes a los estados de Goiás, Piauí, Maranhao, Paraíba, Río Grande do Norte y el Distrito Federal de Brasilia.

Pero Manaos no es una isla en Brasil. El país es el segundo más afectado por el coronavirus en todo el globo. Suma más de ocho millones de positivos desde que fue detectado el primer infectado y los decesos alcanzan ya los 207.000, tan solo superado por EE.UU.

Mientras, su presidente, Jair Bolsonaro, es uno de los líderes mundiales más destacados por negar la gravedad de la pandemia: reacio al uso de mascarilla, a favor del uso de hidroxicloroquina, a pesar de la nula evidencia científica sobre su eficacia para tratar el covid-19, y también escéptico en cuanto a la vacunación con los fármacos desarrollados en todo el mundo a contrarreloj.

¿Inmunidad de rebaño tras la primera ola?

Manaos ya fue noticia durante la primera ola del coronavirus en Brasil. No solo por su precaria situación, sino porque tras superarla, en septiembre hubo numerosos expertos que vaticinaron que la ciudad podía haber alcanzado la inmunidad de rebaño.

Así lo señalaba un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Sao Paulo (USP) llevado a cabo tras el verano. Si en mayo se estimaba que alrededor del 46 % de su población ya había contraído la enfermedad, en junio se elevó al 65 % y se sostuvo que la cifra se mantuvo alrededor del 66 % en los meses posteriores.

De hecho, según los expertos, la exposición de la mayoría de la ciudadanía al virus podría encontrarse detrás de la caída del número de contagios y fallecimientos en la ciudad en aquel momento. No obstante, los científicos señalaban un punto opaco en este análisis: que los anticuerpos detectados decaían rápidamente pocos meses después del contagio.

Lo cierto es que la situación actual apunta a que no se produjo esa inmunidad de grupo anunciada o fue efímera, y la caída de los anticuerpos la redujo lo suficiente como para haber dado lugar a una segunda ola más grave que la vivida con anterioridad.

Los otros epicentros de la pandemia: Madrid, norte de Italia y Nueva York

En agosto, poco antes de que se señalara en Manaos, ya se difundió la noticia de que otras partes del mundo podrían estar cercanas a alcanzar la inmunidad de rebaño. En concreto, se trataba de algunos barrios populosos de Madrid, algunas partes del norte de Italia y Nueva York. Todas estas zonas tenían en común haber sido el epicentro global de la pandemia de coronavirus en algún momento de la crisis sanitaria mundial. 

El foco se centró en estas regiones después de que se publicaran estudios que barajaban que la inmunidad colectiva se podía alcanzar con una cifra mucho menos elevada de la considerada en un inicio, con tan solo un 20 % de la población que hubiera tenido contacto con el nuevo virus.

Estas zonas consiguieron controlar la primera ola después de implementar durísimas medidas restrictivas que incluyeron el confinamiento domiciliario de toda la población, y el cierre de todas las actividades no esenciales y negocios abiertos al público, salvo aquellos de primera necesidad, como los relacionados con la alimentación o con la salud.

En mayo, la prevalencia de covid-19 más alta del mundo se encontraba en Nueva York, con casi un 20 % de la población que había tenido contacto con el coronavirus. Recientemente, un estudio de seroprevalencia a nivel nacional anunciaba que Madrid alcanzaba casi el 19 %.

Sin embargo, las tasas más elevadas de contagios en un momento dado no han asegurado una menor incidencia en siguientes oleadas, como ha demostrado el caso de la capital española. Fue la región más afectada del país durante la primera ola y lo volvió a ser meses después durante la segunda. Ahora, cuando los expertos ya sostienen que España se encuentra encarando la tercera, Madrid tiene una incidencia acumulada de 698 casos cada 100.000 habitantes durante los últimos 14 días, superada tan solo por algunas regiones.

Pero ahora, el caso de Manaos hace pensar que la crudeza de las experiencias pasadas no evita que se den otras aún peores, mientras se trata de implementar con la mayor rapidez posible la campaña de vacunación con los primeros sueros disponibles, el de Pfizer y el de Moderna.

¿Qué es la inmunidad de grupo?

La inmunidad de grupo es aquella que se consigue cuando un elevado número de personas se ha contagiado de una enfermedad y ha producido anticuerpos, por lo que no puede volver a desarrollar la enfermedad y, por tanto, esta desaparece porque cada vez existen menos huéspedes a los que infectar. Esta inmunidad, no obstante, es posible adquirirla también a través de las vacunas. 

Desde el inicio de la presente pandemia, se ha considerado que esa inmunidad se conseguiría con alrededor del 60-70 % de la población contagiada. Sin embargo, hay más variables a tener en cuenta. En primer lugar, la duración de los anticuerpos adquiridos de forma natural (y no a través de vacunas), que según diversos documentos científicos publicados podrían tener una duración de entre tres meses y uno o varios años. 

En segundo lugar, que los anticuerpos son solo una parte del sistema inmune. Durante los últimos meses se ha informado de la relevancia de los linfocitos T, que también ofrecen una respuesta al virus, pero que son difíciles de cuantificar. 

Asimismo, también habría personas que cuentan con una respuesta innata y otros que reconocen al virus y pueden luchar contra él por haber estado en contacto con otros coronavirus que son endémicos, pero desconocidos, puesto que causan enfermedades muy leves, como resfriados.

La conjunción de estos otros factores –linfocitos T, respuesta innata e inmunidad cruzada– ha hecho que algunos científicos hayan apostado en los últimos tiempos por situar la cifra de personas que deben haber pasado la enfermedad para conseguir la inmunidad de rebaño en una horquilla mucho más baja, de alrededor del 20 % de la población, lo que generó la expectativa hace meses de que Madrid, Lombardía o Nueva York ya se encontraran cerca de erradicar el virus.

Experiencias como la de Manaos, parecen echar esta hipótesis por tierra.

Nuria López

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