Por qué la cruzada de Bolsonaro contra el voto electrónico genera tanta controversia en Brasil

Muchos piensan que el mandatario prepara el terreno para contestar una eventual derrota en las elecciones de octubre del año que viene.

Horas después de que los seguidores de Donald Trump asaltaran violentamente el Capitolio de EE.UU. y bloquearan la sesión que debía confirmar a Joe Biden como ganador de los comicios presidenciales, el mandatario ultraderechista de Brasil, Jair Bolsonaro, lanzó una advertencia.

"Si nosotros no tenemos el voto impreso en 2022 [fecha de las próximas elecciones presidenciales], una forma de auditar el voto, vamos a tener un problema peor que el de EE.UU.", dijo. 

Aunque sus declaraciones provocaron una ola de indignación, el presidente ha seguido repitiendo, sin prueba alguna, que el sistema de voto electrónico utilizado desde 1996 en Brasil se presta al fraude, pues considera que las urnas pueden ser pirateadas fácilmente.

Un extremo al que se oponen los jueces del Supremo Tribunal Federal y del Tribunal Superior Electoral, que aseguran que las urnas electrónicas son "seguras, modernas y auditables". 

La batalla de Bolsonaro

La cruzada de Bolsonaro a favor del voto impreso, que considera "más auditable", es una de sus principales banderas políticas. Muchos piensan el mandatario, desgastado por su desastrosa gestión de la pandemia y las acusaciones de corrupción contra su gobierno, está preparando el terreno para contestar una eventual derrota en las elecciones de octubre del año que viene, lo cual podría derivar en violencia al estilo de lo que ocurrió en Washington.

Bolsonaro, un excapitán del Ejército, lleva años con esa campaña de desprestigio del sistema electoral brasileño, uno de los más informatizados del mundo. En 2018, dijo que habría ganado la elección en el primer turno si no hubiera habido fraude.

También sostiene que los comicios que ganó la izquierdista Dilma Rousseff en 2014 fueron fraudulentos, incluso aunque el candidato perdedor en segunda vuelta, el centroderechista Aecio Neves, niegue tal posibilidad. Eso tampoco lo ha probado nunca, pero el pasado jueves Bolsonaro anunció que presentaría pruebas concluyentes la semana que viene.

El tema ha estado vigente en la agenda del ultraderechista. Hace unos días, desató una gran polémica al sugerir que, si no se adopta el voto impreso, las elecciones podrían no celebrarse. La oposición y representantes del resto de poderes vieron en estas declaraciones una amenaza a la normalidad democrática por parte de un mandatario, que nunca ha ocultado su admiración por la dictadura militar que vivió Brasil (1964-1985).

La propuesta de Bolsonaro sobre el voto impreso es analizada por una comisión especial de la Cámara de Diputados, pero al tratarse de un proyecto de enmienda constitucional necesitaría 3/5 de los votos del Congreso para salir adelante, algo poco probable que ocurra ya que 11 partidos, que forman mayoría, se han posicionado en contra. 

Militares

La controversia subió de tono el jueves cuando el periódico O Estado de Sao Paulo afirmó que el ministro de Defensa, el general Walter Braga Netto, envió un recado al presidente del Cámara de Diputados, Arthur Lira, diciéndole que si no se aprobaba el voto impreso no habría elecciones en 2022. 

Esa noticia cayó como una bomba en Brasil. Muy pronto fue desmentida por el titular de Defensa quien, sin embargo, defendió el voto impreso y aprovechó para comentar que las Fuerzas Armadas "siempre actuarán dentro de los límites previstos por la Constitución".

La reacciones de rechazo fueron tan contundentes que hasta el vicepresidente Hamilton Mourao tuvo que salir a apagar el fuego: "Obvio que va a haber elección. Quién va a prohibir la elección en Brasil? Por favor, gente, no somos una república bananera".

"Que él [Braga Netto] defienda el voto auditable impreso no es novedad. Prácticamente toda la cúpula militar brasileña lo hace en conversaciones privadas", comentó el periodista Igor Gielow en la Folha de Sao Paulo. 

Sin embargo, Gielow destacó que "solo el hecho de que haya una discusión sobre el papel institucional de las Fuerzas Armadas dice mucho del estado en el que el país está y obliga a que sea vigilado de cerca".

Es la segunda crisis con el sector castrense en pocos días. La semana pasada, las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Defensa publicaron un atípico comunicado conjunto después de que el presidente de la comisión del Senado –que investiga presuntas irregularidad del Gobierno de Bolsonaro en la pandemia– dijera que existía "un lado podrido" dentro del Ejército, que podía haberse beneficiado de la compra de vacunas.

"No aceptaremos ningún ataque sin fundamento a las instituciones que defienden la democracia y la libertad del pueblo brasileño", escribieron. Muchos vieron en estas palabras un intento de intimidación de los militares.

Bolsonaro se encuentra en el punto de mira de esta comisión por las irregularidades en un contrato de compra de la vacuna india Covaxin, que nunca se llegó a efectuar. La Policía investiga si cometió prevaricación al no denunciar el caso del que supuestamente estaba enterado.

La polémica del inmunizante indio provocó que varios partidos políticos y diferentes entidades presentasen un superpedido de 'impeachment' contra el presidente, cuya popularidad se ha visto mermada por su gestión de la pandemia, que ya ha dejado en este país más de 545.000 fallecidos.

Un último sondeo de Instituto Datafolha indicó que la tasa de desaprobación contra Bolsonaro pasó de un 45 % en mayo hasta un 51 %. De celebrarse ahora las elecciones, el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva vencería con un 58 % de votos, frente al ultraderechista, que obtendría un 31 %.

Marta Miera