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"¡Gracias, Hebe!": una multitud despide a la presidenta de Madres de Plaza de Mayo en Argentina

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La dirigente de derechos humanos falleció el sábado a los 93 años de edad.

"Madres de la Plaza, el pueblo las abraza", "Hebe eterna", "Hebe nunca traicionó", "Amor con amor se paga", "Ella sí que era fuego eterno". "El pueblo te llora". "Su legado es la ternura que grita".

Los mensajes se replican en mantas, en pancartas, en hojas impresas o escritas a mano que los dolientes  colocan en las rejas que rodean la Pirámide de la Plaza de Mayo.

Vienen a despedir a Hebe de Bonafini, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, el organismo de derechos humanos que nació en plena dictadura argentina y que se convirtió en un ejemplo de lucha, resistencia y militancia para el resto del mundo.

Justo aquí, hace 45 años, varias mujeres desafiaron a los represores y comenzaron a marchar para exigir la aparición con vida de sus hijos desaparecidos.

Una de ellas era Hebe, una ama de casa que, a fuerza del dolor que implicó la desaparición forzada de dos de sus hijos, se reconvirtió en luchadora social. 

El domingo murió a los 93 años. Después de la conmoción inicial, fue evidente que su despedida tenía que ser en esta, su Plaza, la que ella y sus compañeras recorrieron durante tantos años con los pañuelos blancos amarrados en la cabeza. Era una alegoría de los pañales de sus hijos, pero hoy son ya un símbolo de derechos humanos reconocido a nivel internacional.

Las marchas de los jueves se convirtieron en una de sus principales tareas de militancia. Decidieron que cada semana darían vueltas alrededor de la pirámide para seguir preguntando por los desaparecidos. Y cumplieron. 

La de este jueves fue la marcha número 2.329. Fue, también, la primera en la que Hebe ya no estuvo. O sí. Porque su rostro arrugado y enmarcado por el pañuelo quedó plasmado en todas partes con un mensaje repetido: "¡Gracias, Hebe!". 

Ceremonia

A las tres y media de la tarde, la hora en que cada jueves las Madres inician su ronda, comenzó la ceremonia para depositar los restos de Hebe en el jardín de la Pirámide de Plaza de Mayo. 

Entre la multitud se abrió paso la camioneta blanca de la que bajaron Visitación de Loyola, de 98 años; Josefa de Fiore, de 91; y Carmen Arias, de 81. Son algunas de las Madres que sobreviven y que, con ramos de flores en mano, se encargaron de dejar las cenizas de su compañera.

Ahí, ahora, Hebe acompaña a Azucena Villaflor, otra de las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo. 

En cuanto terminó el ritual, las miles de personas que rodeaban la Pirámide comenzaron a aplaudir. Algunas lloraban, otras levantaban el puño, mostraban fotos de Hebe o se abrazaban.

Las columnas de partidos, organizaciones sociales, familias, grupos de amigos o personas en solitario seguían llegando para sumarse al duelo colectivo que se realiza bajo un sol abrasador. El termómetro ya superaba los 30 grados, pero de acá nadie se iba.

A unas cuadras de distancia, en la Cámara de Diputados, la bancada de la alianza oficialista Frente de Todos también la recordaba y le agradecía su compromiso con los derechos humanos.

Aguerrida

Nacida el 4 de diciembre de 1928, Hebe se casó a los 14 años con Humberto Alfredo Bonafini. Tuvieron tres hijos: Jorge Omar, Raúl Alfredo y María Alejandra.

En los años 70, los tres ya militaban en diversas organizaciones, lo que le valió la persecución de los represores.

Las tragedias familiares se sucedieron. El 8 de febrero de 1977, Jorge Omar fue secuestrado y desaparecido. El 6 de diciembre de ese año le pasó lo mismo a Raúl Alfredo. Y cinco meses más tarde, el 25 de mayo de 1978, desapareció, María Elena Bugnone Cepeda, esposa de Jorge Omar.

Hasta ese momento, Hebe no hacía más que dedicarse al hogar. Pero, al igual que cientos de madres y abuelas, decidió salir a luchar por sus hijos. Nunca pidieron venganza, sino justicia.

Sin embargo, Hebe siempre se distinguió por su caracter confrontativo, por sus discursos altisonantes, por sus peleas.

En 1986, un grupo de Madres la acusó de intolerancia y la organización de derechos humanos quedó dividida en dos: la que presidió Hebe hasta su muerte, y las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, que tiene una estructura más horizontal, sin una sola dirigente.

Hebe no temió jamás enfrentarse a los poderes políticos. Denostó a los expresidentes Raúl Alfonsín y Carlos Menem y desconfió de Néstor Kirchner, hasta que comprobó que sería el primer mandatario en respaldar por completo la lucha por la verdad, memoria y justicia.

Con Cristina Fernández de Kirchner, Hebe sucumbió por completo. Se convirtió en una de sus defensoras más aguerridas. Se veían como madre e hija. A Alberto Fernández, por el contrario, lo atacó sin miramientos. Al resto de los mandatarios de izquierda de la región, los abrazó, de Hugo Chávez a Evo Morales; de Luiz Inácio Lula da Silva a Rafael Correa. 

En medio de sus avatares con el poder político, Hebe fundó la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo y se vio envuelta en escándalos, ya fuera por el financiamiento de proyectos sociales, por "enjuiciar" de manera simbólica a periodista o por sus declaraciones siempre explosivas.

Pero, más allá de las controversias que la rodearon hasta sus últimos días, Hebe dejó principalmente un legado de congruencia, lucha y resistencia.  

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