Permanecer en estado de ingravidez supone diferentes cambios fisiológicos, varios de los cuales son prácticamente imposibles de detectar en la órbita. Para aproximarse durante un tiempo prolongado a las condiciones del espacio y simular las mismas metamorfosis, los científicos utilizan varios métodos, y uno de ellos es la llamada inmersión en seco.
Desarrollado en los años 1970 por los investigadores del Instituto de Problemas Biomédicos de la Academia de Ciencias de la URSS, el procedimiento se basa en sumergirse en una bañera cubierta por una capa de láminas de plástico impermeable. En ella, el voluntario pasa 24 horas al día durante varios días, a excepción de los 15 minutos necesarios para procedimientos higiénicos y observaciones científicas.

Aunque pueda parecer un método de relajación, en realidad la inmersión en seco resulta agradable solo si se experimenta durante unos minutos o unas pocas horas, ya que con el paso de tiempo el organismo humano se ve afectado por los mismos efectos que dañan la salud de los cosmonautas.
"Al cabo de unas horas me di cuenta de que algo le estaba ocurriendo a mi organismo. Perdí dos litros de líquido. Y no entendía por qué tenía tantas ganas de ir al baño todo el tiempo. Resulta que es normal, que el organismo elimina de esta manera la presión que le sobra", dijo a RT la voluntaria Anastasía Stepánova tras pasar tres días en la bañera sometida al experimento.

"Al segundo día me enteré de que había crecido un centímetro y medio y había perdido dos kilos", agrega.
A pesar de que los experimentos con la inmersión en seco se han llevado a cabo durante décadas, solo en 2020 empezaron las investigaciones centradas en el organismo femenino, pues los científicos quieren estudiar la diferencia entre los efectos de la ingravidez en los dos sexos. Además, las observaciones aportarían nuevos datos sobre la formación de "una serie de síndromes adaptativos", señalaron en septiembre pasado desde el instituto de Problemas Biomédicos, según TASS.
Lo que sabemos de los cambios fisiológicos en estado de ingravidez ha resultado ya en el desarrollo de varios métodos que permiten mitigarlos, dice la jefa del Departamento de Prevención del instituto, Yelena Tamilyvskaya.
"Para que no aparezca atrofia muscular ni trastornos del movimiento, se utilizan métodos tanto de prevención activa como pasiva. Los cosmonautas se entrenan en simuladores, corren en una pista, pero también, por ejemplo, se ponen un traje de carga axial. De este modo, entrenan sus músculos incluso a la hora de realizar su trabajo", indica la científica.


