Dos imputados, cambio de custodia y debate por los discursos de odio: las secuelas del atentado contra Cristina Fernández

Militantes ya convocaron a una nueva manifestación de apoyo.

A una semana del atentado que sufrió la vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, los dos principales sospechosos ya fueron imputados por intento de asesinato y planificación del crimen y las autoridades modificaron por completo la seguridad de la expresidenta.

Además, el peronismo ya convocó a un nuevo acto de apoyo, bajo los lemas 'El pueblo cuida a Cristina, Cristina cuida al pueblo' y 'A Cristina la cuidamos entre todos', que se realizará el próximo sábado enel Parque Lezama de Buenos Aires.

El jueves pasado, Fernando Sabag Montiel, de 35 años, gatilló dos veces directo a la cabeza de Fernández de Kirchner mientras saludaba a los simpatizantes aglomerados en las puertas de su casa. Pero, gracias a que la pistola falló, las balas no salieron.

A lo largo de esta semana, la vicepresidenta ha mantenido el silencio, mientras que el Gobierno encabezado por el presidente Alberto Fernández y la oposición han intensificado un debate en el que se acusan mutuamente de difundir discursos de odio y promover la violencia contra sus adversarios.

El día del atentado, Sabag fue detenido de inmediato. Los videos demostraban que él era quien había disparado. La Policía allanó su casa y revisaron sus redes sociales. De su celular todavía no lograron obtener información debido a que, por errores en la cadena de custodia, el teléfono se reseteó. Se teme que se hayan perdido datos valiosos.

La duda era si había actuado solo. Las autoridades sospechaban que no. El domingo, finalmente detuvieron a su novia, Brenda Uliarte, de 23 años.

Varios videos demostraron que había acompañado a Sabag Montiel a la casa de la vicepresidenta y que en los días previos estuvo en varias de las manifestaciones de apoyo a Fernández de Kirchner. Supuestamente vendía algodones de azúcar, pero los investigadores sospechan que, en realidad, estaba realizando tareas de espionaje. Además, hay fotos en las que posan con el arma usada en el intento de magnicidio.

Ambos fueron indagados por la jueza María Eugenia Capuchetti y el fiscal Carlos Rívolo. Luego de negar las acusaciones, el miércoles por la tarde quedaron formalmente imputados por los delitos de intento de asesinato, planificación previa, acuerdo de partes, transporte de arma de fuego sin autorización y acopio de municiones.

Pero el caso no está cerrado, ya que la Justicia investiga si Sabag Montiel y Uliarte fueron instigados por otras personas para cometer el atentado.

Detalles

De acuerdo con Télam, la agencia estatal de noticias de Argentina, la imputación detalla que el 1 de septiembre, aproximadamente a las 21:00 horas, los acusados llegaron a la esquina de las calles Juncal y Uruguay, en la ciudad de Buenos Aires, y aprovecharon el "estado de indefensión" en el que se encontraba Fernández de Kirchner, quien estaba rodeada por una multitud.

En ese momento, añade, Sabag Montiel apuntó hacia su rostro con una pistola semiautomática de acción simple, calibre 32, marca Bersa, modelo Lusber 84 con la numeración '25037' en el lateral izquierdo del cañón, accionando la cola del disparador en al menos una ocasión sin que se produjera el disparo, pese a encontrarse la misma cargada con cinco cartuchos de bala del mismo calibre y resultar aptas para sus fines específicos.

"El referido suceso tuvo planificación y acuerdo previo. Brenda Uliarte estaba presente en las inmediaciones del lugar al cual arribaron conjuntamente, habiéndose determinado que detentaban el arma de fuego secuestrada con sus municiones desde fecha anterior al hecho, cuanto menos desde el 5 de agosto de 2021", añade.

También se les acusa de no tener autorización para portar el arma; acopiar dos cajas de municiones y cincuenta cartuchos calibre 32 que fueron encontrados en la casa de Sabag Montiel; y falsificar certificados de discapacidad.

Mientras la jueza determina los procesamientos, Sabag Montiel permanece detenido en una unidad de la Policía Federal en Buenos Aires, en tanto que Uliarte está en una sede de la Policía de Seguridad Aeroportuaria.

Cambios y disputas

El intento de magnicidio reconfiguró de inmediato el esquema de seguridad de la vicepresidenta.

En principio, comenzó a moverse en un auto blindado, suspendió sus presentaciones públicas y reforzó su custodia. El miércoles, además, el Gobierno relevó a los efectivos que estaban a cargo de su protección hasta antes del ataque, al considerar que no tuvieron el nivel profesional que se esperaba de ellos.

La crítica hacia la custodia ha sido insistente, ya que no cumplieron con ninguno de los protocolos establecidos en caso de una emergencia. De hecho, después de que Sabag Montiel gatilló, la expresidenta siguió saludando a la multitud durante seis minutos. Ni siquiera se dio cuenta de que habían querido matarla.

Por ese motivo, el ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, puso su renuncia a disposición, pero el presidente no se la aceptó. Por otra parte, fuentes de la Casa Rosada, la sede del Gobierno, descartaron que haya cambios drásticos en los operativos de seguridad, aunque lo que sí se les pidió es que se ajusten estrictamente a los protocolos.

La conmoción inicial del ataque provocó que el viernes pasado decenas de miles de personas marcharan en Buenos Aires para repudiar la agresión y solidarizarse con Fernández de Kirchner. 

En los días siguientes, sin embargo, la polarización política se impuso. La oposición partidaria y mediática minimizó el atentado y no hubo un repudio unánime. Incluso varios dirigentes pusieron en duda su trascendencia.

A pesar de las pruebas, otros optaron por difundir la teoría de que el ataque no había ocurrido y era solo "un montaje" del Gobierno para victimizar a la vicepresidenta en medio del juicio que está en marcha en su contra y en el que se le acusa de presunta corrupción.  

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