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Lo que está en juego (electoral y simbólicamente) para la oposición y el Gobierno de Venezuela con un comicio en la cuna del chavismo

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Este domingo se celebrarán las elecciones regionales en Barinas, que aunque es un estado pequeño, resulta clave para definir el futuro de la política nacional, de cara a los próximos años.
Lo que está en juego (electoral y simbólicamente) para la oposición y el Gobierno de Venezuela con un comicio en la cuna del chavismo

Las elecciones regionales en Venezuela no han terminado. Aún hay que esperar la justa que se realizará este domingo en el pequeño pero simbólico estado de Barinas –de menos de 400.000 habitantes–, que sellará el sentido de los comicios que inicialmente fueron convocado en noviembre del año pasado.

Aquel día de noviembre, el partido de gobierno arrasó en número de cargos de representación, pero retrocedió en los votos conseguidos en sus predios.

No hay forma de que esta elección cambie en mucho el mapa político arrojado tras los comicios: 19 gobernaciones del partido de gobierno contra 3 de la oposición, y 210 alcaldías del oficialismo contra unas 120, si se sumaran arbitrariamente todas las fracciones del antichavismo.

Aunque esta elección no cambie el mapa político-territorial, sí podría variar el mapa simbólico que es más importante. Y el estado Barinas, vaya que puede. 

Como se ha repetido, Barinas es el estado natal del fallecido expresidente y líder fundador del chavismo, Hugo Chávez. Por consiguiente, también ha sido un territorio electoral conquistado por varios miembros de su familia, que ganaron todas las elecciones desde 1998 hasta que Argenis Chávez perdió el comicio pasado contra Freddy Superlano, de la Mesa de la Unidad Democrática, en un ajustado conteo que quedó en 37,6% para el opositor y 37,2% para el abanderado del gobierno.

Aunque esta elección no cambie el mapa político-territorial, sí podría variar el mapa simbólico que es más importante. Y el estado Barinas, vaya que puede. 

Sin embargo, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) inhabilitó a quien consideró ganador y llamó a unas nuevas elecciones.

Proyecciones 

Como cabría esperar, tanto el chavismo como la oposición han puesto toda la concentración y todas las cartas sobre la mesa para ganar este cargo de representación. 

El chavismo ha tratado de recomponerse lanzando a Jorge Arreaza, que viene de ser canciller y ministro por largos años. Atiende al perfil de un funcionario de alto nivel, que ha sido de la familia política de Chávez, pero no tiene el apellido y no es de ese estado, lo que si bien deja claros los lazos, también procura bajar el protagonismo de los parientes directos del líder carismático que, durante 22 años, han ocupando gobernaciones y alcaldías.

La candidatura de Arreaza ha articulado a sectores del chavismo disidente y trata de recordar las lecturas tradicionales que mantiene el movimiento político hacia el significante Chávez, a diferencia de la campaña más heterodoxa de noviembre. Pero esto puede no ser suficiente.

Hay que resaltar que, según la cifra oficializada por el TSJ, hay un 25,2 % que votó por otras opciones disidentes al PSUV y la MUD en el estado Barinas en el evento de noviembre, y estos resultan fundamentales para lograr la victoria.

Pero no hay encuestas publicadas, así que no es posible prever cómo se comportarán los votantes ante este nuevo enfrentamiento comicial, especialmente cuando la figura de Chávez está en juego. La situación puede generar reacciones de apoyo automático, pero el hecho de que el TSJ haya intervenido el resultado anterior también podría generar reacciones de voto castigo.

Todo esta por verse

La MUD también se ha se ha reconfigurado para esta cita electoral. Por una parte, supo enfrentar una lluvia de inhabilitaciones a tres candidatos propuestos y logró que el actual aspirante, Sergio Garrido, recibiera el apoyo de otras fórmulas que en noviembre eran consideradas enemigos o "alacranes" por parte de la oposición tradicional, como es el caso de Avanzada Progresista.

Garrido, de perfil moderado, es del partido Acción Democrática, pero no se presentará con la tarjeta de ese partido, que apoyará a una tercera opción.

La polarización le funciona a Garrido en la medida que con ella puede arropar la opción de Claudio Fermín, quien representa a la oposición que ha mantenido diálogo abierto con el gobierno de Maduro y no ha seguido los designios radicales del antichavismo rupturista.

¿Qué podría pasar?

De ganar Arreaza, el gobierno habrá desinflado nuevamente a la oposición y fortalecerá su narrativa de un triunfo fulminante que pinta de rojo el mapa nacional, salvo excepciones. Comprobaría, además, que sus estrategias son realmente exitosas y logran doblegar al antichavismo en una esfera incontestablemente democrática, lo que le daría confianza para enfrentar la coyuntura del 2024.

Pero si esto no ocurre, y es la oposición la vencedora, entonces esos factores habrán encontrado una fórmula ganadora que podrían extrapolar exitosamente hacia las presidenciales.

Por un lado, porque logran derrotar al chavismo en un territorio que, más que su zona de confort, es su santuario. Y por el otro, porque estarían venciendo las grandes estrategias del oficialismo, como son la alta abstención y la división opositora, todas en juego en esta campaña.

Si la oposición puede saltar ambas vallas, entonces dejará sentada su capacidad y potencialidad para ganar unas presidenciales y el oficialismo, aunque haya ganado 19 de las 23 gobernaciones, podría sentirse acechado.

La abstención, que siempre perjudicó a la oposición, en noviembre afectó también a las fuerzas chavistas que bajaron la votación a escala nacional, pero sobre todo en sus feudos, y se comprobó que este flagelo puede ser también un bumerán para el gobierno.

Es obvio que la división opositora resalta con fuerza debido a la candidatura de Fermín, un veterano líder que ha confrontado a la oposición tradicional, ha sido candidato presidencial y hoy se ha lanzado en Barinas para intentar impedir su triunfo de una manera más o menos velada, tanto por sus declaraciones, como por el poco chance que tiene de vencer en un estado que no es suyo y en el que no ha hecho política.

De perder el chavismo, no solo lastraría la derrota al presidente Nicolás Maduro sino que significaría un golpe duro para el movimiento político, incluyendo a otros liderazgos y sectores.

Pero si la resta al voto opositor que producirá Fermín ese día no es suficiente, entonces la estrategia por parte del oficialismo de ganar dividiendo al adversario, se podría venir abajo y su resultado sería rápidamente extrapolable, hipotéticamente, a la esfera nacional.

Entonces, allí viene lo mas grave de la carga simbólica. De perder el chavismo, no solo lastraría la derrota al presidente Nicolás Maduro sino que significaría un golpe duro para el movimiento político como tal, incluyendo a otros liderazgos y sectores, porque perdería alguien cercano a Chávez y no un "candidato cocinado" recientemente por el partido. Todo ello en el territorio llamado "cuna de la Revolución". 

Eso es lo que se juega. Queda esperar el resultado y evaluar las consecuencias que traerá este en la política nacional, de cara a los próximos años.

Ociel Alí López es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América Latina.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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