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El impacto que podría tener la Cumbre Iberoamericana en el proceso de vacunación y las relaciones con Venezuela

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La Cumbre sirvió para develar el alto grado de malestar de los Gobiernos de América latina, quienes parecen ahogados por el avance y persistencia del coronavirus y por las pocas expectativas de que la pandemia cese.
El impacto que podría tener la Cumbre Iberoamericana en el proceso de vacunación y las relaciones con Venezuela

La XXVII cumbre Iberoamericana acaeció el 21 de abril en Andorra, aunque la mayoría de participantes lo hicieron de manera virtual.

La ausencia de los presidentes de Brasil, Jair Bolsonaro, y México, Andrés López Obrador, los países más grandes y con mayor población de América Latina, demostraron cierta flaqueza actual de la instancia. Sin embargo, la debilidad del resto de organismos regionales potencia este evento.

Con la Comunidad Económica Latinoamericana (CELAC) en estado catatónico, con una Organización de Estados Americanos (OEA) bajo un desprestigio creciente debido a su parcialidad político-ideológica y con el deceso práctico del Grupo de Lima, esta cumbre se convierte en el único escenario existente que permite, al menos, mostrar las quejas de los países latinoamericanos en torno a la pandemia y a su desigual tratamiento en el mundo.

La cumbre volvió a reunirlos a todos. Y eso ya es un logro para sus organizadores. De hecho, esta fortaleza puede ser utilizada por el Gobierno de España para retomar cierto liderazgo en la región.

Los representantes latinoamericanos aprovecharon el espacio para mostrar disgusto por los atrasos y exclusiones en la entrega de vacunas, por la lentitud del mecanismo Covax y por el desigual número de vacunados en el mundo

Y esa ha sido su apuesta, ofreciendo 7,5 millones de vacunas a los países latinoamericanos, una vez el 50 % de los españoles estén vacunados. También, el presidente de ese país, Pedro Sánchez, se ha ofrecido a llevar a instancias internacionales el malestar que presentaron los gobiernos con respecto a la distribución de vacunas.

Casi sin excepción, los representantes de los países latinoamericanos aprovecharon el espacio, que no habían tenido, para mostrar disgusto por los atrasos y exclusiones en la entrega de vacunas, por la lentitud del mecanismo Covax y por el desigual número de vacunados en el mundo. Bolivia, incluso, pidió que se liberen las patentes de la vacuna.

Básicamente la Cumbre sirvió para develar el alto grado de malestar de los Gobiernos de América latina, quienes parecen ahogados por el avance y persistencia del coronavirus y por las pocas expectativas de que la pandemia cese, debido a la poca capacidad de vacunación en la región.

El tema central original, que versaba sobre la 'innovación para el desarrollo sostenible', quedó solapado por la emergencia pandémica. Lo urgente vuelve a rezagar nuevamente a lo importante.

Las relaciones con Venezuela

Para ver resultados de la Cumbre en torno al tema de la pandemia y la vacunación habrá que esperar algún tiempo. Pero sobre el tema Venezuela ya hubo consecuencias evidentes.

Si bien el presidente venezolano, Nicolás Maduro, no estuvo en la cumbre debido a un veto no velado, la sola presencia de su representante, la vicepresidenta Delcy Rodríguez, implica un triunfo diplomático, por no decir geopolítico, para el Gobierno de Venezuela.

Muchas veces lo importante de estos acontecimientos no es lo que pasa, sino lo que no pasa. En este caso resalta que ni Washington, ni la Unión Europea, ni la mediática mundial reprobaron la asistencia del Gobierno de Maduro y prefirieron hacer mutis al respecto.

Con referencia a los participantes, ni el rey Felipe VI, ni el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ni los jefes de Gobierno de Portugal o España cuestionaron su participación.

Unos cuatro presidentes (Chile, Colombia, Uruguay y Ecuador) se pronunciaron contra la asistencia del Gobierno venezolano, pero igual participaron en la misma, es decir, a pesar de mantener sus posturas radicales al respecto, no le dieron la importancia como para no asistir a la cita.

Incluso los presidentes de Chile y Uruguay no fueron tan contundentes en sus discursos sobre Venezuela, y desistieron de llamar dictador a Maduro, concentrándose en pocos segundos en pedir que abra compuertas democráticas y utilizando el grueso del tiempo para hablar de la pandemia.

La mayoría de los países participantes de la Cumbre llegaron a reconocer en 2019 a Guaidó como presidente interino de Venezuela. Sin embargo, dos años después, es el Gobierno de Maduro el que se hace presente en ella

Habría que recordar que en febrero de 2019, Sebastián Piñera acudió a la frontera colombiana con Venezuela para apoyar el llamado insurreccional del interinato de Guaidó en contra de Maduro. En la Cumbre, a pesar de su clara postura, lució mucho más ecuánime al no pedir golpes militares ni invasiones de otros países.

Después del clímax del Grupo de Lima, en el que unos 15 países de la región (además de EE.UU y Canadá) fueron insistentes en la necesidad de derrocar a Maduro desde 2017 hasta 2020, el reclamo de estos cuatro países durante el evento en Andorra quedó como un incidente minoritario.   

Los grandes actores mundiales parecen querer bajar el volumen al tema Venezuela y en cierta forma reconocen el fracaso del interinato Guaidó, al que apostaron de manera insistente, incluso, cuando ya había fracasado.

La mayoría de los países participantes de la Cumbre llegaron a reconocer en 2019 a Guaidó como presidente interino de Venezuela. Sin embargo, dos años después, es el Gobierno de Maduro el que se hace presente en ella. Muchos de ellos, como España, Portugal, Argentina y México, ya no reconocen el interinato.

Se podría decir que con esta cita, el capítulo de Guaidó ha finalizado y, sobre todo, que la política agresiva del Gobierno de Trump ha perdido vuelo en el mismo conjunto de países que lo propiciaron.

Queda por esperar si esta reunión, en la que estuvieron presentes importantes actores internacionales, ayudará a equilibrar la distribución de vacunas a un subcontinente azotado por el coronavirus y que no vislumbra una resolución en un plazo razonable, como sí ocurre en Europa y Norteamérica.

Lo que sí se ha producido, apenas acaecido el evento, es un nuevo enfoque para tratar el problema de Venezuela. Pedro Sánchez lo ha dicho de esta forma: "Es evidente que hay opiniones encontradas (pero) a partir de ese dialogo y la escucha se llega a acuerdos".

Sin duda, otra visión que parece superar los tiempos trumpistas.

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