El miércoles 20 de julio, la organización no gubernamental Caminando Fronteras publicó un informe sobre la situación migratoria en España titulado 'Derecho a la vida'. De acuerdo con los datos revelados por la representante del colectivo Helena Maleno, 978 migrantes murieron durante el primer semestre de 2022 al intentar acceder al país.
La mayoría de las víctimas, 938 personas, fallecieron o desaparecieron en el mar, mientras que otras 40 murieron en Melilla, enclave español en el norte de África, donde se hay un muro fronterizo conocido como "la ratonera". En promedio, cinco migrantes fallecieron al día durante los primeros seis meses del año en la región euroafricana. Las víctimas procedían de 23 países, como Marruecos, Argelia, Guinea, Costa de Marfil, Senegal o Siria, entre otros. No obstante, el 88 % de los cuerpos siguen sin ser identificados.
Rutas de acceso a España
De acuerdo con el informe, se han detectado cuatro principales vías de acceso marítimo hacia el país: tres en el Mediterráneo Occidental, -las del estrecho de Gibraltar, mar de Alborán y Argelia-, y una que cruza el Atlántico, cerca a las islas Canarias. Además existen dos rutas terrestres, las de Ceuta y Melilla. El camino más mortífero es el Atlántico, al concentrar a 800 de las muertes registradas, además de 28 naufragios.
Helena Maleno explica la alta tasa de mortalidad en la zona por la fragilidad de las embarcaciones empleadas, que resultan insuficientes para atravesar las largas distancias del Atlántico, sin contar que comúnmente, los botes suelen ser sobresaturados, soportando un peso excesivo. Asimismo, las relaciones políticas entre los países y sus zonas de intereses territoriales marítimos y terrestres complican considerablemente la cooperación entre los Estados para garantizar la protección de los migrantes y para activar los servicios de rescate.
Las otras rutas también constituyen una amenaza. En la vía de Alborán se registraron 3 naufragios y 35 muertes, mientras que en la de Argelia se contabilizaron 101 víctimas. Por último, en el estrecho de Gibraltar, 2 naufragios resultaron en 2 personas fallecidas. A todas estas víctimas habría que añadir las 40 muertes registradas en la frontera terrestre.
De acuerdo con el reporte, el problema central en las rutas de Alborán y el Estrecho es que al ser menos transitadas, son "totalmente invisibilizadas", lo que resulta en una constante "omisión del deber de socorro" por parte de las autoridades, es decir, los medios de rescate no se activan y la ayuda llega demasiado tarde, lo que genera que el número de fallecidos aumente considerablemente.
La mayoría de las muertes contabilizadas se registraron en los meses de enero y junio, con 306 y 290, respectivamente.
La "ratonera" en Melilla
Un apartado especial del informe aborda la represión registrada en la "ratonera", un lugar de asentamiento migratorio en la frontera entre la ciudad marroquí de Nador y Melilla, en donde se registró un intento de salto el pasado 24 de junio, luego de meses de abusos cometidos por las fuerzas de seguridad contra los refugiados.
Aún se desconoce cuántas personas perdieron la vida a causa del incidente, pero de acuerdo con la ONG, la cifra es de 40 muertos. El 30 % de la población migrante que ese día se encontraba en el campamento tenía entre 15 y 17 años, en tanto que un 5 % eran niños con edades entre los 11 y 14 años.
Según Caminando Fronteras, la falta de transparencia impidió a las organizaciones y familiares identificar los cuerpos de las víctimas y acceder a los resultados de las autopsias, necesarios para conocer las causas de las muertes, lo que representa una clara violación al derecho a la vida y "los derechos que asisten a las personas muertas y sus familias a ser identificadas, saber la verdad sobre las causas de las muertes y ser enterradas con dignidad", explicó Helena Maleno.
A su juicio, el 80 % de las personas atacadas en la "ratonera" sufrieron heridas de gravedad como resultado de los golpes y la violencia ejercida en su contra. Entre las principales lesiones se registraron fracturas en piernas, brazos y cabeza. "Nos machacaban incluso cuando estábamos tirados en el suelo, no teníamos fuerzas, estábamos ya al límite del cansancio", contó uno de los migrantes.