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Violencia, machismo y un negocio multimillonario: las faltas que no se pitan al deporte más popular del mundo (y su pésimo ejemplo para la sociedad)

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Una de las imágenes negativas que se pueden extraer del fútbol la encontramos en la exhibición generalizada y normalizada de la violencia, física y verbal, la cual parece formar parte de la esencia misma de este deporte.
Violencia, machismo y un negocio multimillonario: las faltas que no se pitan al deporte más popular del mundo (y su pésimo ejemplo para la sociedad)

El fútbol es, con mucha diferencia, el deporte más practicado y seguido del mundo, con más de 4.000 millones de seguidores, casi el doble que el segundo deporte más popular —el críquet, con 2.500 millones— y el doble que el tercero —el hockey sobre hierba—. No obstante, cuadriplica en seguidores al tenis —1.000 millones—, quintuplica al baloncesto —825 millones— u octuplica al béisbol, el rugby o el golf — cerca de 500 millones—. Es por ello que todo aquello que acontece, tanto en su interior como en su placenta, tiene una gran repercusión y constituye un ejemplo para miles de millones de niños y adolescentes. Un ejemplo que, en muchas ocasiones, no parece ser el mejor.

Una de las imágenes negativas que se pueden extraer del fútbol la encontramos en la exhibición generalizada y normalizada de la violencia, física y verbal, la cual parece formar parte de la esencia misma de este deporte. Una posición muy lejana de otros deportes en los que la cortesía desempeña un papel fundamental, como el tenis o el golf. No podemos pues, negar la mayor, el fútbol es un pésimo ejemplo, al menos en cuanto a la violencia se refiere.

Un ejemplo que se agrava porque el deporte rey no solo es una cuestión de seguidores, pues el fútbol, además, es uno de los negocios más importantes del mundo, ya que, según Deloitte, este deporte moviliza anualmente unos 500.000 millones de dólares, casi la mitad del PIB de México y una tercera parte del brasileño. Es decir, el fútbol genera en términos comparativos la mitad que un país de casi 130 millones de personas y el tercio de un país de más de 200 millones de personas. Por ello, no es de extrañar que se trate del único deporte que aporte tres integrantes —Leo Messi, Cristiano Ronaldo y Neymar— a la lista de los diez deportistas con mayores ingresos del mundo durante 2021.

Además, el fútbol tiene una influencia mastodóntica, lo que queda demostrado en el listado de diez deportistas más seguidos del mundo en redes sociales, de los que ocho eran futbolistas en el año 2020. Solo LeBron James o Virat Kohli, criquetista, lograron entrar en tan selecto club, ocupando la cuarta y la quinta plaza, tras el trío de futbolistas más importantes de las dos últimas décadas —los mencionados, Ronaldo, Messi y Neymar—.

Seguidores, dinero e influencia que no solo convierten a los futbolistas, a las personas que les rodean y a aquellos que ocupan un papel relevante en potentes altavoces cuya voz es escuchada por millones de personas, sino que cuanto acontece en el mundo del fútbol es seguido por medios de comunicación de gran impacto.

Por poner como ejemplo a España, los dos diarios más leídos en el país son deportivos y en las cadenas de televisión o las emisoras de radio se puede percibir que la información deportiva tiene cada vez más importancia. Incluso existen canales dedicados únicamente al deporte que cuentan, junto con destacados programas, con audiencias muy importantes. Lo que acontece en el fútbol impacta en la sociedad con la intensidad de un ko, ya sea para bien o para mal.

La violencia física

En este contexto, nos encontramos que la violencia física está tan asentada en el fútbol que pareciera formar un pilar fundamental de este deporte, siempre testosterónico, masculino hasta el punto de exhibir un más que considerable retraso en la implementación de las secciones femeninas con respecto a otros deportes —el tenis, por ejemplo—. De hecho, existen jugadores que han pasado a la historia por un comportamiento frecuente de violencia sin que ello mermara sus carreras profesionales: Roy Keane, Vinnie Jones o Pablo Alfaro son algunos de los integrantes de un listado tristemente interminable. Baste señalar como prueba de esta impunidad ante la violencia, lo poco que su pasado ha condicionado a los tres jugadores anteriormente señalados que son o han sido comentaristas en programas de televisión o diarios deportivos.

De entre todos ellos, debemos destacar a Roy Keane, que cuenta en su currículum cómo, tras caer lesionado de forma accidental persiguiendo a un futbolista —el noruego Alf Inge Haaland, padre del actual futbolista noruego que apunta a gran estrella mundial—, se vengó dos años después con una entrada tan violenta que terminó con la carrera futbolística del noruego. Y hay que destacar que no solo practicó la violencia física, sino que, a día de hoy, mantiene niveles de agresividad muy altos en los platós de televisión como comentarista —por ejemplo, en junio de este año aseveró que "si yo fuera Cristiano [Ronaldo], me iría por Joao [otro jugador portugués] en el vestuario" o hace escasos días mantuvo una fuerte discusión como Jamie Carragher, otro exfutbolista—.

Más allá de otras muchas acciones violentas que los jóvenes han podido y pueden visualizar casi a diario, como las patadas de Pepe —exdefensa del Real Madrid—, el mordisco de Luis Suárez —exjugador de Liverpool o Barcelona— o, más recientemente, la intencionada agresión del sueco Zlatan Ibrahimovic con un codazo al navarro Azpilicueta —"lo hice a propósito y lo volvería a hacer"—, lo cierto es que parecen representar una corriente, si no dominante, sí al menos vigorosa, frente al prototipo de futbolista honesto, como sería Gary Lineker —un futbolista inglés que jamás recibió una tarjeta amarilla durante su carrera futbolística—.

¿Cómo explicarle a un niño que el camino seguido por estos futbolistas, ídolos de muchísimos, no es el correcto cuando sus carreras profesionales se exhiben triunfantes?

Por supuesto, no solo Gary Lineker ha sido un jugador limpio, el listado también sería muy extenso, pues no son pocos los futbolistas que practican con honestidad el juego limpio, pero de poco sirve mientras encontremos que los futbolistas violentos, que no son pocos, no sufran, como ya hemos comentado, consecuencia alguna por sus excesos de violencia o, al menos en apariencia, su carrera no muestre merma alguna —Pepe siguió jugando en el Real Madrid tras sus patadas, Luis Suárez fichó por el Barcelona tras su mordisco ni Zlatan Ibrahimovic no parece que vaya a ver afectada su trayectoria por el reciente codazo, por señalar unos pocos ejemplos—. ¿Cómo explicarle a un niño que el camino seguido por estos futbolistas, ídolos de muchísimos, no es el correcto cuando sus carreras profesionales se exhiben triunfantes?

Más importante, quizás, es comprobar que, en general, no se trata de acciones aisladas en la carrera profesional de los futbolistas violentos o tendentes a la violencia, errores al fin y al cabo que cualquiera puede cometer, sino que la reincidencia en este tipo de conductas en determinados futbolistas demuestra la existencia de un patrón violento que el fútbol no considera intolerable. No solo parece que la violencia se tolera en el fútbol, sino que incluso se promociona, como si contar con jugadores violentos concediera un plus a los equipos que disponen de ellos. Casos de futbolistas que han sido multitud de veces expulsados y han jugado en equipos muy importantes existen en demasía —Sergio Ramos, Paolo Montero, Pablo Alfaro, Javi Navarro, Roy Keane…—. Recuerden las palabras de Carlos Bilardo, mítico entrenador argentino, cuando entrenaba al Sevilla: "¡Pisalo, pisalo!" —en referencia al rival—. Así pues, sí, la violencia se incluye dentro de una corriente metodológica en el mundo del fútbol que considera que lo importante, por encima de todo, es ganar. Ganar a cualquier precio. Y ese es precisamente parte del pernicioso mensaje que se envía a la juventud mundial, que todo vale para ganar, incluyendo la violencia.

Por si fuera poco, también existe la sensación de permisividad arbitral, lo que ha provocado que futbolistas violentos hayan sabido jugar con esa permisividad evitando en muchos casos aparecer en los listados de expulsados —Mark van Bommel es un ejemplo de ello, solo acumuló tres expulsiones directas y otras diez más por doble amonestación en más de setecientos partidos a pesar de ser famoso no solo por su enorme desempeño futbolístico, sino también por unas entradas enormemente violentas, como la perpetrada sobre Andrés Iniesta durante la final del mundial de Sudáfrica en 2010—.

Además, existen futbolistas que su comportamiento va todavía más allá y roza lo pendenciero, como es el caso del exmadridista Pepe o el exatlético Diego Costa, que merecerían un capítulo individualizado para reseñar el amplio abanico de conflictos, acciones violentas o juego sucio desplegado en los equipos en los que jugaron.

La violencia verbal

Por desgracia, el fútbol no solo exhibe unos inusitados niveles de violencia física que consumen los adolescentes de todo el planeta, sino que la violencia verbal también se encuentra muy presente, incluso a nivel directivo. De hecho, el insulto está tan normalizado en el mundo del fútbol que ha llegado incluso a constituir razón para conseguir un título mundial. Sin mucho bochorno por ello, todo hay que decirlo.

Es el caso del cabezazo de Zinedine Zidane a Marco Materazzi en la final entre Francia e Italia en el mundial de Alemania en 2006. Una acción enormemente violenta de un futbolista, paradójicamente muy tranquilo, que tuvo como origen una provocación por parte del futbolista italiano, que le dijo que prefería a su hermana antes que una camiseta. Una chanza que, además, el italiano cuenta con un orgullo que no debería ser tal y que no parece que fuera motivo de vergüenza alguna en Italia. Todo lo contrario.

Y es que Materazzi es hoy, como ha sido durante las últimas décadas, un héroe por haber conseguido provocar una acción violenta que permitió a su selección nacional obtener un título que, de otra forma, habría sido muy complicado conseguir. No parece el mejor ejemplo de Fair Play, pero esta es la realidad del fútbol: el campeonato jaleado, disfrutado y celebrado por un país de casi sesenta millones de habitantes.

Pero la violencia en el mundo del fútbol no queda circunscrita a los campos de fútbol, ya que la triste realidad es que la violencia verbal alcanza unos niveles tan altos que hasta puede encontrarse a nivel de directivos o representantes. Uno de los ejemplos lo encontramos en las consecuencias que generó la propuesta de crear una Superliga durante la primavera de este año. Dejando a un lado la conveniencia o no de la creación de la mencionada competición, lo cierto es que su propuesta provocó un torrente de insultos de todo tipo por parte de dirigentes europeos, provenientes muy especialmente de Aleksander Ceferin, máximo responsable de la UEFA y por ello más sujeto al decoro que los demás, y de Javier Tebas, máximo responsable de la Liga española —con pasado y presente ultraderechista en España—.

Aleksander Ceferin llegó a calificar a la Superliga como "escupitajo en la cara" mientras Javier Tebas se despachó con gusto contra el impulsor de la iniciativa, Florentino Pérez, al que calificó como "Robin Hood" o "desastre de presidente". Excesos verbales que constituyeron un pésimo ejemplo por lo que transmitieron en cuanto a la capacidad de gestión de la frustración, ya que en ningún caso se pueden considerar esenciales en la resolución del problema, sino todo lo contrario. No obstante, la agresividad verbal no solo resulta obviamente superflua en el resultado de la confrontación por la implantación de la competición —ya que se están dirimiendo en procesos jurídicos—, sino que se convirtieron en un obstáculo considerable para la consecución de una solución negociada y un mensaje mundial de banalización y legitimación del insulto.

La violencia verbal en los medios de comunicación

Por desgracia, la violencia parece haberse apoderado de casi todos los rincones relacionados con el mundo del fútbol, como es el caso de las agencias de representación de futbolistas. Por ejemplo, hace solo unos días, Jonathan Barnett, el representante de Gareth Bale, futbolista que juega actualmente en el Real Madrid, y propietario de la agencia Stelar Group, afirmó que la afición madridista había sido "repugnante". No era un caso aislado el suyo, ya que en el pasado llegó a aseverar que el entonces entrenador del Real Madrid, Zinedine Zidane, era una "desgracia" y una "vergüenza".

Otro representante que no parece contar con excesivos buenos modales es Mino Raiola, que además cuenta con una considerable tendencia por lo escatológico: llamó a Guardiola "mierda de hombre" o a Jurgen Klopp "pedazo de mierda". Su historial también es más que considerable, pues Guardiola y Klopp solo son dos ejemplos de un extenso listado de agraviados que incluye, incluso, a sus propios futbolistas, ya que llegó a espolear a Romelu Lukaku, cuando atravesaba por una crisis, con una charla de motivación de lo más obscena y machista —"juegas como una mujer, como una niña que nunca ha chutado el balón"—. 

La violencia verbal en los medios de comunicación

Como hemos podido comprobar, existen futbolistas violentos, dirigentes violentos o agentes violentos, pero la violencia en el mundo del fútbol llega mucho más allá, ya que también se encuentra con demasiada facilidad en los medios de comunicación. Ello se debe a que en los últimos años han ganado terreno los programas deportivos en los que los tertulianos o comentaristas atraen a la audiencia con comportamientos fanáticos, extravagantes y violentos en una búsqueda de lo escandaloso que no parece tener fin. Lo que supone, de facto, una continuidad de la rivalidad deportiva a golpe de escándalo hasta llegar al extremo que sea necesario, lo que por muchos se interpreta como una incitación al odio y a los comportamientos violentos. Gasolina al fuego.

La violencia física y verbal se ha mostrado en el mundo del fútbol como una vía exitosa cuyas consecuencias no han sido medidas ni por los futbolistas ni por los componentes o los dirigentes del fútbol mundial. Ganar no debería serlo todo, no a cualquier precio.

Por ejemplo, en España encontramos el programa El Chiringuito, donde son tan habituales como bochornosos los incidentes violentos, escandalosos, extravagantes o extremistas, como cuando El Loco Gatti llegó a amenazar de muerte a Cristóbal Soria en plena discusión. No fue un episodio aislado, ni de este tertuliano ni del programa, pues el Loco Gatti ha protagonizado múltiples incidentes violentos tras los que, una y otra vez, vuelve al plató del programa pasado un tiempo hasta que vuelve a protagonizar otro escándalo monumental —con abandono del plató incluido—. Y si vuelve es porque sus escándalos venden, porque son parte del guión, del show, como lo son el mencionado Cristóbal Soria o Tomás Roncero, dos sujetos que exhiben comportamientos alejados de la razón y los buenos modales. Un show que, desgraciadamente, continúa con la violencia verbal y física que exhibe el fútbol en los otros apartados comentados.

El brutal impacto en la sociedad

Por todo ello, no es de extrañar que, alrededor del fútbol, encontremos elevados niveles de violencia, verbal y física, casi a diario, pues la violencia en los campos de fútbol, los pasillos, los despachos o los platós de televisión fomentan considerablemente la violencia en las gradas. En los aficionados.

Así pues, estos seguidores reproducen la violencia verbal o física del fútbol, como mínimo en las gradas de los estadios, porque no parece claro que las personas sean capaces de acotar estos niveles de violencia a momentos tan puntuales de su vida.

Vamos con un ejemplo, de nuevo, reciente. Hace escasas fechas, la jugadora de fútbol María Blanco Armendáriz, que tuvo que escuchar durante un partido de fútbol, según ella misma denunció, las siguientes barbaridades: "te voy a violar", "vamos a violar a todo tu equipo", "súbete la camiseta para enseñarme las tetas y el culo", "se os nota el tanga", "vamos al vestuario y te violo", "tu madre me la chupa" o "tienes cara de chuparla bien".

¿De verdad este o estos aficionados pueden aislar semejantes niveles de violencia verbal del resto de relaciones personales que establezcan? ¿Cómo puede ser posible que semejantes barbaridades puedan ser proferidas en unas gradas sin que una mayoría las repruebe y denuncie?

Con todo, solo es uno de los innumerables ejemplos que se podrían esgrimir, ya que el historial del fútbol está plagado de acciones ignominiosas como la anterior —incluso mucho más graves—. Entre las infamias que rodean al fútbol, una de las que ocupa un lugar tristemente privilegiado es el racismo. Casi ningún futbolista negro ha quedado en Europa sin recibir, y no de forma ocasional, insultos racistas de diferente magnitud. Más grave aún, en ocasiones estos insultos han procedido de compañeros, como fue el caso del ya mencionado Luis Suárez por su mordisco, que tuvo un incidente racista con Patrick Evra, jugador entonces del Manchester United, cuando jugaba en el Liverpool. Un caso que parece constituir toda una tradición futbolística cuya últimas víctimas han sido los jugadores negros de la selección de Inglaterra que fallaron los penaltis contra la selección italiana durante la Eurocopa de 2021.

En ocasiones, la violencia de los aficionados llega mucho más allá de los ataques verbales y concluyen en salvajes asaltos, como el que vivió Ronald Koeman recientemente a la salida de un partido de fútbol. O peor aún: asesinatos. Asesinatos de aficionados e incluso de futbolistas. Muertes que jamás deberían haber ocurrido y cuyo listado no es menor, pero entre las que destaca un nombre: Andrés Escobar. El jugador colombiano anotó un gol en propia meta que supuso la eliminación del país del mundial de Estados Unidos en 1994, lo que le convirtió en objetivo de multitud de críticas. En este contexto, en el que, seguramente, multitud de medios de comunicación traspasaron todos los límites, fue tiroteado tras ser criticado en un bar. Murió antes de llegar a un hospital. A pesar de las relaciones de los asesinos con el narcotráfico, el relato de lo acontecido demuestra más lo accidental que lo programado.

Así pues, la violencia física y verbal se ha mostrado en el mundo del fútbol como una vía exitosa cuyas consecuencias no han sido medidas ni por los futbolistas ni por los componentes o los dirigentes del fútbol mundial. Ganar no debería serlo todo, no a cualquier precio.

Luis Gonzalo Segura

Ex teniente del Ejército de Tierra expulsado por denunciar corrupción, abusos y privilegios anacrónicos. Autor de las novelas 'Un paso al frente' (2014) y 'Código rojo' (2015) y los ensayos 'El libro negro del Ejército español' (2017), 'En la guarida de la bestia' (2019) y 'El Ejército de Vox' (2020). 

@luisgonzaloseg

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